Mostrando las entradas con la etiqueta Reflexión. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Reflexión. Mostrar todas las entradas

martes, 28 de febrero de 2017

Literatura : Correspondencia perdida (relato)

Por: Néstor Ramírez Vega





A Fany
 

No tenía sentido guardar las cosas del abuelo. Él murió, se fue de este mundo. Con 84 años la vida no es sencilla, en especial cuando vuelves de la guerra. No quiero decir que su vida estaba jodida, pero sí era muy diferente.
El abuelo fue de los que se unió al Escuadrón 201 cuando tuvo alrededor de 20 años. Nadie supo por qué quiso quedarse en Alemania después de la caída de Hitler, sólo volvió a casa en 1957, pero de su tiempo en Europa nada contó.
Cuando alguien intentaba preguntarle sobre sus años en Alemania él decía que tenía dolor de cabeza, tenía sueño y, en mi caso, lanzaba la pregunta fatal: "¿ya terminaste tu tarea? ¿No tienes otra cosa qué hacer?" No es que fuera una mala persona, pero en torno a ese tema nunca se discutía.
Mi padre decía que el abuelo cambió cuando murió la abuela. Ante el féretro permaneció de pie y balbuceó algo ininteligible. Papá temió que algo le pasara, más ahora estando solo. Desde entonces vivió con nosotros.
El silencio más frío es aquel en el que las miradas se cruzan en la eternidad de lo efímero. Comenzamos a sacar su ropa y algunas cosas que consideramos ya no servían. En su escritorio había hojas blancas y un bote con tinta china. Con su camisa blanca y su pantalón color caqui con tirantes negros, el abuelo siempre escribía algo que nunca terminaba. 
Me acerqué al escritorio y encontré un tornillo en el suelo. Había caído de un cajón que estaba atorado. Lo jalé con todas mis fuerzas y ahí estaban más de una docena de cartas amarradas con una liga. El destinatario era una persona en Alemania de nombre Ulrike Röhl. Tomé una carta al azar, había sido escrita una semana:


Querida Ulrike:


La vela que alumbraba mi camino se consumió. Todo mi mundo quedó en oscuridad, en el olvido. Nuestro destino fue destruido. Las vivencias que teníamos juntos nublan mis memorias como las nubes se ponen frente al sol. Ángeles sangran sin razón y los pecados finalmente se castigan.


Pronto me reuniré contigo en un nuevo lugar, junto al pequeño que nunca nació y te llevó con él. No es que no amara a mi familia. Incluso cuando falleció Marisol me di cuenta de lo solo que estaba. Primero tú, luego ella. Hay quienes estamos malditos en el amor.


Frente a su ataúd sólo podía decir: ‘Noch einmal, noch einmal. Una vez más, una vez más. El ángel exterminador vuelve de nuevo’. Al perderte perdí mi felicidad; al perderla a ella, mis ilusiones. Te amé a ti, amé a Marisol; amé a mi hijo, quien sabrá cuidar de su familia. 


Nadie supo nuestro amor no porque me avergonzara, sino porque era algo entre tú y yo, una vida, un secreto. Sin ti caí en depresión; sin Marisol, en las sombras del olvido. ¡Cuántas veces no quise salir de la oscuridad! Ahora los faisanes me llaman al jardín eterno cuando el reloj marca las 12.


En el borde de la vida la noche dura 24 horas, aunque sé que una mañana, o quizá sea de noche, no lo sé, veré la luz. Entonces los sueños dejarán de ser pesadillas y el viento arrasará con las cenizas.


Siempre tuyo.


