Mostrando las entradas con la etiqueta Reseña. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Reseña. Mostrar todas las entradas

miércoles, 8 de mayo de 2019

Literatura: Encuentros en Papel (reseña)

Por: Uriel Delac





I. El libro...

«Encuentros en Papel» (varios autores), es una antología poética del Colectivo Bestiario de Poetas que reúne cuarenta y cinco trabajos en los que encontramos retratados los sentires de once jóvenes poetas latinoamericanos preocupados por construir en palabras el mundo que les rodea. Un delicioso esfuerzo que nadie debería perderse.

Existen antologías que funcionan como bálsamo para sanar heridas o ahondar más en ellas. «Encuentros en Papel» construye la herida misma y nunca la sana, porque su intención es atravesar las fronteras de lo propio y demostrarnos que también el otro está herido de muerte. Así, el incierto futuro, el mecanizado presente, el nostálgico ayer, las pulsiones y sus destinos, la noche y sus criaturas, entre muchas otras cosas, laceran la piel de quien hace poesía, pero también la piel de quien la lee, porque es ahí donde el lenguaje se incrusta hiriendo para siempre al sujeto.

Y es que en esta recopilación los autores buscan mover los contornos de una pretendida realidad. Saben perfectamente que no existe por sí misma, sino que se construye a partir de las significaciones que arroja la cadena significante, lo cual termina por convertir al poeta en tan solo un nombre condenado a seguir articulando imágenes, muchas veces imposibles, a partir de un discurso que trata de imponerse sobre el silencio y perdurar. Finalmente, lo consigue a través de un discurso -a veces rimado, a veces en prosa- que se acerca a los límites del dolor e intenta nombrar justo aquello que nos enseñan a callar.


II. Los poetas y sus obras...

En «Encuentros en Papel» encontramos el decir de Helena Zirot, quien propone romper las barreras del Eros a partir de un discurso contradictorio y esquizofrénico, en el cual hay un abandono por el otro a pesar que está muerto y, por ello, perdido para siempre. ¿Es la poesía de Helena nostalgia y sumisión? ¿O es acaso un ahogado grito de libertad? Es todo y nada a la vez, porque es calor y frío que se anulan a sí mismos ahí, en el mismo lugar en donde Freud insinuó la existencia de la pulsión de muerte.

Si no supiera,
si no estuviera
tan firmemente convencida
como quién ha visto un árbol
partido por un rayo
y dice:
«Yo he visto un árbol
ser partido por un rayo…».
Si no supiera
que ahí adentro
para mí no hay nada,
nunca lo hubo
ni lo habrá...

(Fragmento de Si no)


Por su parte, Matheus Kar nos propone por un momento regresar a la Tierra. Pero no nos engañemos, porque su poesía evoca su propia memoria para evitar los espasmos que produce el dolor. Cierto, su poesía arroja luz, pero es una luz que duele porque nos recuerda que alrededor no hay más que oscuridad. Por tanto, es cegadora luz, portadora del dolor que nos consume. ¿Habrá una salida? No, porque el significante -nos dice Kar- ha hecho de las suyas lacerando aún más las sangrantes heridas que sobre el cuerpo latinoamericano han dejado más de quinientos años de incertidumbre.

sube conmigo cazador de productos en oferta
morderás el anzuelo del oro verde
el amargo fruto de los hombres sin corona
acerca tu rostro entre las rejas
al abrasador baile de la libertad condicionada

(Fragmento de Iv)


La voz de Arturo Salort es urbanamente cotidiana, y no obstante descubre que lo que duele no es la realidad, sino la manera en que se estructura. Empieza a haber cabida lo mismo para las criaturas de la noche, que para un oxidado reloj que sabe que las horas de más que marca, significan horas de menos en la vida de quien experimenta el tiempo. A pesar de todo, existe en sus palabras la esperanza de que al despertar ya no necesitemos del dolor para saber que existimos.

Vienes desde los ajenos de una historia,
caminas temerosa en los andenes
de una prosa y te imaginas,
te enardeces llamarada ansiosa,
quemas las palabras
con la luz de tu mirada
y la mirada más lejana
alcanza el puerto de tu aurora.

