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lunes, 3 de junio de 2019

Artes Plásticas: Aquella desconocida llamada Remedios Varo

Por:   Arisbeth y Uriel Delac




Cuando se encontraba gozando de una gran fuerza creadora, Remedios Varo muere en octubre de 1963 en brazos de su última pareja sentimental, Walter Gruen, aquejada de un infarto casi fulminante. Así concluyó una carrera artística de las más singulares de nuestra época y que hoy en día tiene reconocimiento mundial.

La familia Varo Uranga
Catalana de nacimiento, vio la luz en un pueblo de esa región llamada Angles, en el año de 1913. Su aprendizaje artístico lo realiza en la Academia de San Fernando y poco después, durante la Guerra Civil Española, conoce al poeta Benjamín Peret quien, junto con André Bretón, fuera el gran animador del movimiento surrealista; corriente artística que marcará la vida y obra de Varo desde los primeros instantes de su carrera y que poco después de la debacle española, en París, profundizará en su conocimiento entrando en contacto con pintores como Max Ernest y Miró. Posteriormente, cuando Francia es invadida por las tropas de Adolfo Hitler, junto con Peret, decide emigrar a México,  lugar en donde se estableció desde 1942 y hasta su muerte.

Walter Gruen en 1952
Su obra es relativamente pequeña en número (un poco más de una centena de cuadros). No obstante, tiene una compensación en su intensidad y significado, difícil de lograr por cualquier otro artista plástico. Así, al contrario de pintores tan prolíficos como Picasso o Chagall, Remedios parecía experimentar un cierto esfuerzo en expresar su mundo ante todo onírico, en donde lo imposible convive sin contradicciones y en completa armonía con el mundo de lo real. Y es que viviendo con Gruen (toda una autoridad dentro de la llamada música académica) no podía ser de otra manera, puesto que sus sueños seguramente estaban imbuidos de walquirias y faunos; sinfonías fantásticas, patéticas y corales; misas, requiems y oratorios que seguramente escuchaba junto con él y del diario en viejos discos de pasta de los gloriosos días de grandes intérpretes como Otto Klemperer y Ferenc Fricsay, Sviatoslav Richter y Emil Gilels, Elizabeth Schwarzkopf y María Stader, por mencionar solo a algunos de los muchos artistas que recomendaba el entonces dueño de la prestigiada (y hoy tristemente extinta) Sala Margolín.

Remedios Varo junto a uno de sus gatos
Otra gran pintora contemporánea suya, aunque de más edad, Leonora Carrington, había logrado ya expresar, con un lenguaje muy peculiar proveniente de un estado espiritual también tocado por los conflictos europeos, un mundo semejante al de la Varo. Sin embargo, la diferencia entre ellas consistió en que Carrington, endurecida y de regreso de un estado de locura del cual hizo un estremecedor relato en su libro En Bas, precisa los aspectos más siniestros y terroríficos del sueño; mientras que Remedios pulsa la tónica lírica, mágica y ensoñadora, proveniente de su afición por la lectura de Pedro de Ouspensky y George Gurdjieff; de Helena Blavatsky y los promulgadores de la Teosofía; de la música plagada de simbolismo de Gustav Mahler, Modesto Músorgski, Claude Debussy y Thomas de Hartmann; y de la pintura mística de Nicholas Roerich. Pero sobre todo, de un Sigmund Freud releído por aquel Carl Jung preocupado por establecer una nueva metodología para la interpretación de los sueños y el estudio de los arquetipos inconscientes, con nociones procedentes de la antropología, la alquimia, el arte, la mitología, la religión y la filosofía.
'Pituso y Zorrillo', Remedios Varo,  1958
De esta manera, el sueño en su obra parece advertirnos que fuera de él solo existe una realidad demasíado pobre como para tomarla en cuenta, por lo que es preferible jamás despertar. Por otra parte, si fuésemos a buscar raíces en su obra, tendríamos que remontarnos al fantástico mundo que la Edad Media conjetura en medio de sus terrores teológicos, pues todo en sus lienzos parece ser producto de un prodigio habitado por alquimistas, castillos, escribanos, aves nocturnas, gatos (Pituso y Zorrillo se hacían presentes en su trabajo) y magos de ferias que conforman un inmenso tinglado de apariciones.


