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domingo, 26 de mayo de 2019

Literatura: 'La palabra oscura se derrama en tu vientre', de Edgar R. Camacho (reseña y descarga gratuita).

Por: Uriel Delac




La palabra oscura se derrama en tu vientre es el primer poemario de Edgar R. Camacho, publicado recientemente por la Sección 38 del SNTE. En él, el poeta da rienda suelta a sus deseos y miedos más profundos. Dividido en cinco partes, en un tono hasta cierto punto confesional y reflexivo, el autor nos habla de la soledad, la mujer, la muerte y la pérdida; emprendiendo un singular viaje por la poesía amorosa, erótica e incluso social. Y es que no puede ser de otra manera, ya que sin duda su labor como Maestro ha influido en esa percepción, en donde se desea la posesión del otro y al mismo tiempo su libertad; en donde el dolor se convierte en cotidiano en grado tal que no se añora el ayer, sino que más bien representa duelo por el hoy y un réquiem por el mañana.

El poemario, construido en torno a aparentes contradicciones temáticas, tiene en sus dos primeras partes como hilo conductor la manifestación del eros. No obstante, predomina siempre un tono melancólico, nostálgico y hasta violento que a cada momento nos recuerda que incluso la muerte es un acto de amor. También encontramos episodios más optimistas, en los cuales el poeta nos confirma que el deseo es el residuo de la necesidad articulada como demanda, es decir, aquello que se desliza por debajo del recuerdo de la satisfacción primaria y que no es otra cosa que la realidad estructurada como un lenguaje. Así, el mundo sentido como un lugar inhóspito y poblado de rarezas, se salva únicamente por la presencia de ese eros dirigido a la mujer.

La tercera parte de La palabra oscura se derrama en tu vientre es ante todo reflexiva. Básicamente, supone una especie de balance con tintes surrealistas que el autor hace de su estadía en este mundo mediatizado por el lenguaje del otro. Agrupa este apartado una serie de poemas espléndidos, de un simbolismo que trasciende la anécdota para ir en busca de la génesis de la derrota y tal vez tratar de encontrar una (fallida) salida.

Las dos partes restantes del poemario implican el enfrentamiento con los terrores que derivan de una realidad social en todo decadente. Que sobre decir que los poemas asimismo son espléndidos y nos presentan al mismo tiempo una profunda meditación sobre el transitar por esta convulsionada sociedad y el modo de vivirla llevando a cuestas ese equipaje que hemos ido acumulando a lo largo del tiempo: el amor, el duelo, el dolor, la felicidad, las renuncias, las derrotas, el ayer que arrastramos y, a manera de Freud, la confianza en un (probable) porvenir de una ilusión.

En suma: un poemario bastante atractivo y con episodios verdaderamente notables, en donde Edgar R. Camacho nos hace escuchar su bella prosa inundada de recursos metafóricos muy bien logrados que nos transmiten la suañoranza y el surecuerdo de un mítico pasado en donde todo estaba bien, pero que paulatinamente nos va conduciendo hasta el más descarnado de los realismos (representado por el hoy) y la clara inquietud por un futuro del todo incierto. 

Un libro que nadie debe perderse.

La descarga es gratuita. 






lunes, 28 de mayo de 2018

Literatura: Anatomía de un verso Sanguinario (reseña)


Por: Uriel Delac



Bien podría denominarse una poética de la experiencia en donde nada está previsto y en la que, consecuentemente, cualquier cosa es posible. Así resulta este poemario, obra de Arturo Salort, y que lleva por título Anatomía de un verso Sanguinario, el cual adquiere sentido tras ese eterno recordatorio de lo que somos como seres productores de sentido reducidos a nuestra propia sangre.

En su conjunto, el poemario resulta ser un lejano cántico a aquel imposible lacaniano que, quizás, nació como consecuencia de un beso, un inesperado encuentro, una mirada furtiva o de una declaración de amor a contracorriente. No obstante, cada uno de los poemas que lo integran puede ser encuadrado dentro de lo que cabalmente llamaríamos poesía urbana no por una insistencia deliberada, sino más bien por la omnipresencia de la ciudad dentro del discurso. Una ciudad en la que el azar ofrece siempre una suerte de casualidades, de ritmos mágicamente conectados que permiten que cualquier cosa sea posible, y que hacen de sus calles escenarios perfectos para sugerentes encuentros con lo inesperado.

