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domingo, 4 de marzo de 2018

Literatura: La Torre del Peregrino (fragmento del Cap. 4)

Por: José Delgado


Monumento ai Caduti di Casale Monferrato (1928) - Leonardo Bistolfi


Fragmento del Capítulo 4 - “El peor de todos los silencios”


"[...]

Cuando la pelirroja alcanzó la base de la montaña, una luna verde y apagada derramaba su ánimo mortecino por el valle. Continuó por la depresión que desembocaba en un precipicio; al otro lado del puente de piedra que lo cruzaba se elevaban las murallas de Milaguas entre la niebla. Un ejército de torres decrépitas ensartaban el adarve, sus sombras retorcidas devoraban el abismo como los colmillos de una bestia que llevara siglos sin alimentarse. Zinnia cruzó el puente arrebujada en la manta, jadeaba para vencer el viento helado que vomitaba el portón del muro. A un trote moderado, bajo el cielo opaco de la tormenta y envuelta en brumas, se adentró en la ciudad.

La calzada atravesaba los edificios esparcidos de manera caótica por ambos lados. Todas las fachadas, sin ventanas ni puertas, mostraban un tono apagado, cual piedras cubiertas por una película de ceniza. Las llamas de los faroles habían muerto, nada iluminaba las calles, y las casas parecían cuevas vacías. Zinnia escuchaba el agua discurrir por el suelo, las pisadas de su caballo… y un silencio desconcertante. Cuando alcanzó una plazoleta, la avenida principal se dividió en otras tres más estrechas. Cada una exhibía una placa de estaño apenas visible en la penumbra de la noche: “… Lanceras”, “Orf…res”, “Ant… Mercado del Cen…”. Sin un motivo para escoger una u otra, se decidió por “… Lanceras”.

Se trataba de una vía flanqueada por estatuas: las réplicas de mujeres que sostenían en la mano derecha una lanza apuntando en diferentes ángulos. Salpicados de flores grises, hileras de balcones contemplaban las esculturas desde arriba. Un encapuchado escrutaba el paseo desde uno de los pretiles. Zinnia hundió la mano en el chaleco, bajo la manta, y acarició la empuñadura de su daga; el gesto de su rostro se endureció. La niebla se enredaba en las lanzas de las estatuas y se hacía más densa a medida que Areth avanzaba. “Cloc”… “Cloc”... Percibía muy lejano el eco de los cascos de su corcel. La figura misteriosa la perseguía con la mirada, solo el viento mecía su túnica, mientras ella la observaba de reojo. Areth dio un paso más… otro… hasta que dejó atrás el paseo bajo una arcada.

La pelirroja no tardó en llegar a otra encrucijada; tomó el único pasaje cuyo nombre se leía con claridad: “Herreros”. La calleja terminaba en una fachada de ladrillos negros donde la puerta de una casucha se abría y se cerraba. Se abría… y se cerraba... Una inscripción grabada con hollín ocupaba el ancho del muro:

“Son de ceniza los huesos
de la mano que alimenta a las hienas.
Son de ceniza sus huesos
y tierna y fría su voz en la niebla”.

Zinnia dio la vuelta para regresar a la encrucijada, pero la bruma se había vuelto más espesa. Un sonido procedente de la boca de la calle rompió el silencio, similar a algo que se tensara con un crujido.

—Quieto —le susurró al caballo, agazapándose sobre el cuello del animal.

De manera progresiva brotaron otros ruidos, jadeos, gruñidos acompañados de un olor a carne podrida. Deslizó los pies fuera de los estribos; con cautela bajó del corcel. Escurriendo la mano derecha por debajo del costado, aferró la daga… Y, al desenvainarla, se propagó por el callejón una risa tan afilada como el chirrido de un cuchillo al arañar un cristal. Algo se movió, allí, entre la niebla… dos puntos rojos centellearon un instante… 

Pero de forma súbita todos los ruidos desaparecieron; solo se escuchó entonces el repique de la lluvia… y un silencio más que desconcertante, el de aquellos lugares donde jamás nadie ha sido invitado a entrar: el peor de todos los silencios."