'Amibiasis', Remedios Varo, 1947
No es cosa menor el que en los albores de su obra encontremos a la Remedios hipondriaca (condición que jamás la abandonaría), aprovechada en Venezuela por Bayer para elaborar carteles farmacéuticos comerciales, que impronta significados a sus síntomas y nos muestra que bacterias y virus están presentes en sus ensueños, aunque rodeados de un hálito de inofensivo misterio que hacen mucho más llevadera esa histeria en donde mucho tuvo que ver el pánico que en su juventud le repesentó la posibilidad de epidemias en un planeta ideológica y políticamente enfrentado en un conflicto formal y devastador, como lo fue la II Guerra Mundial. De esta manera, la artista nos reitera que la realidad sobrepasa toda ficción, por lo que resulta más conveniente eternizarse en ese mundo del otro lado del espejo, en donde habita todo lo que es válido en el poético mundo de Ravel y Carl Orff  (con los cantos benedictinos del Carmina Burana incluidos), ya que, como Alicia, también se aventura en mundos fascinantes de combinatorias de seres y colores cargados de una tensión que asimismo nos remite a la obra pictórica de Hieronymus Bosch, que a la de dos de sus equivalentes contemporáneos: Max Ernest y Víctor Brauner.

Remedios Varo junto a Benjamín Peret
El secreto de esta pintora está en que sin duda vibraba más de la cuenta ante la miseria del mundo que la rodeaba. De hecho, su compañero de exilio (y esposo) Benjamían Peret también lo hacía y con resultados que en cierto sentido eran semejantes, pues su poesía fue una gran explosión de la imaginación que nunca otorgó concesiones. Sin embargo, la de la Varo fue más bien una especie de advertencia lírica de que ante el mundo que a André Breton gustaba llamar de la poca realidad sí hay escapatoria, y esta consiste en reafirmar cada día los grandes temas que siempre han movido a la humanidad para permanecer: el amor, la poesía, la libertad y la búsqueda mística.

Es verdad que muchos no logran penetrar en su mundo tan fácilmente. No todo es Matisse o Dufy en nuestro tiempo. Ambos pintores, por ejemplo, no ofrecen mayores dificultades al observador, aunque esto no tenga nada que ver con la calidad intrínseca de sus obras. Remedios Varo, con sus decorados enigmáticos, no puede exaltar en nosotros la misma alegría que nos produce Matisse en su capilla de Saint Paul de Vence. Tampoco puede ofrecernos con sus barcas llenas de personajes alucinados la misma invitación de viajar en ellos, como lo hace Dufy en sus vistas de los embarcaderos del sur de Francia. Pero esto poco importa, ya que la belleza de sus lienzos supera la dificultad para comprenderlas cabalmente. En uno de sus tratados, Spinoza concluye con la siguiente frase: Todo lo hermoso es tan difícil como raro. Difíciles y raras son las obras de Remedios, porque están tratadas con un sentido especial de la plástica y, además, porque alude a un tiempo cargado de sueños y alucinaciones que no nos dejan tranquilos.

Vestuario de Leon Bakst para 'Scheherezade'
Por cierto. Muchos reduccionistas suponen que lo medular en la obra de Remedios deriva del cuarto camino planteado por Gurdjieff. Por supuesto que sostener semejante hipótesis es prácticamente absurdo, pues al hacerlo se olvida (o a la mejor se ignora) la influecia que los Kindertotenlieder mahlerianos, el Waldtaube de Schönberg y los inflamados amores del Rey Mark del Tristán wagneriano tuvieron en su obra de maduréz. Asimismo, la marca que en ella dejaron la poesía de Peret y Octavio Paz; igualmente, las escenografías de Diaghilev para los más importantes ballets rusos de inicios del siglo XX, como los paganos (con música de Igor Stravinsky y decorados de Nicolás Roerich) y, muy en especial, el Scheherezade, que incluyó los fragmentos más destacados del conocido poema sinfónico de Rimsky-Korsakov, cuyos vestuarios (obra de Leon Bakst)  la impactaron al grado de hacer que posteriormente aceptara colaborar con Marc Chagall en los diseños de los trajes para el trabajo de Leónid Massine Aleko, ballet inspirado en un texto de Pushkin, con música de Tchaikovsky, que se presentó en el Palacio de Bellas Artes en septiembre de 1942. Pero sobre todo, de la adopción en su obra de ciertos símbolos sexuales (falos y vulvas estilizados en función de sus representaciones significantes en cuanto fuerzas creadoras universales) derivados del primitivismo totémico humano, la práctica alquímica medieval y el psicoanálisis de Fromm,
Vestuario para 'Aleko', de Marc Chagall y Remedios Varo, 1942
aunado a ese misticismo que los retablos cristianos ortodoxos, plagados de ángeles y demonios, le inspiraron en las primeras etapas de su carrera, pero que finalmente persistirían durante toda su obra posterior. Y todo esto comentado en más de una vez por el propio Walter Gruen, en charlas amistosas dentro de su recinto de la calle de Córdoba 100 en la colonia Roma, además de heredero de muchos de los dibujos y cuadros más importantes de la artista.