Poesía que desde el inconsciente denuncia sutilmente un mundo caótico, decadente, impredecible y, sin embargo, profundamente humano; que dibuja lo mismo a aquella mujer pública que recorta su cuerpo cual traviatta verdiana, que los sueños y anhelos no realizados de aquel que finge poseerla. Cierto, a lo largo de su lectura, el poemario nos ofrece situaciones ocasionales en donde, de pronto, se contemplan amaneceres que nunca llegan o barcos que navegan a la deriva sin importar que siguen anclados. Mas a pesar de todo, Arturo siempre regresará no solo a la tierra, sino a esa tierra urbana que le vio crecer.

Anatomía de un verso Sanguinario no es un libro fácil ni para todos los gustos. En él coexisten el dolor y la esperanza, sueños vestidos de negro y pesadillas rosas, personajes que en nuestra cotidianeidad pasan desapercibidos porque son comúnmente humanos, lugares que se convierten en el escenario de sugerentes encuentros no siempre descifrables en un primer momento, estados desacomodados de nostalgia y felicidad que hacen frente a ese pensamiento romántico que tradicionalmente los hacen ver como un estado anestesiante capaz de inhabilitar al que los describe.

Todo esto y más es lo que hoy nos presenta Arturo Salort. Una obra que acumula pequeñas experiencias de vida a veces contradictorias, pero abordadas con una luz de esperanza que jamás se agota a pesar que detrás solo se encuentra la muerte como el destino natural de la vida. 


A La Vuelta De La Esquina 

Dama de todos y de nadie,
patrona de los desahuciados al amor,
hoy quizás estás más lejos,
una distancia de ventanas al dolor,
partes los esquemas de una relación común,
arlequín de ilusiones, no eres más que un resplandor.

Tu luz es fría, te confundes con el fénix dama cruel,
alquimista de emociones, piel de plata,
al que buscas no es a él, tu corazón es ave,
el horizonte un simple quien.

Porque a la vuelta de la esquina tu brillo es vela,
porque tus ojos son cristal  y rompe en llanto corazón
que alfareros ya sabrán pegarlos,
¿Pero cómo reparar un sueño?
¿Cómo hacer venir al tiempo?
Si tu pecho es primavera y mis manos son invierno,
si en tus besos hay ladrillos y en los míos sólo cemento,
sentimiento...

A la vuelta de la esquina nada es cierto. 


*Anatomía de un verso Sanguinario esta disponible en: https://www.amazon.com.mx/dp/B0763FNXBK


***** 

Sobre el autor: 


Enrique Arturo Salazar Ortiz, mejor conocido como Arturo Salort, nacido en Guadalajara, Jalisco, un 22 de Noviembre de 1993, es titulado en Turismo y actualmente cursa la licenciatura de trabajo social en la Universidad de Guadalajara, ejerciendo de tiempo completo el arte de la escritura y la música. Fue ganador del premio CONEFI 2016 en la rama de poesía y ha publicado en diversas revistas literarias digitales. Es además colaborador de la página Fb El Blog de la Tertulia Literaria de Animal Lector y de El Blog de la Tertulia Literaria en su versión para Blogger.

Actividades y Premios:

• 2016: Premio CONEFI otorgado por el departamento de filosofía de la U d G.
• 2016: Publicación en el rubro de la música del álbum titulado "Smoke".
• 2017: Publicación del Poemario titulado "Anatomía de un verso sanguinario".
• 2018: Publicación del album musical “Beat Tape After Sunset” 2018.



sábado, 26 de mayo de 2018

Literatura: El llamado de la luna (fragmento)