*****

Sobre el autor:

José Delgado es matemático con posgrado en estadística, aunque con una marcada pasión por las letras. Actualmente tiene 30 años y reside en un pequeño pueblo de Valencia, Tavernes de la Valldigna, aunque es nacido en Córdoba, España. Asimismo, es creador del proyecto Novelaria https://www.facebook.com/EspacioNovelaria/ y próximamente publicará su primer libro llamado La Torre del Peregrino, primera parte una saga denominada La esencia oculta, una novela río de fantasía épica, que constará de 3 libros y que tiene por tema principal la desigualdad, cuyo objetivo será resaltar las diferencias sociales que existen entre los distintos estratos de una civilización, desde el campesino más humilde al especulador con menos escrúpulos. Acerca de La Torre del Peregrino nos abunda José Delgado:

La acción de este primer volumen se desarrolla en Yvreska, una isla que forma parte de un mundo más complejo pero que no tendrá repercusión alguna en la trama hasta los siguientes tomos. No es un reino parecido al que estamos acostumbrados a ver en otras sagas de este tipo de literatura: no lo rige ningún rey ni existen complots en la alta aristocracia para hacerse con el trono. En Yvreska gobierna el poder del dinero y este reside en una federación mercantil llamada La Liga de Comercio. Y ese es, precisamente, el pilar principal en torno al que se construye la historia: el comercio.
Los personajes principales son tres, todos protagonistas en su medida, por lo que la novela está narrada desde tres perspectivas diferentes. Uno de ellos es Zinnia, una mujer que pertenece a una orden secreta que vela por el equilibrio: los Centinelas de los Cien Vientos. Otro es Blazh, recaudador de impuestos en las aduanas portuarias de Corcesca, la ciudad con mayor afluencia comercial de Yvreska. Y el último es Yllan, un anciano casi arruinado cuya mayor preocupación es cuidar de su nieta Ayla. A medida que avance el libro se irán descubriendo las conexiones entre ellos, que conducirán al desenlace en la Torre del Peregrino, donde culminarán las tres historias.


sábado, 13 de enero de 2018

Literatura: La Torre del Peregrino (fragmento)

Por: José Delgado


El aroma de las frambuesas - J. Palmer (2016)


Fragmento del Capítulo 1 - “El aroma de las frambuesas”

“[...].

La posada se hallaba en la ladera de una loma donde crecían abetos y cipreses; entre aquellas coníferas, destacaba un haya cuyas ramas se desplegaban paralelas al suelo. Zinnia detuvo al caballo y se quedó mirando ese árbol. Suspiró; los recuerdos la sacudieron con la contundencia de un golpe de viento, imágenes que creía olvidadas. Noches en vela aspirando el aroma de las montañas, juegos y canciones cuyo eco perduraba aún en su memoria… y mucho dolor. A la sombra del haya había encontrado un refugio después de que asesinaran a su madre, una guarida donde la pena y la soledad habían llevado a Zinnia a descubrir su propia esencia.

La pelirroja arrancó una hoja de tonalidad parda y la guardó en el petate. A pocos pasos del haya había un cartel de madera. Más allá, hacia el sur del valle, se extendía una encrucijada. Casi todos los caminos serpeaban siguiendo trayectorias diferentes hacia una depresión bañada por los cauces de varios ríos. Casi todos, a excepción de uno: un sendero que atravesaba varias aldeas y árboles desnudos por las montañas del oeste. Los ojos de Zinnia se posaron en el final de aquella senda, en una ciudad que emergía de entre un manto de brumas: Milaguas.