'Retrato de Wlter Gruen', Remedios Varo, 1954
Y es que sin lugar a dudas dos personas fueron fundamentales en la preservación de la memoria de su obra después de su inesperada muerte, ocurrida el 8 de octubre de 1963. El primero, el ya mencionado Walter Gruen, quien se empeñó en que ella se dedicara de tiempo completo a la elaboración de sus obras y tuviera las facilidades y circunstancias adecuadas para realizarlas.

Gruen, de origen austriaco, llegó a México junto con Kari Willner (su primera esposa) como refugiados políticos del régimen nazi. Después de un trágico accidente en Tuxpan que llevó a la muerte a Kari, aceptó un empleo en una tienda de llantas, propiedad de un hombre de apellido Margolín. Lo convenció de empezar a vender ahí mismo material discográfico selecto (idea que resultó exitosa) y, a la muerte del dueño, tuvo a bien enfocarlo totalmente a la comercialización de música muy difícil de encontrar en el México de entonces. Aunque eso sí, conservando el nombre 'Margolín' como homenaje discreto al empresario que le abrió las puertas de su establecimiento. El encuentro con Remedios nos lo narra el propio Walter en su libro 'Reflejos de Europa en México', publicado por la Unión Europea y el CNCA: 'en esta época regresó Remedios Varo de Venezuela y descubrió la ausencia de Klari. Nos hicimos amigos y la amistad se convirtió en amor.
'Música del bosque', Remedios Varo, 1963
Tuve la suerte de conseguir que Remedios aceptara vivir conmigo y se dedicara únicamente a la pintura'. Así, con esa sencillez, Walter dedicó 11 años a velar por Remedios, siendo su labor algo decisivo para rescatar, difundir y gestionar el progresivo ingreso en el mercado del arte de la obra de la pintora. Música del bosque, el último y único dibujo de Varo (existen dos, el previo y el definitivo) que no alcanzó a converitrse en un óleo y que representaría el alma musical de Walter, sentada en un tocón y escuchando un disco puesto a girar en un tocadiscos de viento', es en muchos sentidos un agradecimiento a su labor, ya que la mejor etapa creadora de la artista tuvo lugar precisamente bajo su amoroso protectorado. Por tanto, ése universo que hoy en día conocemos como Remedios Varo muy probablemente no existiría sin su devoción.


Anna Alexandra Varsoviano
Posteriormente, a la muerte de Remedios de un fulminante infarto en sus brazos, Walter tendría oportunidad de encontrarse nuevamente con Alexandra Varsoviano, quien también se convertiría a la causa de la Varo.

Anna Alexandra Varsoviano, una bella cantante de ópera, nacida en Alemania e igualmente exiliada en México, había conocido a Gruen y a Remedios debido al gran amor que ambos profesaban por la ópera y la música en general. La relación siempre fue sincera y cordial, al grado que cuando Alexandra decide sacar su licencia de manejo, la Varo la representa en el cuadro As del volante, el cual tiene atrás la dedicatoria. Tras el fallecimiento de la pintora, Gruen corteja a Alexandra y se casa con ella, procreando una hermosa hija de nombre Isabel, fallecida en un trágico accidente carretero el mismo día de su boda.  Mas a pesar del dolor que representó la pérdida, sabiendo Alexandra lo importante que resultaba para Walter la obra de Remedios Varo, decidió apoyarlo en forma ejemplar ayudando y continuando la tarea de clasificar documentos
'As del volante', Remedios Varo, 1962
, transcribirlos, estudiarlos y convertir esa miscelánea de efectos personales y papeles en un archivo que hoy es fuente de investigación obligada para todos aquellos que desean adentrarse al onírico mundo de la pintora. De esta manera, donarían en el año 2000 al pueblo mexicano la Colección Isabel Gruen Varsoviano - In memorian, integrada por 39 obras de la pintora surrealista que hoy se alojan en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México, tras que Beatriz Varo Jiménez, sobrina de Remedios, perdiera un litigio emprendido por los derechos hereditarios de las obras.