Por: Miriam García


Caminé por calles vacías, envueltas en el ruido de grillos y las notas melancólicas de los aullidos de los perros. Había algo en el ambiente que lo hacía diferente a otras noches; el viento soplaba tan quedo que era como una caricia fría de almas en pena. Esa noche no llevaba caballo, se le había zafado una herradura y tenía que llevarlo con el herrero. Tampoco había un carruaje esperando por mí; mi casa estaba cerca de la de mi anfitrión, así que pensé que no habría ningún inconveniente en caminar, además yo tenía la excentricidad de que me gustaba salir solo a caminar por la noche. Era algo que había hecho muchas veces, al punto que el sereno, la luna y yo siempre nos saludábamos con familiaridad. A veces al terminar el día me encontraba exhausto, con la vista cansada y el ánimo acabado, entonces salía solo en la noche a dar un paseo y eso de alguna forma me hacía sentir bien.
Los grillos cantaban y a lo lejos se escuchaba el aullido de los perros. Disfrutaba mucho los paseos nocturnos. No tenía ninguna prisa, iba con paso despreocupado. Lo único que escuchaba eran mis propias pisadas sobre el empedrado. Justo en el momento en que di vuelta en la esquina, noté que había otros pasos que me seguían muy de cerca. Un mal presentimiento me invadió, el miedo recorrió mi cuerpo y me incitó a avanzar más rápido, entonces los otros pasos también aceleraron su marcha. Traté de tranquilizarme. Las pisadas apretaron el paso. De pronto alguien me interceptó tomándome por la espalda; los dos caímos al suelo. Mi atacante se obligó a incorporarme con todo lujo de violencia, iba acompañado por otro sujeto el cual lo ayudó a sujetarme. Eran dos mestizos que me pusieron contra la pared. Uno de ellos sacó un cuchillo y me lo puso en la garganta.
—Quieto, gachupín, o aquí te mueres —amenazó. El otro miraba en todas direcciones para alertar a su compañero.
Esculcaron todos los bolsillos de mis ropas, me quitaron el reloj de oro y dinero. Yo no me moví en todo ese rato; en mi mente una oración quedó ahogada suplicando que me fuera permitido ver el día siguiente. Lo que pasó después fue confuso debido a la rapidez con que ocurrió todo. De alguna parte de las sombras algo jaló a ambos asaltantes hacia atrás, uno de ellos fue proyectado contra el frío muro de ladrillo mientras que el otro era sujetado por un ser de naturaleza no definida, algo así como una fiera deforme entre animal y humano; por un momento pensé que se trataba de algún perro de gran tamaño, pero no tenía cola, era enorme y monstruoso. La bestia lo mordió por la espalda entre la nuca y el hombro y le desgarró la carne haciéndole gran daño. El sujeto iba gritar cuando escuché un sonido seco de huesos que tronaban; la bestia le había roto el cuello con un movimiento preciso y veloz. El otro sujeto que estaba en el suelo estaba aterrado. Se levantó. Ya iba a echar a correr por su vida cuando fue atrapado por la bestia la cual, sujetándolo del cuello con una sola mano, lo levantó y lo puso contra la pared. La bestia aulló como un lobo dispuesto a atacar y clavó su garra en el abdomen de su víctima, hurgó de su cuerpo y arrancó uno de sus órganos sanguinolentos. Soltó el cuerpo maltrecho del sujeto y se comió de un bocado lo que tenía en la mano. Todo ese tiempo yo me quedé rezagado, pegado a la pared, congelado por el pánico. Hice un esfuerzo por respirar, traté de obligarme a mí mismo a salir corriendo, pero el terror era tanto que no me respondían las piernas. El monstruo fijó en mí sus ojos que centelleaban como el fuego, de su boca salió un sonido áspero y frío que me ordenó: “vete”. Reuní fuerzas y salí corriendo como alma que lleva el diablo. Corrí sin mirar atrás ni una sola vez, sin detenerme a ver o preocuparme por la suerte de esos infelices ahora muertos. Dentro de mi cabeza tuve una extraña visión, algo así como si fuera la proyección de la imagen que no quise ver, o que tal vez sí vi, pero tan rápido que mi cerebro interpretó la escena como una especie de sueño. En el suelo yacían los cadáveres y el monstruo inclinado en cuatro patas, se alimentaba de los ahora muertos como haría un animal carnicero que acaba de tomar una buena presa.