Terminé de leer la carta y la volví a guardar. Entendí que no es que el abuelo fuera un amargado, sino perdió su razón para vivir. El mal de amor es la enfermedad más peligrosa del mundo. Su corazón se quebró al igual que sus ilusiones.
Al caer la noche saqué  las cartas al patio y les prendí fuego. El humo llegó hasta las estrellas que iluminaban el pasado sombrío del abuelo.


viernes, 10 de febrero de 2017

Literatura: Carta a Borges

Por: José López Avendaño




Domingo 11 de diciembre de 2016

A Jorge Luis Borges:

Respetable creador de simbolismos. Paso a dedicar estas módicas alusiones a tu persona. No he hallado una mejor forma de hablarte sino por medio de un mensaje epistolar. El ejercicio de las letras (las que cultivaste con destreza) me lleva a dirigirte lo siguiente:
  
Recorriendo los libros de mi modesta biblioteca, veo que hay un espacio vacío; una oquedad en el librero que me entristece y zahiere. Aquel espacio pendenciero fue el de tu libro, el del libro más influyente en mi vida. Ocupó el espacio de mis noches y el tiempo de mis sueños, porque en ti conocí a la literatura. Tú eras la literatura.
  
Desde aquella edad en que mi padre abandonó este mundo, tú fuiste quien tomó su lugar de educador; absorbí la cultura de tus palabras, leí la obra de la que poco te jactabas. Fueron tus espejos y laberintos una obsesión que me consumió. Pasé noches de desvelo leyéndote, en mis horas de sueño te presentabas cabal a seguir ilustrándome. El horror de tus mitologías me abrumó.
  
De tantas lecturas ahora ocupabas mi memoria. Tenía recuerdos ajenos, recuerdos de tu biografía que tantas veces leí y releí. Las noches de sosiego consumidas paraban a ser más que un recuerdo. Llegando a esta edad (algo intrascendente en verdad) que el continuo de Bergson dictamina de 22, decidí que debía dejarte. Eras un amor del que debía deshacerme, me dolía tu influencia en mis escritos, en la vida, en la conversación casual; mas para lograrlo, tenía que obsequiar tu libro. ¿Y quién mejor que un amor para esconder otro amor?, me dije a mi mismo. Por eso, dediqué algún tiempo en buscarlo y en concertar una cita con aquella dama que nunca supuso que, al mencionarle el regalo, estaba también haciendo alusión a mi corazón. Antes de dar el libro, quise tenerlo en última instancia durante muchas horas entre mis manos, como tratando de asir un recuerdo que aspiraba a ser lejano. Llegado el momento, lo solté. Ahora formaría parte de un nuevo lector.
  
Algo ocurrió ese sábado por la noche en el cine; algo también en el paseo por el parque, después. Una parte de mí pasó a abandonarme para ser de otro; para unirse a una serie de actos que acaso llegarían hasta el infinito.

Reflexionando todo esto, dedico estas líneas a un lector que ya no existe de forma física y que prevalece en la memoria de sus lectores. Hoy, algunos días después, siento que te extraño, lector imposible, y anhelo tu presencia. He consolidado la costumbre de salir a caminar para olvidarte (algo tan difícil), para por fin dejarte y alejarte de mí.
  
Espero no haya importunado tu descanso con estos desatinos. El olvido es la meta has dicho, ojalá lo haya alcanzado.
  
Atentamente y con cariño: José López Avendaño.


miércoles, 8 de febrero de 2017

Literatura: Un mundo perfecto (cuento)

Por: Andrés Vega

La huida - Remedios Varo, 1961

I
Un leve destello de conciencia: solo eso bastó para cambiar el mundo. 
El ser sintético antes conocido como Adán, quien estuvo privado de conciencia e individualidad, logró lo que millones de muertes no pudieron. Esa chispa lo llevó a revivir el pasado, cuando era un hombre enamorado y perdido en los ojos de su amada... Hasta que llegaron los invasores, cuya vida era artificial y de los que muy poco se supo; excepto que, se esparcieron tan rápido, que no hubo tiempo mas que para tratar de evadirlos.
Los sintéticos (así se les conoció) absorbían cada individuo capturado y lo integraban en una conciencia colectiva, invadiendo su cuerpo para transformarlo en algo que consideraban más eficiente. Químicos desconocidos se inyectaban para modificar la piel de la víctima volviéndola grisácea y francamente repugnante, reemplazando entonces la mayoría de los órganos internos con tecno-materia y reduciendo lo humano a lo mínimo posible. El resultado era una burla, una aberración: una entidad biológica corrompida cuya conciencia era suprimida y sus movimientos guiados por una sola voluntad. Y esto era tal vez lo más monstruoso de todo, pues aunque se lograran destruir uno o cientos de ellos, todo era tan fútil como quitarle una piedra a una montaña.

jueves, 13 de octubre de 2016

Literatura: Dylan, ¿literato?

