Por. Uriel Delac
Fotografías de Alma Schindler y Gustav Mahler |
Desde siempre, la presencia cercana de la muerte marcó profundamente a Gustav Mahler y actuó como catalizadora de gran parte de sus vivencias y sentimientos ya que mucho antes de que llegara a la adolescencia fue testigo presencial de la muerte de seis de sus hermanos y el suicidio de otro de ellos. No es para nada aventurado afirmar que Mahler vivió sus primeros veinte años en medio de una sucesión de duelos interminables, de entre los cuales el más significativo fue el que siguió a la muerte de su hermano Ernst, el más próximo a él en edad; acontecimiento que le afectó profundamente y le inspiró en su labor de composición musical hasta el extremo de llegar a impregnar la temática de muchas de sus obras.
Pero el jóven Mahler no solamente debía lidiar con eso. El carácter violento, dictatorial y neurótico de su padre marcó también y en forma definitiva a su resignada madre y a cada uno de sus hermanos. En él, en Gustav, se tradujo en un aislamiento del mundo exterior como mecanismo de evasión de una triste realidad en donde todo tenía olor a muerte y fracaso. No satisfecho con haberle arrebatado la vida a sus seres más queridos, el destino tampoco le era benévolo como estudiante de música. En efecto, durante su estancia en el Conservatorio de Viena fueron muchas las críticas por parte de sus maestros, quienes no dudaron en considerarlo un prospecto de compisitor bastante mediocre augurándole además un destino incierto en su faceta como dierctor de orquesta. No obstante, aquellos viejos y conservadores maestros vieneses se equivocaban, y en las primeras décadas del siglo XX pasó a ser considerado como uno de los más importantes conductores y un compositor digno de tomarse en cuenta. A pesar de esto, el infortunio parecía seguirlo y durante sus diez años en la capital austriaca, Mahler -un judío converso al catolicismo- sufrió la oposición y hostilidad de la prensa antisemita.
Mahler dirigiendo la Novena Sinfonía de Beethoven |
A la muerte de su pequeña hija también siguieron una serie de acontecimientos que terminarían por desgastar aún más su delicado estado de salud.
Alma con sus pequeñas María y Anna |
Desde ese momento, la melancolía marcó inexorablemente cada uno de los días de la vida del compositor, y fue entonces cuando su amigo y discípulo Bruno Walter le sugirió la idea de que consultara profesionalmente con un afamado psicoanalista vienés de orígen judío (como Mahler) llamado Sigmund Freud. Groenveldt, psicoanalista holandés, arregló el encuentro, pero Gustav decidió simplemente no acudir. Una cuantiosa sucesión de telegramas no se hicieron esperar. Freud se hallaba de vacaciones, y aunque se mostró sumamente reacio a interrumpirlas, se sintió incapaz de rechazar la angustiosa petición de ayuda reflejada en aquel último telegrama (años después declararía que le resultó imposible decir que no a la posibilidad de psicoanalizar a un hombre tan importante) y respondió al compositor citándolo en un hotel de la ciudad holandesa de Leiden.
Mahler en Praga con Bruno Walter (1908) |
Mahler le envió un telegrama a su esposa el 26 ó 27 de agosto de 1910 que decía: "Aún resisto bien. He paseado tristemente a lo largo del Rhin y considero que Freud tiene mucha razón: tú fuiste siempre para mí la luz y el punto central". Por su parte, Freud nos cuenta de Mahler en diversas ocasiones: un día antes de la muerte de Mahler, el 17 de mayo de 1911, en la reunión de los miércoles en la Sociedad Psicoanalítica de Viena, Max Graf le comentó que la ambición de Mahler fue un rasgo de su genialidad, en función de una enuresis sufrida a los 9 años de edad.
"Freud and Mahler" - Caricatura de Edward Sorel |
El encuentro con Freud abrió en Mahler un surco en el cuerpo del sufrimiento, otorgando letra a un dolor que en sí mismo sólo es la extraña expresión de un errático real. La lectura freudiana, producida en el encuentro, dibujó en palabras la cicatriz de una pasión indecible franqueando el umbral de la separación traumática y salvaje del objeto amado. El dolor del Otro primordial echó raíces en tierra de Leiden. Desde ese momento, la verdad para Mahler se alojaría en el duelo ignorado por el Otro. El sentimiento de la presencia, con todo lo que ella implica de misterio, tomaría cuerpo en la exacta ambigüedad de la intervención freudiana; la extracción de una viga única de dolor recortaría el excedente imaginario de un barroco deseo de pecado, devolviéndole al sujeto la implicación en su enigma, vía regia que soporta una incertidumbre vital. El acto psicoanalítico, artesano de la castración, colocaría al afligido músico en relación con lo real de la transferencia; contorneando el frágil cuerpo de Alma y haciendo que, a partir del hallazgo del objeto, Mahler pudiera cambiar su relación al goce, abordando su declaración de sexo y muerte.