(Fragmento de Ansias)


Carolina Estrada evoca lo maldito al querer explicarnos porqué la vida debiera ser un estado de iluminación y no, de penumbras. No lo consigue, pues cada una de sus palabras está investida de una pérdida irremediable en donde extraños entes recorren su poesía, dejando la duda de si son productos de un plácido ensueño, o de una angustiosa realidad. Su decir produce en ese punto una ruptura, pues los dioses y demonios que evoca no alcanzan para dejar en claro dónde termina la orfandad y empieza la extranjería que conforman sus recuerdos.

Y allí, abrazando la noche,
meciéndome en silencio,
me siento la bestia,
con el saco de lujo,
esperando salir a bailar.

(Fragmento de La bestia)


Bajo el seudónimo de 'No Sueñes Flores', hallamos una poeta que regresa una y otra vez a los placeres que en apariencia otorga la infancia. No obstante, todo se interrumpe cuando descubre que la vida está plagada de retorcidos caminos imaginarios que pudieron haber conducido a cualquier parte, menos al lugar en donde dice estar. En cada frase que articula se adivina una lucha contra la nostalgia del pasado, como queriendo encontrar la razón de la existencia en un mundo casi cadavérico y lograr ser pese a él. Su mundo es artificial, pero no por ello carente de carta de ciudadanía en aquel sitio donde el dolor y el olor a muerte se enmascaran bajo risas de niña.

Hay un sonido dentro de mi cabeza y una tierna voz de niña
que a veces fuerzo
—no quiero envejecer—
no quiero que mis labios se sientan fríos
y no tener más recorridos de besos
y millas que se escondan dentro de los perímetros de la tierra
nosotros dos vistos desde las ventanas de edificios altísimos
somos tan pequeños y tan tímidos en aquella ciudad
en callejones que parecen imposibles para amar
y allí estamos en los párrafos de la noche

(Fragmento de Besos)


La poética del haikú tradicionalmente se basa en el asombro y la emoción que produce en el poeta la contemplación de la naturaleza y de cómo las cosas del mundo deben su existencia de acuerdo a la manera en que interactúen con ella. Alexa Trujillo se vale de esta forma de poesía japonesa para ofrecernos un coctel donde se confirma que el deseo es la necesidad articulada en palabras.

Vacío, solo,
sin espacio ni tiempo:
claustro de nada

(Fragmento de Haikús de medianoche)


Al cruzar el umbral de lo propio, aparece el otro y la posibilidad de que todo puede ser distinto. Con su discurso poético, F. Ch. nos hace saber del proceso inverso, es decir, el retorno a lo propio luego de haber acariciado la otredad y descubrir que la vida se conforma sobre todo de ausencias y de un estado donde la muerte se transfigura en nostalgias del pasado. Demuestra, pues, que lo que lacera es parte de una identidad que no es posible evitar.

Ayer soñé que la muerte me soñaba.
Me vi tan aterrado pero a la vez tan lleno de paz.
Soñé que me vestía de blanco, justo para presentarme ante su recuerdo.
Me dibujaba unas flores,
me hacía unos rizos,
me acomodaba la camisa.
Se relamía los dedos para quitarme las manchas de la cara.
Me ponía en una pequeña cajita de cristal como esas muñequitas de porcelana que mi abuela
guardaba celosamente.

(Fragmento de Insomnio)


En «Encuentros en Papel» encontremos solamente un poema de Josué Ibón. Aún así, constituye la muestra de un talento en ascenso, pues contrariamente a la 'urbanidad' que demuestran algunos otros autores incluidos en la antología, la prosa de Ibón conserva un delicioso sabor bucólico, además de ser directa y atrayente. Es como si en ella presenciáramos un mar en calma tras una intensa tormenta que dejó huellas imborrables en una nave de por sí herida por el significante del otro. Ojalá en próximas antologías nos sea posible leer más de su obra y tener así una mejor perspectiva de su propuesta, que de entrada se percibe bastante interesante.

Quiero mirar
el sangriento sol que agoniza
contigo.
Es día de melancolía
Como todos los días.
Te pienso, siento y escribo.
No te olvido.