Por: Karim Yaver


A grandes nombres como Rudyard Kipling, Maurice Maeterlinck, William Butler Yeats, George Bernard Shaw, Thomas Mann, Gabriela Mistral, T. S. Eliot, William Faulkner, Albert Camus, Yasunari Kawabata, Gabriel García Márquez, Naguib Mahfuz, Octavio Paz, Wislawa Szymborska, Günter Grass, Doris Lessing o Mario Vargas Llosa, entre muchos más, el día de hoy, 13 de octubre de 2016, “por haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición americana de la canción”, se une el de Robert Allen Zimmerman, mejor conocido como Bob Dylan, cantante, compositor, artista plástico y poeta norteamericano, figura influyente dentro de la música y fuera de ella, poseedor de un estilo único que ha evolucionado a lo largo de los años y que ha culminado con el nombramiento del Nobel de Literatura de esta jornada que, por cierto, no ha escapado a la polémica.
Robert nace en el seno de una familia judía de Minnesota el 24 de mayo de 1941, nombrado en hebreo como Shabtai Zisl ben Avraham. Poco más que decir de él. Pero ¿quién es Bob Dylan (que por cierto toma el “Dylan” del poeta galés Dylan Thomas)? Bob Dylan es la figura, el músico-poeta casi mítico que se escapa, tanto al que escucha como al que lee sus letras. Bob Dylan es el autor de Tarántula (1966), un poemario-confesión en el que expresa un poco de sí explotando una prosa poética que pocos autores (escritores de oficio) reconocidos han sabido alcanzar. Es el músico que ha lanzado al mercado 36 álbumes de estudio. Es también el artista detrás de numerosas obras pictóricas que tampoco desmerecen. Es el músico de folk de sus inicios, es el músico de rock rebelde y contracultural de los 70’s, es el redimido cristiano de los 80’s, es el asentado y sereno Bob Dylan de los tiempos recientes. Es, en fin, un personaje que ofrece suficiente como para echarle muchos vistazos, y aun así quedarse corto.
Pero, ¿por qué a pesar de su sorprendente currículum para muchos es injusto, o ridículo, o simplemente inverosímil que Bob Dylan haya ganado el Nobel de Literatura? Su oficio no es esencialmente el de escritor. Sí, es cierto. Pero es un poeta. Aunque también es músico. Músico, esencialmente músico, no poeta ni literato. SÍ. Y NO. ¿Nos estaremos centrando en su papel como músico dejando de lado un poco su obra literaria, no considerando a su vez que de hecho dentro de sus trabajos musicales hay literatura?
Además del ya mencionado Tarántula, en el 2004 publica Crónicas. Volumen 1, la primera parte de su autobiografía. Dos libros. Pocos libros. No obstante, tenemos también que a lo largo de los años ha recopilado constantemente las letras de sus canciones publicándolas en diversos volúmenes a manera de poemarios. Y no hay que olvidar que es esta última la razón por la que se le declaró como ganador: sus canciones, lo decimos una y otra vez, son poesía. Y si a esto le agregamos que hace unos años se publicó un libro (The Lyrics: 1961-2012) de mil páginas, conteniendo todas sus letras libro que, por cierto, pesa 6 kilos, entonces, nos volvemos a preguntar: ¿pocos libros? O, mejor aún: ¿poca literatura?
