sábado, 6 de febrero de 2016

Literatura: Ojos de sangre (novella) - Parte tres

Por: Nelson Ballestas Martínez


Toqué la cruz para sentir cuán soportable era el ardor, no lo era en lo más mínimo y fui por guantes de cocina. Eran enormes e incómodos, y de todas formas me era imposible soportar el calor que me irradiaba la cruz a través de ellos, fue entonces cuando me exigí pensar más creativamente. Rad debía seguir allí, lo sentía. Tomé un largo palo de escoba que se hallaba en el garaje, también unos alambres. Abrí y volteé la bolsa dejando caer la cruz en el suelo -Respiré hondo- había caído con el frente mirando hacia el suelo, coloqué suavemente el palo de escoba sobre la cruz, la madera se hacía caliente, pero era más soportable que tocarla directamente. Procedí a amarrar los alambres, uniendo con ellos cruz y palo de tal forma que la cruz fuese como la punta letal de una lanza. El alambre hacía más intenso el calor, y de no ser por los guantes hubiese dejado mi piel pegada sobre ellos. Entonces recordaba que Rad debía saber lo que yo hacía en ese momento, que debía estarme esperando en algún rincón de la casa, ello me daba fuerza para aguantar, para ignorar el ardor que sentían mis palmas. Noté todo el sudor que brotaba de mí una vez terminado el trabajo, era la prueba de que seguía siendo en gran parte un humano, “un humano con las debilidades de un vampiro. BONITO BODRIO” pensé sardónico. La cruz no iba a ser suficiente, debía darle un filo real a la lanza, lo sabía, quemar su piel sería inútil siendo él más rápido y más fuerte que yo, debía perforar su corazón, solo así podría darle muerte. Entonces vi la navaja de mi padre en un rincón, y con el mismo ímpetu, ardor, e ira, la até a la punta de la cruz usando los alambres, esta vez pensé que perdería las manos, mientras intentaba ahogar mis quejidos de dolor.

Pasé con cuidado por la entrada al garaje, tratando de no tropezar el cadáver de mi padre, también tratando de no verlo directamente, no lo hubiera soportado. Con el mismo sigilo me desplazaba por la cocina, la sala de estar, el pasillo. Mis manos enguantadas temblaban, pero se aferraban con fuerza a mi rústica lanza casera. Con algo de abstracción, adiviné que debía verme ridículo en ese momento, guantes de cocina, alambres, un palo, una cruz y una navaja, sería más irrisorio si los enormes y gruesos guantes llevaran dibujos de flores cosidos a lo largo de estos, aunque su diseño a cuadros no parecían dar la impresión de ser protección adecuada para la guerra. Tragué saliva. Mi mente viajaba a la ironía constante, estaba lleno de ella, y con el corazón comprimido. Si no hubiera ido con Ester, si hubiera pensado primero en mis padres ¿Estarian vivos aún? Me pregunté. Entonces lo supe, Rad me había puesto a prueba, me hizo creer que Ester estaba en mayor peligro para medir mi lealtad, no pasé, y el castigo había sido desproporcionado. Aferré con mayor fuerza la lanza, me hallaba lleno de una ira que nunca había podido imaginar. Mi vista se aclaraba, podía ver el rastro, los pasos que había dado ese maldito vampiro, sus huellas estaban impregnadas de una esencia nauseabunda, me dirigí al segundo piso, supe que debía estar allí, más exactamente, mi habitación... Podía ver a través de sus ojos.

Cuando dí un primer vistazo general a mi cuarto, no noté nada más que una extraña y abundante oscuridad de ventanas cerradas. Pero agucé la vista para identificar alguna sombra que estuviera donde no debía. Efectivamente, había algo allí, una sombra discordante en un rincón, inmóvil, amenazante, fingiendo no estar y casi consiguiendolo. Mi corazón sufrió un sobresalto demoníaco, un cosquilleo subió por mis piernas, “debo ser rápido, más rápido que esto” pensaba. Encendí la luz. Allí estaba Rad. 