*Fragmento del libro El llamado de la luna, publicado recientemente en Amazon: 

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Sobre la autora:


Miriam García es originaria de Guadalajara, México. Tiene una Licenciatura en Administración de Empresas de la Universidad del Valle de Atemajac y tomó diversos cursos de redacción y escritura creativa en la Escuela de Escritores SOGEM, Guadalajara.
Participó en la revista cultural juvenil Transeúntes, conectando sentidos, publicada por la Benemérita Sociedad de Geografía del Estado de Jalisco (2007 – 2008). Además, varios de sus cuentos fueron publicados por el periódico local Ocho Columnas y algunos de sus textos fueron incluidos en las ediciones 2009 y 2010 de la antología Caleidoscopio, editado por la Escuela de Escritores SOGEM, y presentados dentro del marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara de esos años. 
En 2015 publicó su primer libro Dulce Amor Funesto, historias de amor y otros monstruos, una antología de historias. 
Participó en el festival I am Quixote y en el año 2017 la revista electrónica Label me Latino publicó un texto de su autoría.
En 2018 publicó su segundo libro llamado La llamada de la Luna y del cual presentamos un breve fragmento. Actualmente vive en Houston con su esposo y su gato Pepe.


miércoles, 4 de abril de 2018

Literatura: Dulcinea del Toboso (comentarios sobre El Quijote)

Por: José L. Avendaño

Don Quijote de la Mancha, Gustave Doré

Por cierto, maestro, tal vez le moleste que le describa a la muchacha con palabras tan mediocres
Junichiro Tanizaki, Cuentos de amor.

La obra capital de Cervantes El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, ha constituido un muestrario de universalidad en donde todos los temas y situaciones humanas tienen cabida; a grado tal que, tras su publicación, pareciera que autores subsecuentes sólo los han reformulado una y otra vez, variando únicamente los ambientes donde se desarrollan, o bien, los nombres de los personajes. Al respecto, el crítico estadounidense Harold Bloom comenta que: es la primera y mejor de todas las novelas, aunque sea más que una novela. Esto resulta evidente en tanto que la obra sobrepasa a casi cualquier novela escrita posteriormente. Es de destacarse que la díada Sancho-Don Quijote encarna una de las más entrañables parejas de la literatura, sin olvidar la de Aquiles y Patroclo —una amistad virtuosa y erótica al mismo tiempo de acuerdo a los patrones culturales manejados por el pueblo griego—; pasando por la muy solemne y profesional de Sherlock Holmes y Watson, según los personajes diseñados por Sir Arthur Conan Doyle; y hasta la dispar, pero finalmente fraternal pareja retratada por Thomas Pynchon en Mason y Dixon.  
Podemos considerar que la excelencia de esta obra genuinamente caballeresca y cortés radica básicamente en su construcción. Diseñada como un cúmulo de historias dentro de otras historias, asemeja a las Mil y una noches al tiempo que le rinde culto. El tema eje son las andanzas de Don Quijote, quien toma la decisión de emprender una serie de aventuras a partir de que su mente confunde el mundo de los relatos de caballerías con una pretendida realidad haciendo un todo fantasioso en donde, de todas, la más persistente y obstinada es la de Dulcinea del Toboso, una Dama por la cual el caballero de la triste figura siente una particular impresión semejante a la de una revelación mística: 

«Su nombre es Dulcinea, su patria el Toboso; su calidad por lo menos ha de ser de princesa, pues es reina y señora mía; su hermosura, sobrehumana, pues en ella se vienen a hacer verdaderos todos los imposibles y quiméricos atributos de belleza que los poetas dan a sus damas: que sus cabellos son oro, su frente campos elíseos, sus cejas arcos del cielo, sus ojos soles, sus mejillas rosas, sus labios corales, perlas sus dientes, alabastro su cuello, mármol su pecho, marfil sus manos, su blancura nieve» (pag. 115).
Descripción semejante asombra al lector, pues pareciera ser que en Dulcinea recaen todos los aspectos y virtudes de la belleza renacentista sin dejar de lado un cierto dejo de pudor en sus palabras. La cita continúa magnificando aquel amor cortés que Don Quijote manifiesta por la Dama: Y las partes que a la vista humana encubrió la honestidad son tales, según yo pienso y entiendo, que sólo la discreta consideración puede encarecerlas, y no compararlas. La hechicería o magia —presupone Don Quijote— es la culpable de que su amada no aparezca atractiva a los ojos del otro. No obstante, esta enigmática mujer no es otra que la moza Aldonza Lorenzo, una simple campesina antitesis de los cánones de belleza de la época y que Sancho identifica como la Dulcinea de su señor. No obstante, para el caballero andante, Aldonza simboliza a aquella dama perfecta, pura y a la cual debe encomendarse, hasta convertirla en el motor impulsor de todas sus venturas. Como no podía ser de otra manera, esta antinomia entre Aldonza Lorenzo y Dulcinea del Toboso origina en el lector un espectáculo irónico implica una visión dualista del mundo de Don Quijote: aquel generado por la lectura de novelas caballerescas y, por otra parte, el que arroja la percepción de una pretendida realidad.  
El escritor y filósofo italiano Umberto Eco —hablando del amor cortés durante la época medieval—, define lo que sería una de sus características: la contraposición entre belleza exterior e interior, lo cual presupone un tema recurrente en la literatura de aquel período. Consecuentemente, la fugacidad de la belleza terrenal se advierte siempre con un sentimiento de melancolía en tanto que es meramente efímera. Sin embargo, la obra de Cervantes a la que nos referimos rompe con cualquier concepto de belleza al dar paso a una suerte de ilusión que hace que quien la lea acepte que Aldonza es bella sólo porque Don Quijote lo dice; sin que por ello el caballero deje de extrañar su ideal creado, ni de expresar un dejo de melancolía por aquella amada Señora que ha sido transformada. 