Kjell Espmark, presidente del Comité Nobel de 1988 a 2005, en su obra El premio Nobel de Literatura: Cien años con la misión (Nórdica), señala que por “literatura” se entienden “no sólo trabajos puramente literarios sino también otros escritos que por la forma de presentarse posean valor literario”. El día de hoy, la secretaria de la Academia, Sara Danius, dijo: “Si miramos miles de años hacia atrás, descubrimos a Homero y a Safo. Escribieron textos poéticos hechos para ser escuchados e interpretados con instrumentos. Sucede lo mismo con Bob Dylan. Puede y debe ser leído”. ¿Es la canción un tipo de literatura? El comité parece decir que sí. Yo creo que sí.  
Y ahora, ¿hay algo más detrás de la decisión, más allá del mero reconocimiento literario (porque entonces sí, Bob Dylan sería un “literato”), que cargue con algún peso político, mercadológico, económico, etc.? Probablemente. No olvidemos tampoco sin demeritar el valor de Dylan, ni de ningún otro ganador, reciente o pasado que los Nobel responden a intereses. En la mayoría de los casos, editoriales; en éste, discográfico (de ahí el que sorpresivamente no se haya nombrado a Murakami aún como ganador del premio; tal vez consideren que no hay necesidad, las ventas de sus libros ya son de por sí enormes). Casi podemos ver las estrepitosas alzas en las compras de discos de Bob Dylan (porque pocos se van a interesar por comprar sus libros, aún si la secretaria Danius dice que debe ser leído).
Últimas cuestiones: ¿se merecía Dylan el Nobel? Creo que sí, en tanto que se merecía el reconocimiento de su obra como literatura. ¿Algún otro autor se lo merecía más que él? Probablemente. Adonis, Roth, Kundera, ¿quién sabe? El caso es que él lo ganó y que no es la primera vez que se le premia como poeta, como literato: en el 2007 ganó el Príncipe de Asturias. En el 2008 el Pulitzer. Además, es miembro honorífico de la Academia Estadounidense de las Artes y las Letras. Hoy es también el Nobel de Literatura. ¿Qué significa esto para el futuro? Ya lo veremos. El año pasado ganó una autora por su obra esencialmente periodística (aunque con valor novelístico). Beckett y Fo lo ganaron hace algunos años también, “a pesar” de lo arriesgado de sus propuestas teatrales. De nuevo, ¿qué sigue? No niego que el Nobel en gran medida va moldeando las producciones literarias que surgen y han surgido, pero tampoco es del todo definitivo y no debería de serlo. La literatura seguirá su curso. No es nuevo el verla asimilada a la música, bien podría ser una vuelta extraña (porque es extraña, al día presente) a la tradición: en la antigüedad, los poetas cantaban sin ánimos de escribir, hasta que llegaba alguien y recopilaba lo cantado. Hoy, lo cantado ya está recopilado, ¿qué sigue sino hacerle caso a la secretaria, y leerlo? Porque ya lo dijo Octavio Paz (creo que fue él) alguna vez, la principal valía de los Nobel y es que establecer peligrosos cánones a los escritores con el fin de ganar el “prestigioso” reconocimiento que ofrece, no es en absoluto un favor a la literatura; tal vez habría que pensar en quitarle un poquito de atención a la Academia es hacer leer a la gente a autores desconocidos. Dylan no es para nada desconocido (como músico), pero ¿quién se ha detenido a leer sus cientos de letras, quién sabía de Tarántula o de las Crónicas? Ésta es una buena oportunidad para hacerlo y así descubrir que, detrás de los millones de discos vendidos, detrás de esa imagen cambiante, detrás de ese nombre estruendoso, hay algo, y ese algo es, ciertamente, poesía.