De repente escuchó un chirrido a la espalda y se bajó del caballo con lentitud. Con los ojos tan entrecerrados que daba la impresión de estar dormido, Normund avanzaba por el porche ayudado de su bastón. Cuando alcanzó el pretil, apoyó el cayado a la derecha y se sujetó a la baranda. Tenía varices por los antebrazos, arrugas por todo el rostro, y en la mano izquierda sostenía una jarra de madera. 

—Buenos días —lo saludó Zinnia a medida que se acercaba hacia él.
—¿Te marchas? —le preguntó su padrastro.
—Ya tendría que estar en camino. —La mujer giró la cabeza hacia el caballo—. Espero que no te importe que me lleve a Areth.

El hombre le dio un sorbo a la jarra y la dejó en la cornisa.

—No debería… —titubeó. Por los labios le resbaló un jugo entre rojo y púrpura que le confería a su aliento un aroma fresco y dulce—. No debería habértelo pedido.
—¿Todavía sigues con esas? Si no lo hubieras hecho, me habría enterado tarde o temprano y mi decisión habría sido la misma. Te lo debo por cómo me has tratado. —Hizo una pausa—. Por cuidar durante tantos años de mi madre.

Al anciano le afloraron lágrimas en unos ojos que habían perdido el brillo.

—Istar… Mi dulce Istar… —Las manos le temblaban—. Zinnia, no vayas. Quédate, te lo ruego. Ya solo te tengo a ti.
—Eso no es verdad. Encontraré a Torel. Te lo prometo.
—Sin tu hermano… ¿qué me queda? —balbuceaba—. ¿Qué…?

De manera involuntaria Normund golpeó con el codo la jarra, que rodó por el suelo hasta chocar contra uno de los puntales del pórtico. Mientras el zumo de frambuesas se escurría entre los huecos que dejaban los tablones, el anciano rompió a llorar. La angustia se acentuó en su rostro, despedazado por las primeras puñaladas del sol. Zinnia lo abrazó por detrás.

—¡Cálmate, papá! 

Pero las moscas ya habían llegado. Apenas tardaron instantes en acudir al dulce aroma de las frambuesas, en congregarse en torno al charco sanguinolento que teñía la hierba de escarlata por debajo del porche. Areth removía la tierra con la pezuña junto al cartel de la posada: “Bienvenidos a La Jarra sin Fondo”.


*****

Sobre el autor:

José Delgado es matemático con posgrado en estadística, aunque con una marcada pasión por las letras. Actualmente tiene 30 años y reside en un pequeño pueblo de Valencia, Tavernes de la Valldigna, aunque es nacido en Córdoba, España. Asimismo, es creador del proyecto Novelaria https://www.facebook.com/EspacioNovelaria/ y próximamente publicará su primer libro llamado La Torre del Peregrino, primera parte una saga denominada La esencia oculta, una novela río de fantasía épica, que constará de 3 libros y que tiene por tema principal la desigualdad, cuyo objetivo será resaltar las diferencias sociales que existen entre los distintos estratos de una civilización, desde el campesino más humilde al especulador con menos escrúpulos. Acerca de La Torre del Peregrino nos abunda José Delgado:

La acción de este primer volumen se desarrolla en Yvreska, una isla que forma parte de un mundo más complejo pero que no tendrá repercusión alguna en la trama hasta los siguientes tomos. No es un reino parecido al que estamos acostumbrados a ver en otras sagas de este tipo de literatura: no lo rige ningún rey ni existen complots en la alta aristocracia para hacerse con el trono. En Yvreska gobierna el poder del dinero y este reside en una federación mercantil llamada La Liga de Comercio. Y ese es, precisamente, el pilar principal en torno al que se construye la historia: el comercio.
Los personajes principales son tres, todos protagonistas en su medida, por lo que la novela está narrada desde tres perspectivas diferentes. Uno de ellos es Zinnia, una mujer que pertenece a una orden secreta que vela por el equilibrio: los Centinelas de los Cien Vientos. Otro es Blazh, recaudador de impuestos en las aduanas portuarias de Corcesca, la ciudad con mayor afluencia comercial de Yvreska. Y el último es Yllan, un anciano casi arruinado cuya mayor preocupación es cuidar de su nieta Ayla. A medida que avance el libro se irán descubriendo las conexiones entre ellos, que conducirán al desenlace en la Torre del Peregrino, donde culminarán las tres historias.