Notemos además que Alonso Quijano para sentirse un caballero andante debe tener en todo momento una Señora dueña de sus pensamientos por la cual pelear, además de atributos como el de ser acompañado por un escudero y velar las armas en un altar, entre muchos otros. Pero no perdamos de vista que Don Alonso nos lo advierte Cervantes desde un principio es en realidad una mimesis del arquetipo de caballero que se detalla en sus libros, pero dotado además de una peculiar melancolía que se confunde con la tristeza. De sobra está decir que notamos aquí un cierto retorno al concepto de melancolía a la usansa griega clásica, en donde suele aparecer como compañera inseparable de la tristeza, siendo entonces Don Quijote su representación prototípica: su triste figura es el ejemplo de ello. ¿Qué implica la melancolía? Ibn Dawud en su Libro de la flor describe algunos de sus síntomas: Primero aparece el gradual debilitamiento del cuerpo, luego el creciente aislamiento de la víctima por un pensar solitario y, por último, la idea fija que cautiva la mente, culminando en una locura enfermiza que lleva a la muerte. Es decir, en todo, tal pareciera ser que se nos describe a Don Quijote y la serie de pasos que lo llevaron a su desenlace.
Señalemos desde ahorita que La Dama del Quijote Dulcinea no existe mas que en su imaginación. De hecho, Sancho Panza apenas conoce a Aldonza Lorenzo de oídas, lo que origina un mayor desconcierto en tanto que el amor manifestado hacia ella es un amor platónico y que solo vive en el mundo de las ideas del Caballero. Es su creación y al mismo tiempo su reflejo, pues en ella distingue todo lo que los libros de caballería le han enseñado. A este respecto, podemos decir sin temor a equivocarnos que cierto es que Cervantes creó un obra magnánima en donde la ironía nos acompañará durante toda la novela, siendo las conversaciones y anécdotas entre Don Quijote y Sancho la columna vertebral de la obra. Así pues, será gracias a la carta que Don Alonso dirige a Dulcinea, que Sancho se entera de quien es ella y, tras saber quiénes eran sus padres, está al tanto que Don Quijote le ha mentido o engañado. Consecuentemente, procede con una acción semejante y proporciona al Caballero otra misiva obra de su propio pensamiento e inventiva— que en todo lo dejará satisfecho. Luego, no debemos perder de vista que conforme transcurre el relato, Dulcinea se convierte paulatinamente en un mito prefabricado —una fábulaque se ubica en el centro de los pensamientos e imaginaciones del Quijote. Los molinos son gigantes que se pueden esfumar, pero no así su convicción por ella: Yo imagino que todo lo que digo es así, sin que sobre ni falte nada, y píntola en mi imaginación como la deseo, así en la belleza como en la principalidad (I,25).  
La imagen puede contener: cielo, planta, árbol, exterior y naturaleza
Es con el pasaje de las labradoras que Sancho representa como Dulcinea y sus damas que la ficción se torna más ingeniosa, pues mientras que Don Quijote ve en ellas a simples campesinas que van de paso, el escudero defiende la idea de que entre ellas se halla Dulcinea. Ante esto, el caballero andante se hace creer que un encantador les está siguiendo y que ha nublado su vista haciéndole imposible el reconocer a su Señora. Al respecto, Erich Auerbach filólogo y crítico literario alemán puntualiza y comenta sobre esta escena: Aparecen trocados los papeles: hasta ahora, había sido Don Quijote el encargado de captar y transfigurar a través del prisma de la novela caballeresca las realidades de la vida diaria con las que topaba a cada paso (…) es Sancho quien improvisa una escena caballeresca.  
Más adelante, la mentira del fiel escudero cobrará verdad cuando, hallándose ambos en la cueva de Montesinos, Don Quijote ve a su amada convertida en una zafia labradora. El simple adentrarse en aquel lugar otorga a la imaginación del Caballero el poder de la incertidumbre; por lo que es sacado dormido y, tras despertar, relata haber visto y comprobado lo que ya le había explicado Sancho: que Dulcinea está encantada. 
Finalmente, cabe mencionar que esta transformación que sufre la figura de Dulcinea a través de la obra constituye simbólicamente la historia de un fantasma. En efecto, se habla tanto de ella, que hasta podemos considerarla uno de los tres personajes principales no obstante que ni siquiera tiene una participación activa en la obra. En efecto: durante el transcurrir de la novela se le describe y se la menciona de continuo, obsesivamente si así se quiere, pero nunca se nos narra un pasaje en donde ella haya tenido una aparición formal. A pesar de todo esto, la efigie de Dulcinea es fundamental en tanto que es un ideal que ronda la novela: una ficción que Don Quijote crea y que Sancho continúa. Notemos entonces que aquella Dama que reúne todos los atributos de belleza no puede tener una participación objetiva porque hacerlo sería equivalente a disminuirla en cuanto un ideal. Un hipotético diálogo entre El Caballero y Dulcinea tal vez habría constituido la recompensa más grande que el lector de Cervantes hubiese podido tener, pero construir dicha conversación habría hecho de ella, de La Dama, una simple e hirsuta campesina...
 