viernes, 2 de septiembre de 2016

Entretenimiento: En lo profundo de LIMBO

Por: Ricardo Núñez

LIMBO

   Siento miedo, siento tristeza y alegría. Me conmueve la sorpresa, la belleza y la agonía. A la par, soy un tipo que disfruta más las emociones cuando son producto de alguna inteligencia: novelas de terror bien planteadas; jaque mate en mi contra; resolver algún problema lógico sin ayuda de nadie...

   Esta es la clase de cosas que uno espera encontrarse en dramas 'aclamados por la crítica', en documentales que exponen temas trascendentales o en tesis e investigaciones que develen  a los enterados nuevas ideas o resultados. Usualmente dejamos fuera de este campo al mundo de los videojuegos siendo que su industria está fomentando la creación de historias más profundas, y de explotar las ventajas con que cuenta una interfaz en la que el jugador "controla" al personaje, pero solemos pasar por alto que en realidad el juego controla al jugador.

   No me identifico como un gamer. Tal vez el último videojuego que usé sería algún FIFA, con amigos y cervezas... bueno, el último antes de LIMBO. Si ya se está preguntando a dónde voy con todo esto, permítame presentarle una de las mejores experiencias que he tenido frente a una pantalla.

   Cuando supe de la existencia del juego llamado LIMBO, éste ya había sido laureado en un importante festival especializado, así que esperaba algo más que aceptable. Luego de enterarme que mi computadora cumplía con los requisitos mínimos me hice con él; de fácil instalación no fue un problema para mi impaciente niño interior. Ejecutarlo no exige demasiado a las computadoras actuales.

   Es un juego 'sencillo', intuitivo, muy entretenido, además de hermoso, y quiero hacer énfasis en que es hermoso. Sus gráficos son tétricos y dispuestos en primero, segundo y tercer plano; la escala cromática se 'limita' a la escala de grises, así que no requerirás de tus conos oculares para disfrutarlo en todo su esplendor. Controlas a un niño tierno, del cuál sólo se puede reconocer la silueta y dos puntos blancos a modo de ojos. El juego es minimalista no sólo en sus adornos y la presentación del personaje principal, sino también en los controles: las flechas de dirección y el botón "ctrl" bastan para resolverlo por completo.

   LIMBO es un juego denominado puzzle-plataformer, que sería algo así: Un juego en el que se recorre un camino conformado por plataformas, donde habrá que saltar obstáculos o acantilados, subir y bajar escaleras, enfrentarse a enemigos y recoger objetos que servirán para completar el juego que no sólo requiere habilidad de los dedos o la sincronía vista-mano, también exige ingenio y 'visualización mental' del jugador, planteándole acertijos que requieren de reflexión y razonamiento deductivo para hallar la solución del problema y llegar al final de la aventura. En este caso es un final conmovedor, triste y sorpresivo.

'La Araña', enemigo feroz e implacable...

   La 'narrativa' del juego se descubre jugándolo, no hay más, dado que en ningún momento arroja una pantalla o cuadro de texto; es en los puzzles, la decoración y las animaciones automáticas donde encontrarás la trama de esta fascinante historia. Y hasta aquí detengo mi escritura sobre su 'relato', pues mi intención es invitar al lector, a experimentar en propia piel esta maravillosa travesía, lanzada a mediados del año 2010... creo que he llegado algo tarde para la reseña. Lo sé, puede parecer tema pasado, pero en realidad me ha entrado la motivación de escribirla porque el 29 de junio del año en curso, la casa desarrolladora de LIMBO, Playdead, lanzó un nuevo juego llamado Inside, con el cual vuelve a apostar por el modo puzzle-plataformer.

   Inside promete, y promete mucho.

   Reflexiono sobre si estas palabras son 'demasiado para un videojuego', pero es la opinión sincera de  este neófito sobre videojuegos de esta clase. Así también me aventuro a declarar que quienes jugamos aquel mítico primer juego de Playdead probablemente quedaremos decepcionados por su nuevo Inside, pero no sería cuestión de la baja calidad o poco empeño que se le haya invertido, sino por la nostalgia que nos ha dejado LIMBO, pues es una de esas experiencias que no se pueden repetir: Me hizo sentir miedo, tristeza y alegría; me conmovió: soy humano.


Contempla cada rincón...
Resuelve el enigma...







jueves, 30 de junio de 2016

Relato: Adiós al noctambulante

Por: Andrés Vega




El insomnio solía ser ese momento donde todo se volvía ideas e imágenes de mundos más interesantes que el que me tocó vivir. Ser un noctambulante solitario tenía su lado muy melancólico, pero era (al menos hasta donde recuerdo) algo no tan malo ni lúgubre, sino una pequeña cueva ni muy húmeda ni muy cálida en la que podía enredarme en mis pensamientos, hacer planes que nunca iba a realizar, soñar historias que nunca iba a escribir, desear lo imposible sabiendo que era irrealizable... y de pronto eso se fue.