Colección 'Isabel Gruen Varsoviano - In memoriam'
Walter Gruen fallecería en el 2008, a los 94 años, y Alexandra en el 2015. Que sobre decir que no obstante el empeño de ambos por reunir el legado de la Varo en un solo lugar y conformar un catálogo razonado de su obra, sin duda existen en algún rincón dibujos que jamás fueron catalogados, que no conocemos y que tal vez anunciaban futuros cuadros que tampoco fueron pintados. Y algo semejante debe suceder con algunos óleos como fue el caso de La lucha por la vida, un desconocido cuadro hasta cierto punto cubista, que casualmente se encontró tardíamente en la colección de André Breton, y que por lo mismo no alcanzó ingresar en el catálogo definitivo elaborado por Gruen.
'Música del bosque' , dibujo previo

En resumidas cuentas podría decirse que, sumada a la riqueza de sus pinturas, Remedios Varo manifestó durante su carrera una profunda voluntad de creación. La riqueza y profundidad simbólica de su obra resiste todas las comparaciones con el pensamiento antiguo de Oriente y Occidente, por lo que no resulta descabellado hacer el símil de su legado plástico con la visión iniciática griega en la que el arte en su conjunto formaba parte del rito. En su trabajo, el dibujo era una herramienta de preparación y nunca una obra terminada, por lo que muchos que no la convencieron del todo jamás se convirtieron en óleos y terminaron en el cesto de la basura, a pesar de los esfuerzos de rescate por parte de Walter. No obstante, lo cierto es que fue precisamente gracias a esta minuciosidad que su obra no conoció de concesiones, ni de altas y bajas, sino solo el afán de conseguir, a través de los medios a su disposición, una obra original y tan íntima como lo fueron sus sueños. Por supuesto, a la manera de Freud y Jung, en ellos hay claves y llaves secretas sin las cuales resulta imposible entenderlas a cabalidad. Para estudiar su arte habrá que adentrarse en ese imperio del amor más allá del cuerpo terrenal descrito por igual en El lago de los cisnes, que en el Tristan de Wagner, que en La canción de la Tierra mahleriana. Esto es, entendiéndolo 'como las más grande fuerza mágica de la naturaleza que esconde el misterio del Uno' según palabras del filósofo Amador Vega, y remar decididamente por ese cauce y sus afluentes esotéricos. Porque si algo es evidente, es que a más de cincuenta años de la desaparición física de la artista, aún nos falta desentrañar la influencia de ciertas músicas en los significados de sus lienzos y trazar un mapa iconológico que permita entender la geografía hermenéutica inscrita en su arte.
Artículos personales de Remedios Varo expuestos en el MAM
Más a pesar de esto, si hay algo que otorga universalidad a su obra, es que aún el lego puede simplemente disfrutar su arte más allá de cualquier significación. Porque finalmente el legado de Remedios Varo es la de una obra mágica, llena de color y fantasía, que deleita los sentidos de quien la mira mientras se abre camino hacia el inconsciente prototípico, aquel que alguna vez nos refirió Jung.





miércoles, 20 de diciembre de 2017

Música: Bar Pesadilla ¿El horizonte del Mentado Palomas?

Por: Arturo Salort


 El antagonista por excelencia de la música pop mexicana, vuelve en un disco que ametralla los sentidos con la característica nostalgia e irreverencia que lo identifica. Armando Jiménez mejor conocido como Armando Palomas, cuya trayectoria abarca un cuarto de siglo y miles de kilómetros por la libre presenta su nuevo (y quizá último) material titulado “Bar Pesadilla”; un disco que hace su primera gala nada menos que en el Lunario del Auditorio Nacional. Con un sold out y artistas invitados de la talla de José Cruz y Big Javy, deja en claro que su música ya puede ser considerada como ‘de culto’.