*****

Sobre el autor:

José de Jesús López Avendaño nace un 18 de abril de 1994 en la ciudad de Salina Cruz, Oaxaca. Cursa la carrera de Lengua y Literatura Hispanoamericanas en la Universidad Autónoma de Chiapas (UNACH). 
 Ha publicado en la revista literaria Monolito; en la revista Claroscuro; en la gaceta Letra suelta (UNACH); la revista virtual Mimeógrafo.
 Fue participante en el festival cultural La hojarasca en su edición del 2015 y asistió a los Coloquios Cervantinos en sus ediciones XXV y XXVI. 
Actualmente, cursa un diplomado en Creación literaria por parte del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).


domingo, 4 de marzo de 2018

Literatura: La Torre del Peregrino (fragmento del Cap. 4)

Por: José Delgado


Monumento ai Caduti di Casale Monferrato (1928) - Leonardo Bistolfi


Fragmento del Capítulo 4 - “El peor de todos los silencios”


"[...]

Cuando la pelirroja alcanzó la base de la montaña, una luna verde y apagada derramaba su ánimo mortecino por el valle. Continuó por la depresión que desembocaba en un precipicio; al otro lado del puente de piedra que lo cruzaba se elevaban las murallas de Milaguas entre la niebla. Un ejército de torres decrépitas ensartaban el adarve, sus sombras retorcidas devoraban el abismo como los colmillos de una bestia que llevara siglos sin alimentarse. Zinnia cruzó el puente arrebujada en la manta, jadeaba para vencer el viento helado que vomitaba el portón del muro. A un trote moderado, bajo el cielo opaco de la tormenta y envuelta en brumas, se adentró en la ciudad.

La calzada atravesaba los edificios esparcidos de manera caótica por ambos lados. Todas las fachadas, sin ventanas ni puertas, mostraban un tono apagado, cual piedras cubiertas por una película de ceniza. Las llamas de los faroles habían muerto, nada iluminaba las calles, y las casas parecían cuevas vacías. Zinnia escuchaba el agua discurrir por el suelo, las pisadas de su caballo… y un silencio desconcertante. Cuando alcanzó una plazoleta, la avenida principal se dividió en otras tres más estrechas. Cada una exhibía una placa de estaño apenas visible en la penumbra de la noche: “… Lanceras”, “Orf…res”, “Ant… Mercado del Cen…”. Sin un motivo para escoger una u otra, se decidió por “… Lanceras”.