Encontré a otras personas que, como yo, vagaban por la noche y por un tiempo pensé (ingenuamente) que había hallado a mi especie... pensándolo bien, sí son de mi gente: arrogantes, sin tacto, petulantes, quejumbrosos y, sobre todo, incapaces de hacer reflexión interna sobre nuestros actos y el impacto que las palabras dichas al calor del afecto pueden provocar. 

Podría pensarse que soy un ente delicado o muy sensible en esto de las palabras, y sería verdad. Además de eso, soy demasiado torpe con ellas, pero en mi defensa podría señalar que justamente por eso son pocos a quienes concedo acceso a esta área que llamo mi versión más sincera. Tal vez debo redefinir mis criterios, pues pasaron de ser invitados a quien daba gusto ver, a inquilinos morosos que sólo ensucian y hacen desorden. 

Escribo esto con enojo y frustración temporal. Mañana es posible que me arrepienta de mis palabras... pero resulta que no tengo otro lugar en dónde expresarlas. No tengo más quien las escuche (al menos no alguien que me importe) y sólo lo haga sin querer resolver mis problemas, sin darme quejas, sin reprobar mis acciones, sin cuestionar mis motivos, sin interrumpir cada idea antes de que nazca; pues soy falible, errático y por supuesto que puedo equivocarme. No necesito que me lo recuerden, pero aun así mis beloved ones sienten imperativo el hacerlo, armados tal vez con un sentimiento de superioridad moral o como mínimo una cachiporra con hule espuma alrededor. 

Mi insomnio se tornó en cuidar el sueño a una persona que me llamaba por teléfono dormida y no recordaba las palabras de alivio que alguna vez le procuré ante una pesadilla. Después se hizo un dolor tan agudo que no me dejaba dormir, pese a que mi alma clamaba por lo onírico o al menos por cinco minutos de MOR. Por último, se volvió esperanza, que aunque dura, con el tiempo se convirtió en desencanto ante las exigencias de una vida nueva; y ahora todo es malentendidos y disculpas por bien intencionadas palabras mal entendidas, mal dichas y mal recibidas. Y parece que he perdido mi derecho a quejarme, pues todo fue voluntario, temo decir. 

La adultez y el amor (temor) volvieron mi insomnio algo diferente que no me agrada. Sé que acabaré solo, pues cierto es que entre dos personas, aunque haya todo el amor del que se es capaz de profesarse, no alcanza para entenderse. Quisiera que no me importara ser entendido por el otro. Desearía volver al olvido (¿o será, recordar el olvido?), mas sé que dirían mis beloved ones que es una suerte de berrinche, y por eso ya no deseo contarles más. Aún si lo fuera, desearía que tuvieran la capacidad al menos de escucharlo y que dejaran de creer que si mi madre no pudo (o no quiso) darme una tunda por berrinchudo, ellos están obligados a hacerlo. 

Tal vez en su momento elegí un par de perros dóberman como compañeros de vejez porque sentí que ellos podrían escucharme. Probablemente mis palabras los pondrían de malas, pero prefiero un ladrido genuino a otro disfrazado de amable y no solicitado consejo.

¿Es muy narcisista estar en un sitio donde sólo esté mi voz? Puede ser, pero ¿por qué debo estar obligado a oír voces que sólo me dañan? Tener compañeros incapaces de una réplica, ¿no podría ser algo más elevado que simplemente ser alguien enamorado de su propia voz y que prefiere un interlocutor silencioso? 

Mis otros no lo piensan así. En general no me importaría a no ser porque mis errores tienen ahora un sabor amargo, pues ese amor rudo no me sienta bien. Es el adiós del noctambulante. Ahora sólo soy un neurótico, quejumbroso, intolerante, o ponga usted el apelativo que más le guste... Porque cuando estaba solo, yo elegía mi nombre y ahora no me alcanza la voluntad para defenderlo. Hoy, quienes me aman, me ponen otros nombres ante los que nada puedo hacer. Extraño mis noches solitarias de insomnio, extraño el desear encontrar alguien que me entienda, creyendo que esto es posible; extraño el dormir con luz de sol y darme baños de luna. Me extraño un poco más cada día, y eso es ahora en lo que se me van las desveladas.