El disco inicia con la poesía de Israel Miranda. Las pentatónicas de blues no se hacen esperar y la aguardentosa voz de Palomas aparece con la frase: “Ayer estuve a punto de estrellar mis huesos en la carretera…”; sensata letra que, conforme avanza la canción, te sumerge en la intimidad de sus versos. Un punto que vale la pena destacar de este material es el recurso poético utilizado y que, aunque ya empleado ocasionalmente desde hace algunos años atrás, es en ésta primera ocasión que el público lo recibe con los brazos abiertos. Otro interesante acierto más es ese pequeño auto-homenaje que entre líneas hace a su propia discografía al introducir elementos de discos pasados, como lo son la utilización de una grabadora de llamadas y el uso de batería e instrumentos eléctricos. No obstante, la cereza que corona este pastel, es la lírica pesimista y repleta de simbolismos que dignifica la personalidad del escribiente maldoso, del charro atrabancado que hoy por hoy es uno de los máximos referentes en la escena underground mexicana y que esperamos dure muchos años más deleitándonos con su música y talento. 





domingo, 17 de diciembre de 2017

Música: Johann Sebastian Bach y Ludwig Van Beethoven - El reencuentro del espíritu musical alemán

Por: Silvia Villarespe


"Urvater der Harmonie": palabras de Ludwig van Beethoven, quien hasta el final de su vida no dejó jamás de admirar el infatigable talento del genio de Eisenach. La figura de Johann Sebastian Bach se fue construyendo a lo largo de los siglos. No fue tarea fácil, el reconocimiento de su obra y de su contribución al estilo contrapuntístico, así como sus impresionantes cualidades como organista, clavecinista y violinista, fueron discretamente apreciadas en la primera parte del siglo XVIII.

El Clave bien temperado fue una extensa obra musical y teórica, repasada y copiada en la mayoría de las veces a mano, a manera de lección por los jóvenes músicos de la época prerromántica e ilustrada, pero editada y difundida hasta 1801. Beethoven la llegó a conocer bastante bien en su niñez; según fuentes cercanas afirmaban que podía interpretarla de manera magistral. En los años en que Beethoven se formaba como músico, Bach no era la prominente figura musical tal cual la conocemos hoy, pocas veces se interpretaban algunas piezas menores, pero el genio de Bonn pudo descifrar desde la tierna edad de nueve años, el poder oculto y la maestría en la monumental obra del maestro del contrapunto. Se podría decir que el espíritu de Beethoven se interconectó con el de Bach, de manera mucho más profunda gracias a su labor como organista. En Bonn, a la edad de diez años, el pequeño Ludwig ya ejecutaba este instrumento en el convento de los franciscanos de manera tan profesional, como cualquier otro músico experimentado de la capilla musical de la Corte Electoral de Bonn.

   Ludwig van Beethoven en 1814 - Retrato por Louis-René Létronne.

Y así, el Beethoven que abandona Bonn para emigrar a Viena no dejará atrás el espíritu musical alemán, defendiéndolo a capa y espada aún en medio del esplendor de Giacomo Rossini y el estilo italiano. Beethoven fue capaz de reflexionar sobre la naturaleza de la música y sabrá entender que Bach llevó a su máximo esplendor la polifonía, la música renacentista y barroca, conjugando un supremo estilo personal, que llevó hacia límites insospechados y jamás alcanzados. 

Haciendo un interesante juego de palabras, Beethoven comúnmente afirmaba que no se podía considerar sólo “Nicht Bach, sondern Meer sollte er heissen” (No un rio, debería llamársele el imponente y profundo mar). Eso fue la música de Bach para Beethoven, quien creyó en el legado de su genialidad antes del esplendor del músico de Eisenach ya para mediados del siglo XIX.

"Echt Bach!" Johann Sebastian Bach en 1730 - Museo Bach de Eisenach

En palabras del controvertido secretario particular de Beethoven, Anton Schindler, ya en plena madurez: "…la biblioteca personal del maestro contenía muy poco del patriarca de la música. A parte de unos cuantos motetes […] tenía la mayoría de la música de Bach conocida hasta el momento: La Clave bien temperada […] los tres volúmenes del Clavier-Übung [1], quince invenciones para dos y tres voces, y una toccata en do menor. Esto era la colección total…"[2].

Bach, será una vida de aprendizaje para Beethoven: fueron largos años en los que el alemán descubriría su obra. El contrapunto será para él un reto y al final de sus días se convertirá en una obsesión. La Gran fuga compuesta este 1825 y 1826 fue un verdadero dolor de cabeza: en un principio pensada para formar parte como cuarto y último movimiento del Cuarteto no. 13 óp. 130, debido a su complejidad, no fue bien recibida por el público, por lo que decide separarla del conjunto, para conformarla como única pieza conocida como Cuarteto no. 17 óp. 133 en si bemol mayor o Grosse Fuge. Siguiendo por un lado el más puro estilo contrapuntístico de Bach, con aportaciones particulares sumamente novedosas, Beethoven logra crear una obra demasiado avanzada a su propio tiempo. Sabemos que ningún músico aceptó interpretarla; se decía que aún no había nacido un intérprete con semejante talento, para ejecutar una composición de tal magnitud."…se trata de una fuga con dos sujetos y unas variaciones […] en las siguientes partes: a) obertura (allegro) con el tema principal o generador; b) primera fuga que combina el primer sujeto con el tema generador; c) segunda fuga con diversos cambios  de tonalidades y de ambientes; f) conclusión, que logra reconciliar a los antagonistas en una lucha que ganaba el tema generador"[3].