Un año después de su experiencia analítica, Gustav Mahler sufrió un empeoramiento de su enfermedad cardíaca mientras dirigía un concierto tras otro en tierras americanas, motivo por el que decidió interrumpir la gira y regresar de inmediato a Europa. Fue llevado en estado agónico a Francia con un diagnóstico de endocarditis incurable y, como Beethoven, murió durante una tormenta el 18 de mayo de 1911. Dando claras muestras de hipocresía, aquellos quienes más le criticaron y presionaron para que abandonase la Ópera de Viena fueron quienes le rindieron el más pomposo y solemne homenaje póstumo.
Bibliografía:
Adorno, Theodor W. (2008). Mahler. Una fisonomía musical. Madrid: Akal.
De La Grange, Henry-Louis (1979). Gustav Mahler I. Vers la gloire (1860-1900). París: Lib. Arthème Fayard.
Mahler, Alma (1968). Gustav Mahler: Memories and letters. Londres: John Murray.
Reik, Theodor. (1936). Wir Freud-Schüler. Viena, Wusser.
Tréhel, G. (2013). Sigmund Freud, Julius Wagner von Jauregg, Arnold Durig, Julius Tandler. L’Information psychiatrique, L’Information psychiatrique, 2013, vol. 89
Walter, Bruno (2002). Georges Liébert, ed. Gustav Mahler. Prólogo de Pierre Boulez. Madrid: Alianza Editorial
Qué asombro. Soy amante de la música de Mahler y ocasional lector de Freud. Por una película cuyo nombre no recuerdo me enteré de la entrevista entre ambos genios, pero la consideré algo hasta cierto punto anecdótico.
ResponderBorrarEn los textos que acompañan el CD de Karajan interpretando la 9na. sinfonía de Mahler leí que en ella Mahler no decía un adios a la vida (eso correspondería en todo caso a la sinfonía 10), sino que mas bien manifestaba un extraordinario amor a la naturaleza y su deseo de vivir en ella en paz. Si mal no estoy, la sinfonía a la que hago referencia estaba en proceso cuando sucede el encuentro Mahler-Freud, y sin duda de ahí que en su primer movimiento se escuche un movimiento arrítmico en los violoncelos -simbolizando el ritmo del podómetro que llevara donde quiera que anduviese-, y que hacia el final de la sinfonía se escuche una especie de canto redentor, lleno de pureza y paz, que nos sugiere que la entrevista tuvo ecos conciliadores en el inconciente del compositor.
Preciosa y reveladora entrada -al menos para mí- en todo caso.
Muchas gracias y que haya mas material así.
PD: Esa versión que el señor Delac coloca de la sinfonía de la resurrección es simplemente impresionante!
En efecto Agustín. Ese texto que mencionas hace mención de las palabras de Alban Berg con motivo de su escucha de la novena mahleriana y, en efecto, es contemporánea al encuentro entre Mahler y Freud.
BorrarEn cuanto a la versión que hace Jansons de la segunda sinfonía pues sobran las palabras: emotiva, impecable y esmerada. Tal vez no supere las versiones de Klemperer, Kubelik y algunos más, pero sin duda se encuentra entre las mejores versiones digamos actuales.
Un gran saludo desde México capital y gracias por leernos.
Que impresionante entrada, me maravilló!
ResponderBorrarFelicidades al autor.
Gracias Alejandra, un placer!
BorrarImpecable entrada amigo Angelus-Uriel, como aquellas a las que nos tenías acostumbrados en tu Blog de Angelus.
ResponderBorrarMuchos saludos y les aseguro mucho éxito en este precioso Blog.
A los años mi amigo, a los años. Un afectuoso saludo!
BorrarExcelente texto, Uriel, me ha encantado; saludos.
ResponderBorrarMuchas gracias por tus palabras Karim, que bien que la hayas disfrutado. Un atento saludo para tí también!
BorrarGuau, que buen artículo. Me fascina el psicoanálisis. Imagino que ese encuentro tuvo que haber sido algo muy especial: dos genios frente a frente.
ResponderBorrarTu forma de redactarlo y la historia que hay detrás de él, me hizo meterme de lleno al texto. Y ahora estoy interesado por conocer sus obras.
ResponderBorrarGracias por el aporte
Tu forma de redactarlo y la historia que hay detrás de él, me hizo meterme de lleno al texto. Y ahora estoy interesado por conocer sus obras.
ResponderBorrarGracias por el aporte