Arrojo al oscuro océano de la noche esta nota en una botella con el deseo de que alguien la lea, pero con la esperanza de que nadie la encuentre; pues sólo me estoy quejando de lo que me refleja el espejo de mis elecciones. Ojalá pudiera romperlo y quedarme ciego para no volver a ver a ése que tanto odio: al que me mira ominosamente del otro lado del insomnio. 


sábado, 13 de febrero de 2016

Relato: Cómo vencer al cáncer o vivir en el intento

Por: Carlos Zúñiga



Si estás leyendo esto, probablemente tienes cáncer, o alguien cercano a ti, lo tiene.
La pregunta que a todos nos circula por la cabeza es, “¿podré vencerlo?”; ciertamente yo no puedo responder eso, ya que cada organismo es diferente y hay un sinfín de factores que nos darán el resultado final. Existen casos de personas terminales que se han “salvado” o extendido por mucho su tiempo de vida, así como otros con muy buen pronóstico, que no obtienen muy buenos resultados.
Lo que sí puedo hacer por ustedes y que intento compartir en este texto, es todo aquello que me brindó un beneficio a lo largo de mi lucha. Trataré de administrarlo en las categorías “Cuerpo” y “Mente”.

-Mente-
Esta es, sin duda, la parte más importante de nuestro organismo, es la que define lo que somos, la que nos permite percibir todo, nos da nuestra personalidad.
     Miedo
El miedo se define como “sensación de angustia por la presencia de un peligro real o imaginario”. Creo que este, es uno de nuestros principales enemigos a enfrentar; pero una vez que logras encararlo y aceptarlo, es un combustible que puedes utilizar para lograr tus metas. Si bien nuestro “peligro” es real, al mismo tiempo no lo es, ya que morir siempre ha sido un “peligro”; simplemente que decidimos ignorarlo. Por eso yo les aconsejo: dejen que ese miedo los mueva, no se autocompadezcan y se sienten a llorar todo el día, pues incluso al borde de la muerte hay mucho por hacer y disfrutar.
     Actitud positiva
Todos vamos a morir, esto es un hecho. Al presentarse una enfermedad como el cáncer, básicamente todos recibimos una bofetada, todo parece perdido, las metas de la vida se alejan, prácticamente todo se derrumba.
¿Qué hacer entonces?
A) Hacerte bolita y llorar.
B) Aceptarlo y darle un giro a tu vida.
Si bien se ha demostrado que la tasa de supervivencia del cáncer no está relacionada con una actitud positiva, hay muchos otros beneficios que esta actitud nos puede brindar; incluso de cierta manera nos puede ayudar a “disfrutar” nuestra etapa. No quiero que se malinterprete la actitud positiva con estar siempre feliz o sonriendo, todos necesitan llorar y desahogarse durante este proceso; a lo que me refiero es que lo tomemos de la mejor manera posible.

domingo, 31 de enero de 2016

Relato: The Paper Street dialogues (II)

Por: Orlando Nuñez



 2.

—¿Cómo comenzar?

—Bueno, primero necesitaríamos un espacio, pero no sólo un salón de clases, un espacio amplio, un patio grande, pizarrones, muchos libros, de artes, literatura, de ciencias, juegos, juguetes, pelotas, balones, instrumentos musicales.
Él les enseñaría leer, ella a encontrarse a sí mismos, alguien más les enseñaría matemáticas, alguien química, alguien biología, alguien a dibujar, otros les enseñarían las maravillas de la ingeniería, alguien les mostraría un uso genial de la tecnología, alguien les daría clases de deportes, muchos profesores de distintas disciplinas.

—¿No estarían enseñando entonces lo mismo que en cualquier otro sistema?

—¡No!, hay que hacerlo diferente, las instituciones han tomado la educación como un proceso mecánico, una industrialización de la mente y han logrado en muchas personas suprimir la que yo considero una de las más grandes virtudes humanas: la curiosidad, el gusto por aprender. Imagina entonces un lugar que, como en Grecia, los niños pudieran hallarse gustosos y libres de explotar y de potenciar esa curiosidad, y nosotros como mentores ayudando, explicando, fomentando esa necesidad de saber, nunca reprimiendo, nunca dándoles un falso sentido de la responsabilidad.