Fue Bach una influencia notable en Beethoven a lo largo de su vida, una fuerza en la que creyó firmemente y que fue capaz de envolver su obra hasta el final de sus días. Podemos concluir con un pasaje de la biografía de J.N Forkel sobre el padre de la armonía, copiado por la propia mano de Beethoven y encontrado en el mencionado pequeño volumen recopilatorio de Bach.

La aseveración de que la música es un arte capaz de ser comprendido por todos los oídos no puede sostenerse en el caso de Bach; la propia existencia y originalidad de su obra, que parece estar destinada sólo para conocedores, contradice la aseveración antes mencionada. Así, sólo los expertos en música, quienes en una obra de arte pueden percibir y sentir esa organización interna, quienes pueden penetrar en los deseos del artista […] pueden juzgar aquí. [4]


[1]   Una serie de composiciones o ejercicios para teclado (clave y órgano) compuestas entre 1731 y 1742
[2]   Anton Felix Schindler, Beethoven as I Knew Him, English translation by Constance S. Jolly, New York, Dover Publications,Inc., 1996, p.380 (Traducción del ingles al español, realizada por la autora) 
[3]  Arturo Reverter, Beethoven, Barcelona, Ediciones Península, 2ª edición, 1999, p.64 
[4]  Schindler, óp. cit., p. 380 (traducción personal)


BIBLIOGRAFÍA
  • Massin Jean y Brigitte, Ludwig van Beethoven, Madrid, Turner Publicaciones, S.A.
  • Reverter, Arturo, Beethoven, Barcelona, Ediciones Península, 2ª edición, 1999.
  • Schindler, Anton Felix Schindler, Beethoven as I Knew Him, English translation by Constance S. Jolly, New York, Dover Publications, Inc., 1996.





lunes, 9 de octubre de 2017

Artes Plásticas: La sinfonía de colores de Kandinsky

Por: Arisbeth y Uriel Delac


Vasili Kandinsky - Yellow red & blue - 1925


I. Un coro de colores

Vasily Kandinsky - Fotografía - 1933
Isbas e iglesias moscovitas son los escenarios que lo inspiraron. En la que es la más concida de las fotos de Vasily Kandinsky, el célebre pintor ruso pareciera más un director de orquesta instantes antes de iniciar sus movimientos de ataque: rostro concentrado y tenso, ojos fijos sobre los profesores de la orquesta y, entre los primeros dedos de la mano derecha, a modo de batuta mágica, el pincel. La figura es perfecta y se parece también a la de un aristócrata porque Kandinsky era elegante de forma natural, acaso porque su bisabuela era una princesa mongol. Ciertamente, esto no basta para desarrollar nuestro tema, pero es útil para darse cuenta enseguida de que nos la vemos con un artista exacto y vibrante, refinado y original, geométricamente musical; el cual cree en aquello que hace y no admite la más mínima distracción ni al ejecutor, ni al espectador porque para Kandinsky pintar era un acto sagrado. Teniendo este divino concepto del arte, afirmaba: Durante años y años he tratado que los espectadores paseasen por mis lienzos, pues quería obligarles a olvidarse de sí mismos y desaparecer allí dentro. Pienso que a veces lo he conseguido; me doy cuenta cada vez que lo logro.

Tarjeta postal de Franz Marc para Kandinsky (1913)
Para completar el cuadro exterior de su imágen útil tenemos, por fin, un fragmento de la carta que escribió el primero de septiembre de 1911 August Macke a su amigo el pintor Franz Marc, en la que dice de Kandinsky: De lo largo de su persona emana una especie de maravillosa radiación. Es un romántico, un soñador, un visionario y un cantamañanas. Pero lo que cuenta es el resto: está lleno de vida, de una vida sin límites. Sus fantasías no son vanas, porque rezuman vitalidad. Sus audaces caballeros son el blasón suspendido ante su habitación, pero no es tan solo en las rocas, las fortalezas o el mar donde se siente su espíritu incontenible. En todos los ángulos, en el amarillo, en una rosa, encontramos también la infinita delicadeza, la pastoral, el paso ligero apenas insinuado de las damas rococó. Parece el zumbido de millones de abejas con acompañamiento de un acorde de clavicémbalo dado con la infinita dulzura de un cordero. Un fragmento un poco exaltado, pero significativo.