(Fragmento de Es día de sol)


Los trabajos de Oscar Faz proponen un mundo de ilusiones ópticas que recurren una y otra vez a un presente errático tras el que se esconde aquella arcaica pulsión, representante-representación de la aniquilación del sí-mismo. Pasado y futuro dejan de tener sentido en cuanto indicadores de un tiempo físico y se convierten en meros referentes que indican grados ascendentes de dolor. En cada uno de sus poemas hallamos un canto desnudo, a veces necesariamente rudo y descarnado, que descubre los resultados arrojados por un ayer en donde todo era un juego de máscaras que, al desvanecerse, evidencia las puñaladas que cada viaje al significante del otro han dejado en las ya de por sí sangrantes heridas.

Narcótico silencio,
atadura de sombras,
tabaco maldito,
un lapso asmático,
aquel ataque de tos sabinesco
sin el cómico desenlace
ni los trajes o sacramentos,
solo el silencio y la asfixia,
la sombra en el espejo,
las horas como arena atascada,
en un reloj con vicios ocultos
que siempre hablaron
y nunca estuvieron tan ocultos.

(Fragmento de «Solo un semestre y toda la vida ya vivida»)


Cristina Lancaster-Jones apuesta por la rima para introducirnos a un mundo -su mundo- en constante (y fallida) reconciliación. Su discurso, a pesar de estar contaminado por el dolor que en ella ha dejado la vida y la Historia (no podía ser de otra manera en tanto sujeto hablante), representa un intento por reconstruirse partiendo de acontecimientos en los cuales los demás verían sólo pérdidas. No obstante, más que esperanza, su poesía refleja un extraño alivio porque finalmente reconoce que toda posesión implica la irremediable posibilidad de pérdida, así sea de la razón, que del objeto amado.

Ella baila en camisón
preguntándose si habrá perdido la razón.
El litio la intoxicó
cuando lo consumió.
Aún no sabe si  está viva o muerta
o simplemente ya se volvió loca.
Quizá tenga otra oportunidad
para salvarse de su enfermedad.

(Fragmento de Loca)


Tres trabajos de Rubén Páramo cierran los «Encuentros en Papel». Bien podrían tratarse de pequeñas historias embellecidas por el canto de un hipotético trovador medieval o, tal vez, de poéticos cantos que en sí mismos contienen pequeñas historias donde la noche y sus criaturas -la Luna incluida- son protagonistas de la locura, si por ella entendemos la insensata pretensión de incorporar al si-mismo aquello que por naturaleza está vedado. Por otra parte, no está de más reconocer que la poesía de Páramo está muy bien estructurada y demuestra oficio, pues maneja con suma elegancia las posibilidades que ofrecen las figuras literarias para ubicar al lector en escenarios precisos.

He de confesar que conozco a la luna en persona.
Sí, así como lo escuchan, conocí la luna, y como buen poeta, me he enamorado de ella, lo confieso sin ninguna pena, sino con la frente tan alta como solo puede estarlo ella.
He dado mi corazón a unas manos intangibles que no lo quieren sostener, pero lo he puesto a su alcance, esperando que algún día, de alguna manera, se acerque y quiera tomarlo.

(Fragmento de Una mujer que es la Luna)



III. A manera de conclusión...

Los poemas que encontramos en «Encuentros en Papel» proyectan las mil formas en que la ausencia y el dolor pueden articularse en palabras y se materializan aunque sea por un fugaz instante, mientras que las voces de sus autores buscan alguna claridad mediante la asimilación y significación de lo ocurrido. No es posible saber hasta qué punto lo logran, porque a final de cuentas la transmisión de toda vivencia está sancionada por el lenguaje haciendo imposible lo unívoco. De cualquier manera, los sentires de quienes hacen posible esta antología demuestran que necesitamos voces que nos hablen de las heridas que han dejado en sus cuerpos enfrentar la magia de la naturaleza, la mancha urbana, el pasado y el presente, sobrevivir en una sociedad de consumo altamente politizada, los medios masivos de comunicación, la presencia y ausencia del otro…, pero que a la vez sean capaces de llevarnos a un más allá en donde el deseo puede ser razón suficiente para seguir aceptando la vida. Y no porque la idea sea encontrar luz propia en oscuridad ajena, sino más bien para empezar a alumbrar nuestra propia oscuridad.

Hay antologías poéticas que están hechas para que olvidemos por un momento la angustia propia de quien transita por el mundo. Hay otras que nos obligan a replantearnos una y otra vez aquello que denominamos existencia. «Encuentros en Papel» representa un intento de conducirnos a aquel punto donde se producen rupturas a fin de que reflexionemos sobre lo que hemos perdido, pero principalmente para que nos pensemos de otra manera tras haber re-significado aquella falta primigenia.

