martes, 9 de febrero de 2016

Poesía: Petite Sylvia

Por: Naz Z


Después de tres años, quedó sólo el eco de la ninfa.
Irremediable, cual niña malcriada.
¡Cuánto la adoré!
Aun sabiendo que ella nunca me amó.

Guardé el más vago recuerdo de cuando ella todavía sonreía.
Guardé esa sonrisa carmesí que derretía a cualquiera que la mirase.

Las cucharas sucias, los encendedores en la sucia alfombra, yo en esa habitación, el fruto en su vientre, concebido en alguna oleada de euforia y ebriedad, toda ésta tragicomedia era un error.

Grácil como un animalillo indefenso, se acercó, extendió sus brazos lívidos y una mueca se gestó en su boca seca.

"No me toques… moriría si me tocas", exclamé como absurda defensa.

"El auto que bien recuerdas, está a 25 pasos de aquí; dime si quieres dar esos pasos e ir conmigo", pregunté.

Sin sutileza respondió: "No".

Yo sabía que moriría sola.
Aun así… me fui.

Las luces neón alumbraban el camino, mi sombra se deformaba en el suelo.
Sabía que ella me miraba desde la ventana, soñando despierta con que tú, yo, u otro… la sacaríamos de ese agujero.
Pero ya no cree en cuentos de hadas, y sabe que cuando la puerta se abra de nuevo, podrá tener el próximo "chute".

Los opiáceos se usan para aliviar el dolor, ella aseguraba tener el dolor encarnado y escarbó para encontrarlo.

Murió de sobredosis, con el vientre y las muñecas abiertas.

4 comentarios:

  1. QUÉ BELLEZA!
    Justo a medio camino entre lo fantástico, lo sensual y el ensueño.
    De verdad, que me encantó!

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  2. Precioso Naz Z, y gracias a Karim por dárnoslo a conocer.

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  3. Por Dios... qué sensualidad se destila!
    Gracias!

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