—¿La curiosidad como la más grande virtud humana?

—¿Nunca has experimentado una abstracción total en alguna actividad?, ya fuese cuándo niña o ahora como adulta, un momento en donde el tiempo desaparece y sólo estas tú y esa tarea fascinante.¿Nunca has sentido satisfacción al dar respuesta a algo que no comprendías?... El proceso de aprendizaje verdadero inicia gracias a la curiosidad, el proceso de creación inicia por la inquietud de hacer algo lo más perfecto, exacto y estético posible. Yo lo he experimentado algunas veces, la mente es capaz de expandirse y abarcar todo lo que le es necesario para cumplir su deseo y esa expansión puede incluso percibirse visualmente, un escritor, un artista, un pensador vueltos un caos, textos, información, colores, pinturas, lápices, herramientas por todos lados tratando de llegar a una conclusión, a un algo que por pequeño que sea te es necesario obtener, una pequeña y personal obra maestra.

—¿Tú realmente supones que un niño pueda llegar a ese punto? A donde sólo han llegado quienes se han vuelto maestros en su arte.

—Nadie puede estar más cerca de eso que un niño, su inocencia, su falta de miedos y prejuicios le permitirían hallar dentro de sí muchas cosas, ¿Por qué no pensar que a los 18 años se sentiría completamente seguro/a de qué quiere hacer con su tiempo? La escuela sería un lugar en dónde su mente por fin podría expandirse en vez de ser encerrada por un proceso mecánico de tareas y actividades que no le satisfacen. El sistema educativo no es un enemigo pero sus intenciones están mal encauzadas.

Parte I: http://tertulia-animal.blogspot.mx/2016/01/reflexion-paper-street-dialogues.html

miércoles, 27 de enero de 2016

Relato: The Paper Street Dialogues (I)

Por: Orlando Nuñez


1.-


—Pero entonces, ¿Por qué no han cambiado la dinámica? ¿Por qué continúan teniendo este patrón de comportamiento?

—Bueno, no es algo tan sencillo en el punto en que nos encontramos, dividamos las clases sociales de nuestro bello sistema (aunque no sean esas) en: Clase Alta, Baja y Media, y dividamos a su vez a la clase Media en: Media Alta, Media y Media Baja.

La clase social Media Baja siempre se ha visto condicionada por problemas así, hay filas muy largas en los ministerios públicos, las iglesias menos lujosas son las más llenas, la televisión se da un festín al consumir nuestra atención y se ha vuelto capaz de modificar nuestras emociones y nuestras más naturales inquietudes, un núcleo familiar así se vale de las emociones más viscerales para resolver los problemas más cotidianos, el cambio de dinámica tendría que efectuarse desde dentro, habría que cambiar hábitos ya muy arraigados, quizá leer unos cuántos libros y apagar de vez en cuándo la tele, o al menos satisfacer curiosidades que estén en otro nivel.

—Pero para eso también hacen falta los recursos, que por tu división de clases asumo crees que no tienen.

—Sí, tienes razón, si es cierto que una base económica sólida es proporcional a la felicidad de alguien y con esto la plenitud en todo aspecto de una vida, entonces ésa es la raíz del problema, sin embargo creo que los recursos bien podrían obtenerse o bien en la búsqueda de su obtención podría cambiarse paulatinamente esa dinámica nociva, estamos inmovilizados por nuestra seguridad y nuestra estabilidad, por nuestra rutina, sin importarnos cuántas carencias económicas, emocionales o aspiracionales podamos tener, satisfacemos esa rutina y continuamos así, dentro de esa burbuja.

—Trabajar moviéndose y teniendo siempre la necesidad del cambio nos pondría quizá un paso más cerca de la plenitud.

Parte II:  http://tertulia-animal.blogspot.mx/2016/01/reflexion-paper-street-dialogues-2.html