Sin duda leer «Encuentros en Papel» puede resultar un excelente motivo para repensarse y reconstruirse desde el dolor y la frustración que implica perder aquello que alguna vez creímos nuestro.

 Link de descarga: https://amzn.to/2vIDty6


domingo, 20 de enero de 2019

Artes Plásticas: Sobre la exposición "Aforismos", de Germán Valles Fernández (reseña).

Por: Luis Alejandro Ortiz


(Aforismos, Germán Valles. Óleo sobre tela)

La anatomía es la voz del verbo, y el artista duranguense Germán Valles en su recientes exposiciones en la ciudad de Guanajuato, en el Agora Gallery de Nueva York, y en la tierra que lo vio nacer, no solo nos muestra un Cristo encarnado o a un Mago sin rostro que trata de conjurar al cosmos, sino también una voz, una palabra, un silencio, encarnados en el todo. Un verbo que se extingue o bien, que se incorpora al entorno. La pregunta entonces es: ¿sumergirse en el vacío, o provenir de él? 

(Dios en  Tierra)
(Sombras)
Decía Efraín Huerta: Los hombres nunca saben cuánta dulzura o cuánto quebradizo silencio hay en una palabra. Pero una palabra reta a la voz, pues una verdadera palabra es tan profunda que la garganta es profana para decirla, por lo que busca expresar su dulzura o su agonía con una simple mirada. La mirada perdida de una dama sentada a la orilla de una cama, por ejemplo. Mujer que tal vez no reflexiona, que tal vez solo ve el suelo, pero que nos da una mayor idea del tormento que vive ¿Qué quiere decirnos y no puede? ¿Qué tempestad tan grande tiene que haber dentro de nosotros, para que busquemos perdernos en los pasos de una hormiga, o en las astillas rotas del suelo? No sólo ya por admirar lo bello de la naturaleza,  sino por salir de aquel tumulto de voces infernales.  

(La cabeza de Juan)
Los seres se miran a sí mismos y buscan un yo interno mientras se consumen. Miremos sus rostros: ellos también se están mirando. No sabemos si por asco o por orgullo sus ojos, cerrados o inexistentes, se vuelven hacia dentro ¿Qué hay más profundo que la propia imagen de mirarse a sí mismo? ¿No es ya un reto tan grande, que sólo es alcanzado por unos pocos? Esto nos remite al maestro Kafka: Conócete a ti mismo no significa: obsérvate. Significa: hazte señor de tus acciones. Pero ahora ya lo eres. La palabra significa entonces: ¡Destrúyete!, y sólo cuando alguien se inclina profundamente puede oír al bien, que dice: "Para hacerte el que eres".

(La caja de Pandora)
Los seres expuestos en Aforismos miran hacia dentro, aunque ya se han destruido a través de la más alta gama de pasiones que se encuentra implícita en cada uno de estos cuadros: desde la gula hasta la lujuria no limitada a seres estereotipados, pues todos podemos poseerlas. ¿Qué ven entonces estos seres, que ya se han destruido? ¿Acaso una tempestad más grande que la que hay afuera? O tal vez lo mismo: el consumirse, el hacerse dueño del todo, hacerse los que son.

(Estudio anatómico)

Con frecuencia la identidad del ser se pierde en las pasiones, en la carne sangrante de los espíritus ¿Qué entreteje en el fondo este recinto de apariencias en esta sociedad persignada? ¿Qué dolores encubre en su interior aquella máscara descrita por Paz, donde el alma se encuentra encriptada en una lápida que sella el hombre mismo? Una dualidad: el no-ser. El cuerpo mismo que vive de la pasión, con un alma inquieta subestimada llevando a cuestas la Cruz. Y una vez que no hay forma que la carne siga viviendo, sale a flote, débil, triste, el alma. La obra de Valles, luego entonces, toca el fondo de un punto clave, pues en ella cada ser, cada cuerpo, toman una viveza tan grande, que terminamos viendo su espíritu. 