Interior de una Iglesia ortodoxa rusa en Moscú
Vasily Kandinsky había nacido un 4 de diciembre de 1886, de madre bellísima y padre funcionario. Además conocía muy bien la música, pues la había empezado a estudiar cuando niño como era norma en las familias rusas de clase acomodada de fines del ochocientos. Pero todo esto no habría bastado para sostener que su abstraccionismo místico hubiese surgido gracias a ese encuentro, como tampoco del descubrimiento de la música religiosa y popular en iglesias e isbas. Si bien iglesia quería decir también música sublime para el jóven estudiante (imaginemos con qué atención habrá escuchado las magníficas composiciones litúrgicas), lo mismo puede decirse de la isba, entendida como crisol de la tradición popular con su salmodia interior, con sus íconos y con sus hermosas melodías. Cierto, estos encuentros habrían suministrado sugerimientos folclorísticos que, aunque preciosos, no le hubieran bastado si no primero profundiza como auténtico pensador y teórico que era, a veces bastante difícil y complicado, a fin de configurar y definir reales consonancias entre las artes figurativas y el lenguaje musical.
Vasily Kandinsky - The Ludwigskirche In Munich - 1908
Es un hecho que aquellas "composiciones de lugar" fueron para él sugerentes y germinativas, tal y como contaría
en su libro Kandinsky y yo Nina, su esposa: El padre de Vasily, por su parte, no perdió ninguna ocasión para enriquecer la cultura de su hijo. En el curso de sus estancias en Moscú visitaron las inumerables iglesias de la ciudad. Cuando enumeraba sus antiquísimos nombres, el niño le escuchaba lleno de atención. En aquellas ocasiones Kandinsky descubrió los mosaicos y los íconos y aprendió a admirarlos y a considerarlos las raíces de su propia comprensión artística, profundamente anclada en la base de la cultura rusa.

Claude Monet - Pajares - 1891
Después de haberse graduado en Leyes, Kandinsky aceptó realizar una encuesta sobre criminalidad en la provincia de Vologda, en lo que fue una experiencia memorable y determinate para su obra. Al respecto, diría: No olvidaré nunca las grandes casas de madera recubiertas de inscripciones. En estas casas maravillos he vivido una experiencia que no se ha repetido desde entonces. Ellas me enseñaban a moverme en el cuadro, a vivir en él... Cuando entraba en la habitación me sentía rodeado de toda la pintura, en la cual sentía haber penetrado.
Vasily Kandinsky - Improvisación 31 . 1913
Esa sensación de entrar en el cuadro, de moverse en él, era en Vasily la base del nacimiento del abstraccionismo pictórico, que llegará a definir la pintura como el coro de los colores y que él intentaba fijar sobre tela ya desde sus primeras tentativas. Pero también encontró en la música fuerzas propulsoras del todo nuevas, pues fue durante una representación del Lohengrin de Wagner, a la cual asistió después de haber visitado en Moscú una exposición de impresionistas franceses 
―entre ellos Monet y su cuadro Pajares, que encontró ese empuje hacia la abstracción. Correspondientemente, escribe: Me preguntaba por qué un pintor no puede actuar de modo distinto a Monet, pintando libremente, sin ninguna constricción por parte del objeto, puesto que es lo que hizo Wagner al componer tan monumental obra de arte. Para mí, el arte no volverá a ser el mismo, pues hay un antes y un después de Wagner, así en la música, como en la poesía, que en la pintura y en fin, en todo lo que el hombre pueda entender como creación: su creación.