martes, 7 de marzo de 2017

Ensayo: Siete ventajas del islam (según Michel Houellebecq)*

Por: Matheus Kar



Michel Houellebecq, novelista, poeta y ensayista.



1. La poligamia.

2. El precio que el hombre debe pagar para que tres o cuatro mujeres se le sometan es relativamente bajo y casi mínimo: someterse a Dios. 

3. La economía hogareña se basa en el trabajo exclusivo de los hombres; empleos abundantes y bien remunerados.

4. Como las mujeres se quedan en casa, los hombres ya no tienen que lidiar con la clásica mujer trabajadora carente de deseos sexuales; mientras que todo el día la mujer clásica se pasea en tacones y falda por la oficina, la mujer musulmana usa el hiyab (velo) en público y se desviste sólo ante su señor esposo, utilizando los encajes franceses que éste le compra.

5. A la mujer musulmana se le puede convencer incluso de que los hombres gordos tamaño elefante son el último grito en esposos. Es en serio.

6. Los musulmanes son darwinianos y creen que la especie es mejorable; sin embargo, no creen en la carne tanto como en el intelecto. Así que es normal que prefieran darle la mejor mujer a un profesor universitario que a un fisicoculturista. Adiós, gimnasios; bienvenidas, bibliotecas. 

7. Se puede ser religioso sin dejar de ser inteligente.



Fabula o no, mentira o verdad, Michel Houellebecq se ha sumado a la no corta fila de novelistas creadores de distopías –o utopías, según la religión−, de agitadores y pesimistas. Sumisión es una novela que nos habla de cómo sería la no tan lejana Francia si fuera tomada democráticamente por los musulmanes. Al mismo tiempo, Houellebecq nos va trazando el desenvolvimiento moral y posmoderno de François, un hombre que al final de su soltería no encuentra sosiego ni placer en la sexualidad del siglo XXI y que sólo encuentra una mediana satisfacción en el pesimismo de Huysmans.
Caricatura de Michel Houellebecq, autor de Sumisión.

«El golpe genial del líder musulmán –escribe Houllebecq− había sido comprender que las elecciones no se jugarían en el terreno de la economía sino en el de los valores», y de eso el autor de Las partículas elementales tiene mucha razón. Pero nosotros no somos Europa, ni estamos próximos a formar Eurabia. Y eso de la xenofobia tampoco se nos da muy bien. 

Como americanos, nuestro problema es más antiguo (quizá tanto como el europeo). No sé si alguna vez alguno se ha preguntado ¿qué habría sucedido si los árabes no hubieran desalojado España y, de ser así, hayan sido  ellos quienes conquistaran América y, en lugar de iglesias, hubieran construido mezquitas?


Por suerte, no la nuestra sino la europea, Carlos Martel y los Reyes Católicos se encargaron de echar a los musulmanes de Europa, con todo y tecnologías –porque, a diferencia de los cristianos, los chicos del turbante son muy devotos a la ciencia−.  Sin embargo, el libro de Houllebecq no es en vano en América; él propone que en los últimos años se ha creado una cierta amalgama de tolerancia hacia el islam en Europa, incluso −y esto, según él, es lo más grave− un deseo de sumisión efusivo  hacia dichosa religión. 

Como americanos, o latinoamericanos, el tema nos interesa como fábula moral. Defendemos al cristianismo sin saber por qué. Ya lo dijo Sartre en una entrevista: «la sociedad ha construido al hombre como a un monstruo. Es decir, como alguien producto de ciertas contradicciones… De las que difícilmente llegará a ser consciente…».