Se trataba de una vía flanqueada por estatuas: las réplicas de mujeres que sostenían en la mano derecha una lanza apuntando en diferentes ángulos. Salpicados de flores grises, hileras de balcones contemplaban las esculturas desde arriba. Un encapuchado escrutaba el paseo desde uno de los pretiles. Zinnia hundió la mano en el chaleco, bajo la manta, y acarició la empuñadura de su daga; el gesto de su rostro se endureció. La niebla se enredaba en las lanzas de las estatuas y se hacía más densa a medida que Areth avanzaba. “Cloc”… “Cloc”... Percibía muy lejano el eco de los cascos de su corcel. La figura misteriosa la perseguía con la mirada, solo el viento mecía su túnica, mientras ella la observaba de reojo. Areth dio un paso más… otro… hasta que dejó atrás el paseo bajo una arcada.

La pelirroja no tardó en llegar a otra encrucijada; tomó el único pasaje cuyo nombre se leía con claridad: “Herreros”. La calleja terminaba en una fachada de ladrillos negros donde la puerta de una casucha se abría y se cerraba. Se abría… y se cerraba... Una inscripción grabada con hollín ocupaba el ancho del muro:

“Son de ceniza los huesos
de la mano que alimenta a las hienas.
Son de ceniza sus huesos
y tierna y fría su voz en la niebla”.

Zinnia dio la vuelta para regresar a la encrucijada, pero la bruma se había vuelto más espesa. Un sonido procedente de la boca de la calle rompió el silencio, similar a algo que se tensara con un crujido.

—Quieto —le susurró al caballo, agazapándose sobre el cuello del animal.

De manera progresiva brotaron otros ruidos, jadeos, gruñidos acompañados de un olor a carne podrida. Deslizó los pies fuera de los estribos; con cautela bajó del corcel. Escurriendo la mano derecha por debajo del costado, aferró la daga… Y, al desenvainarla, se propagó por el callejón una risa tan afilada como el chirrido de un cuchillo al arañar un cristal. Algo se movió, allí, entre la niebla… dos puntos rojos centellearon un instante… 

Pero de forma súbita todos los ruidos desaparecieron; solo se escuchó entonces el repique de la lluvia… y un silencio más que desconcertante, el de aquellos lugares donde jamás nadie ha sido invitado a entrar: el peor de todos los silencios."



*****

Sobre el autor:

José Delgado es matemático con posgrado en estadística, aunque con una marcada pasión por las letras. Actualmente tiene 30 años y reside en un pequeño pueblo de Valencia, Tavernes de la Valldigna, aunque es nacido en Córdoba, España. Asimismo, es creador del proyecto Novelaria https://www.facebook.com/EspacioNovelaria/ y próximamente publicará su primer libro llamado La Torre del Peregrino, primera parte una saga denominada La esencia oculta, una novela río de fantasía épica, que constará de 3 libros y que tiene por tema principal la desigualdad, cuyo objetivo será resaltar las diferencias sociales que existen entre los distintos estratos de una civilización, desde el campesino más humilde al especulador con menos escrúpulos. Acerca de La Torre del Peregrino nos abunda José Delgado:

La acción de este primer volumen se desarrolla en Yvreska, una isla que forma parte de un mundo más complejo pero que no tendrá repercusión alguna en la trama hasta los siguientes tomos. No es un reino parecido al que estamos acostumbrados a ver en otras sagas de este tipo de literatura: no lo rige ningún rey ni existen complots en la alta aristocracia para hacerse con el trono. En Yvreska gobierna el poder del dinero y este reside en una federación mercantil llamada La Liga de Comercio. Y ese es, precisamente, el pilar principal en torno al que se construye la historia: el comercio.
Los personajes principales son tres, todos protagonistas en su medida, por lo que la novela está narrada desde tres perspectivas diferentes. Uno de ellos es Zinnia, una mujer que pertenece a una orden secreta que vela por el equilibrio: los Centinelas de los Cien Vientos. Otro es Blazh, recaudador de impuestos en las aduanas portuarias de Corcesca, la ciudad con mayor afluencia comercial de Yvreska. Y el último es Yllan, un anciano casi arruinado cuya mayor preocupación es cuidar de su nieta Ayla. A medida que avance el libro se irán descubriendo las conexiones entre ellos, que conducirán al desenlace en la Torre del Peregrino, donde culminarán las tres historias.