Representación de Lohengrin de Wagner en el Teatro de Bayreuth
Kandinsky fue a ver dicha ópera después de haber visto en Moscú un amanecer que le pareció extraordinario: Y he aquí anotóque Lohengrin me pareció una realización perfecta. Los bajos y especialmente los instrumentos de viento encarnaron para mí toda esa fuerza de la aurora que presencié en Moscú. Vi con la mente todos los colores, pues estaban no sólo en mis oídos, sino también frente a mis ojos. No exagero al decir que Wagner había pintado musicalmente mi obra aún antes que existiera.
Vasily Kandinsky - Around the circle - 1940
Tampoco cuando digo que el arte en general fue reinventado por él. Ahora estoy convencido que la pintura esta también en condiciones de desarrollar fuerzas no inferiores a las de la música. Escribiría luego Nina: Este pensamiento no le dejó un instante de descanso, le torturó en el sentido literal del término. Durante diez años tomó apuntes sobre este argumento hasta lograr escribir 'Lo espiritual en el arte', que contiene el conjunto de sus reflexiones sobre la abstracción. Así pues y por tanto, iglesia e íconos, pueblo, canciones y Wagner son en realidad la verdadera fuente del abstraccionismo, o mejor, de la pintura de Vasily Kandinsky.


 II. Un arte que tiende a lo abstracto

Kandinsky y Schönberg con sus respectivas esposas
Nilo Pucci ha escrito en su libro sobre Kandinsky: Sus escritos no se refieren directamente a problemas musicales, sobre los que Vasily no escribió nunca. Sin embargo, puede decirse que no hay una sola página en ellos en que no aparezca la música o que no represente la relación entre hipogeo y mito estructural. Y en efecto, la música representó para Kandinsky el arte por naturaleza, sin que esto quiera decir que considerara que la pintura debía estar sujeta a la condición de la música. La frecuentación de los clásicos, de Musorgsky, de Scriabin, de Schoenberg, los estudios desde la infancia (piano y violoncello), testimonian su interés por la música que, observados en conjunto, revelan sobre todo la imprensionante concordancia de sus investigaciones con las de la cultura más avanzada de su tiempo en torno a los puntos nodales de la cultura del novecientos. Sus indagaciones sobre los valores tonales de los colores y las resonancias armónicas que cada uno es capaz de suscitar, recuerdan de cerca esa maravillosa disolución tonal en los acordes del Tristán e Isolda wagneriano, pero también la Klangfarbenmelodie de Schoenberg, o lienzos como Fuga en rojo (1923) de Paul Klee.

Vasily Kandinsky - Im Blau - 1925
Con lo indicado hasta ahora, es posible conceptualizar esa especie de matrimonio místico entre música y pintura que se precisó y consumó en el psiquismo del gran maestro ruso. Un poético encuentro al cual contribuyó su admiración por la Gesamtkunstwerk (u obra de arte total) de Wagner y la gran amistad con Arnold Schoenberg, interrumpida enseguida por las trapacerías de Alma Mahler, quien propaló a los cuatro vientos que Kandinsky era antijudío. No obstante, la amistad se reanudaría posteriormente, convencido el músico vienés de que todo era una calumnia. Es un hecho que el entendimiento artístico entre ambos era muy grande y, aunque nada autoriza a ver en las pinturas del ruso música figurada, ni imágenes pictóricas en la música de Schoenberg, lo cierto es que una pareciera ser condicionante de la otra: como si entre ambas manifestaciones existiesen vasos comunicantes invisibles de índole inconciente.


Arnold Schoenberg - Der Rote Blick - 1910
Respecto al músico vienés creador del dodecafonismo, un aspecto poco estudiado de su vida, al extremo de haber sido ignorado por sus biógrafos, es la gran importancia que tuvo en su juventud el impulso de pintar. A tales límites llegaron sus deseos de expresar su sensibilidad artística por medio del pincel, que sus dudas respecto a la orientación de su vida se asemejan enormemente a las ya examinadas en Kandinsky. Sólo que los canalizó hacia la música, dejando la pintura como entretenimiento, mientras que en Vasili la cosa funcionó al revés. Sin embargo, es justo también decirlo, la pintura de Schoenberg tiene características bastante interesantes. En su mayoría son retratos, con una repetición constante de modelos (sobre todo familiares y amigos), pero también bodegones y paisajes. La tendencia general es un expresionismo suave, de apariencia trasnochada y perfume demodé, muy semejante al clima en que se movieron sus primeras obras post-wagnerianas y que se trasluce en su obra capital: Pierrot Lunaire. En efecto, la poesía decadente, simbolista, tan rica en imágenes sugerentes cuando Pierrot canta a la luna en francés, recuerda enormemente los circos de colores de la pintura de Kandinsky en su barroca grandielocuencia; pero también está visible en la singular paleta pictórica del músico, presente en los abigarrados vestidos de sus modelos femeninas, casi siempre en tonos desvaídos y difuminados.



Vasily Kandinsky - Improvisación 30 - 1913