Jugamos sobre el terreno de lo moral. Los jóvenes no saben lo que quieren cuando ondean su bandera libertaria. Y los viejos, los adultos, las personas como Houellebecq (por ejemplo) están hartas de tanto panfletarismo juvenil y libertario. El catolicismo está perdiendo sus vigas con cada día que pasa. Su representante el sumo pontífice, el papa Francisco, cada día se aleja más de la ideología del catolicismo, que si hoy acepta a los homosexuales, que si mañana se declara fan acérrimo de Darwin. En fin, los conservadores no aceptan las métricas morales por buscar a Dios: todo lo contrario, buscan a Dios por sus métricas morales.

El autor de El mapa y el territorio rebana con este libro algunas conciencias. Incluso, puedo llegar a vitorear, como lector, de haber encontrado una idea paralela al islam y el machismo de Houellebecq: nuestros cambios no son producto de una madurez concebida a lo largo de los años, sino, más que todo, la búsqueda del yo efervescente en el otro, una manera de sobrevivir, de vivir a expensas de los sistemas, de perdurar a lo largo de la historia. En pocas palabras, vemos en el Sistema el mecanismo adaptativo con el cual eludimos nuestros problemas. Mantener la tensión es nuestra ganancia secundaria; postergar su resolución, nuestra sobrevivencia.


Houellebecq, la última star literaria desde Sartre.

Hay un deseo de sumisión, una porción de enojo acumulado. La efervescente ola feminista (ya sea el serio feminismo intelectual o el folclórico feminismo analfabeto) ha enojado a no muy pocos. Estoy seguro que hay muchos –religiosos incluidos− a los que les gustaría ver a las mujeres fuera de los escritorios y el mando, y les complacería demasiado verlas atrapadas entre un delantal y una estufa. Y para estos tímidos rencorosos el dios que les ofrezca este paraíso será reconocido como el Dios legítimo. 

La madurez no es ninguna garantía. Incluso los ateos «políticamente correctos» son conservadores. Cuando España invadió América, los nativos se resistieron. Fue cuestión de sustracciones, rebajas y perezas que el imperio americano decayera y, finalmente, cediera la voluntad a las costumbres extranjeras. ¿Pero acaso no hubo un deseo de sumisión, de someterse al otro?

La lógica musulmana es esta: La mujer se somete al hombre, el hombre se somete a dios (Alá). Es algo que no sería difícil para nosotros. Hay un deseo inherente en el hombre hacia la sumisión. Nos sometemos a los deseos sexuales, al fetichismo de acumular mercadería en los estantes, a nuestras raciones de dios diarias, al trabajo, a la seguridad económica a costa de nuestros valores. ¿Qué pasará el día que un nuevo salvador o un nuevo dogma o una nueva religión venga y nos ofrezca eso en la palma de la mano?






*Los beneficios son exclusivamente para aquellos que el islam reconoce como hombres.



Sobre el autor:


Reacio a las multitudes e inquilino de bibliotecas, Matheus Kar nació en Guatemala en  1994; aunque su muerte sigue sin definirse, podría ocurrir cualquier día. Ha sido nombrado mención honorifica en el certamen Mi ciudad en 100 palabras, que organizó la municipalidad de Guatemala en 2014. Colabora en el evento literario Poetry Slam Guatemala. Formó parte del evento multidisciplinario Off Virtual Test.  Ganó el II Certamen Nacional de Narrativa y Poesía "Canto de Golondrinas" 2015. Mención honorifica en el certamen Cantos de Trova (2015). Premio Luis Cardoza y Aragón (2016), organizado en Antigua Guatemala. Premio Editorial Universitaria "Manuel José Arce" (2016). Su trabajo aparece en antologías, revistas y blogs. Ha publicado Asubhã (poesía; Editorial Universitaria, 2016).