(Un Cristo roto)
¿Qué salvación tiene Cristo una vez hecho hombre? ¿Hasta qué punto es su carne aquella que representa al verbo? Esta obra es un grito, una denuncia del ser que es, que somos, que hemos sido... No hay secreto ni cortina, pues en Aforismos se mira el hombre a sí mismo: siniestro, desnudo. Aquí todos tenemos rumores de aire prisionero, pues incluso Cristo sabe lo que es ser humano. Aquí la existencia cobra peso, pues no hay un mundo ilusorio. 

Nos hemos esforzado creando un mundo idílico y que sabemos no existe (más que en la apariencia) para encubrir aquel que observamos todos los días a través de la ventana. Por mientras, ese ser que nos ofrece Germán Valles en Aforismos permanecerá ahí, reprimido por una ilusión, aterrado y aterrador, oculto tras su carne sangrante, dispuesto a entregarse al todo antes de ser olvidado. 

La obra de Germán Valles es, pues, un espejo inevitable.


(Sombras II)
(Mujer en rojo)



 
 
*****


Sobre el autor: Luis Alejandro Ortiz Rodarte, nacido en 2001 en Durango, es un joven escritor que se ha dedicado principalmente a la narrativa y al cuento. En 2012 fue ganador del Concurso Estatal de Cuento en Durango “Erase que se era, mi medio ambiente”, categoría primaria.  En 2016, como parte de un proyecto interno en conjunto con la Universidad Tecmilenio, publicó una antología de 12 cuentos titulada “Los días de los quietos". En 2017 fue acreedor de una certificación por la Universidad de Edimburgo en el taller y curso en línea “Introducción a la filosofía”. En diciembre de ese mismo año, su cuento “La escalera” fue publicado por la Revista Literaria "Monolito". En 2018 escribió varias reseñas y semblanzas sobre la obra del artista duranguense Germán Valles Fernández. Actualmente es miembro de la Sociedad de Escritores de Durango, y colabora con textos en la plataforma digital “El Blog de la Tertulia Literaria”, además de fungir como redactor publicitario para la agencia "Instart Durango". 


Artes Plásticas: Sobre la exposición "Las Furias", de Germán Valles Fernández (reseña)

Por: Luis Alejandro Ortiz

DONDE NUESTROS RETRATOS CONVERGEN
(Sobre la exposición del artista duranguense Germán Valles, llevada a cabo en el museo 'Guillermo Ceniceros' de la ciudad de Durango, México)

(Megara, óleo sobre tela)

Por un ojal de nubes entre el que se cuela el último rayo de sol (y tal vez el primero de Venus), emergen Las furias. Buscan restablecer el orden perdido, traen consigo el orden mundial y vienen en son de paz a la Tierra, para castigo de los pecadores. ¿Pero es que ellas se libran de este caos? ¿Acaso no son también sangre de Urano dispersa en la Tierra, y por eso llevan serpientes por cabello y látigos en las manos? 

(Medusa)
Mientras vigilan, a lo lejos parece arreciar una lluvia de pétalos que plácidos caen en la Tierra. Pero esto es mentira, pues nunca han llovido pétalos ni aún en las más intensas historias de amor. Incluso hay quien cree que duerme bajo el influjo del perfume de jóvenes rosas, pero lo cierto es que son flores de ilusión: un engaño fulminante como los ojos infinitamente negros de Medusa.  

(Tisífone)
Sin embargo, tras el tumulto de la incertidumbre surge una furia mayor, aquella que nace de la noche y es obra de un pintor cuyo pincel refleja el pecado de las doncellas justicieras. Por eso están calladas, mientras son retratadas en el auto sacramental del silencio y capturadas al desnudo dentro de sus fosas interminables simulando bestias sangrantes. En palabras de Octavio Paz, como:
 Un cuerpo, un cuerpo solo, un sólo cuerpo
un cuerpo como día derramado
y noche devorada. 

(Mentiras)
No obstante, en el acto de la vergüenza se muestran altivas, mirando acaso piadosamente al pintor, pero sin compasión por la Tierra de la cual han nacido. ¿Cómo pintar entonces a Las furias? ¿Podrá el artista acceder hasta donde se encuentran? Tal vez, pero para lograrlo tendrá que sacrificarse primero y cual Cristo emerger hasta encontrarse cara a cara con ellas, engañarlas hasta lograr su cometido y capturarlas justo cuando a él se acerquen para reclamarle por sus pecados. ¿El pecado mayor? Retratarlas cual pintor furtivo que ha viajado hasta las nubes para cazar a las féminas y las ha encontrado acurrucadas, como hienas en su madriguera a los márgenes de la lluvia. 

(El triunfo de la muerte)
Más a pesar de todo, hay algo en Las furias suplicando ser miradas para que después de tantos años sepamos en realidad quiénes son, pues también han nacido de la Tierra y por ello son parte de nosotros mismos como lo es Dios con el todo. Con voz lejana, nos insinúan que aún hay belleza en su incesante crueldad. Así que ¡mirémoslas pues, porque ellas están destinadas para castigar! 

¿Acaso tendremos en nuestra humanidad rasgos cual rumores que nos asemejen a ellas? Indudablemente, pues también aquí en la Tierra hay quien muere dentro de su muerte y nada le alcanza para cubrir su dolor: una muerte que nace y vive en el más absoluto de los silencios. 

(La historia)
Así, mientras quien la sufre gime y llora quedito, nos preguntamos: ¿qué pecado ha cometido, que no hallamos cometido nosotros? ¿Acaso nos tocará el mismo dolor el día en que la muerte emerja del confín en el que estan nuestros corazones, cuando no hemos cometido pecado alguno tan grave? No lo sabemos, pero por mientras las furias prefieren guardar silencio, no hablar del por qué de los pecados y mucho menos de los castigos. En consecuencia, decidimos callar debajo de una sombra infinita de indiferencia, entregados al tiempo y resignados a lo que las justicieras dispongan hacer con nosotros. 

(Alecto)
Cada quien vive con una furia interna, con una furia innata que le otorga la consciencia. Más a pesar de todo, cualquier acto está siempre siendo vigilado por nosotros mismos. Por si fuera poco, el tiempo se desvanece en nuestras manos para culparnos repetidamente por lo que hacemos, remitiéndonos una y otra vez a esa voz interior retratada por Kafka: 
¿Quién de nosotros se siente libre de decir: ¡Yo soy de mí, y de nadie más!?
¿Cuál es la garganta que no es profana, y que de cuyo interior emergen palabras tibias y claras, libres de ataduras? 

 O bien, en palabras de Sartre:  
Lo importante no es lo que han hecho de nosotros, sino lo que hacemos con lo que han hecho de nosotros.

(Ethón)
Pero no caigamos en la trampa: estas mujeres no se esconden, más por el contrario, sonríen siniestras. Y no es para menos porque en su interior llevan también su propia furia, su propio castigo. Pero ¿quiénes somos nosotros para señalarlas, si llevamos a cuestas la misma Cruz?

Aquí están Las furias de Germán Valles y así quedarán: obsequiadas al tiempo y a las luces que se dignen reflejarlas. En ese eterno ciclo en donde aquellas crueles mujeres —féminas en las que todos nosotros nos miramos, como acusadores uno del otro— han sido retratadas por uno que ha expiado todas sus culpas y pecados en un lienzo y que desde afuera se atreve a pintarlas.

Citando a André Malraux:  
La cultura es lo que, en la muerte, continúa siendo vida. 

¿Y Las furias? Permanecen impávidas, eternas, pues ellas nacen cada noche, acunadas por la luna, en sus tiernos y delicados lechos de veneno.


*****


Sobre el autor: Luis Alejandro Ortiz Rodarte, nacido en 2001 en Durango, es un joven escritor que se ha dedicado principalmente a la narrativa y al cuento. En 2012 fue ganador del Concurso Estatal de Cuento en Durango “Erase que se era, mi medio ambiente”, categoría primaria.  En 2016, como parte de un proyecto interno en conjunto con la Universidad Tecmilenio, publicó una antología de 12 cuentos titulada “Los días de los quietos". En 2017 fue acreedor de una certificación por la Universidad de Edimburgo en el taller y curso en línea “Introducción a la filosofía”. En diciembre de ese mismo año, su cuento “La escalera” fue publicado por la Revista Literaria "Monolito". En 2018 escribió varias reseñas y semblanzas sobre la obra del artista duranguense Germán Valles Fernández. Actualmente es miembro de la Sociedad de Escritores de Durango, y colabora con textos en la plataforma digital “El Blog de la Tertulia Literaria”, además de fungir como redactor publicitario para la agencia "Instart Durango".