-COBARDE. ¿VIENES A ENFRENTARME CON ESO? DESPUÉS DE TODO, ESO ERES, UN COBARDE ASQUEROSO, REPUGNANTE, NO MENOS QUE BASURA-

Sus palabras azotaban un agudo escalofrío sobre mí, me sentía febril, pesado, temeroso, mis pasos titubeaban. Me tomó un esfuerzo temerario el arrojarme contra él con la lanza en alto. Cuán grande fue mi sorpresa al ver que solo le bastó un giro para evadir mi ataque y al instante estar del otro lado de la pared, adherido a ella, con sus pies, con las palmas de sus manos abiertas… SOLO UN GIRO. Busqué su imagen con la vista y me topé con sus enormes ojos rojos, ROJO SANGRE O ROJO FUEGO, CAMBIABAN DE UNO A OTRO SIN PARAR. Y EN ELLOS, MI IMAGEN, UN PERDEDOR, REPUGNANTE, VULNERABLE. Me lancé por él en otro intento de estocada fallido, su evasiva implacable consistió en un salto por encima de mí, que lo ubicó en algún punto ciego a mi espalda. Lo busqué nuevamente, ya no estaba, había cruzado la puerta, pero aún no debía haber salido de la casa, podía sentirlo.

-¡Sal de donde quiera que estés engendro de satan!- Gritaba con todas mis fuerzas -¡No tenías que incluir a mi familia en esto! Debiste saberlo…- Mi voz se cuarteaba. Aún la imagen de mis padres me dolía con tal fuerza que entorpecía mi paso. Tomé aire, exclamé: TODO LO QUE TRAIGO PARA TI ES MUERTE ¿CREES QUE SOY UN COBARDE? DIME ¿CÓMO MATASTE A MIS PADRES? TÚ ERES LA MALDITA RATA COBARDE AQUÍ. TÚ ERES EL VERDADERO TRAIDOR. SAL DE DONDE ESTÉS DE UNA JODIDA VEZ. 

El ardor que me producía la lanza era cada vez más insoportable. Recordé cómo había traído a casa en una bolsa la punta de la susodicha, en ese momento no sentía ninguna incomodidad, debió ser por el material, la madera. Al ser el crucifijo de madera podría encontrar algún tipo de canal por el palo que también era hecho de la misma, “diablos, pude haberlo unido a un tubo PVC y ahorrarme todo este problema, pero estaba cegado por la ira”. Entre más penetrante e insoportable era aquel ardor, más fuerte apretaba mis manos, ello me recordaba lo importante que era dicha arma en las condiciones en las que me encontraba. Rad ni siquiera podía estar cerca de dicha arma, había huído acobardado a la más mínima oportunidad, eso era una prueba de lo efectiva que podría llegar a ser, sin embargo, debía ser consciente que entre más pasara el tiempo, más peligraba al no poder soportarla más y dejarla caer, allí, él, ese demonio aprovecharía para matarme.

Cerré los ojos un instante, lo que venía sospechando, y hace poco resultó casi evidente, podía ver a Rad, podía ver lo que veía, saber lo que pensaba, lo que sentía, lo que olía. Solo debía emplear el grado de concentración suficiente para lograrlo. Vi la cama de mis padres, su irritación, su… extraño miedo y algo más… Seguí caminando.

-¡Sé cómo y dónde hallarte! ¡No te puedes esconder todo el tiempo! ¡Debes salir y darme la cara! ¡Cada vez estoy más convencido que el cobarde eres tú!-

-¡Si sabes dónde estoy, ven. Te he estado esperando!- Exclamó con su voz que inundaba toda la casa -¡Ven por mí!-

Su nuevo tono me era desconcertante, comencé a dudar aun mucho más de mi brillante idea de confrontarlo. “Debo tener algún plan, él debe estar teniendo uno ahora, yo debo hacer lo mismo”. Pero debía ser honesto, para confrontar un vampiro no se me ocurría nada, menos en tales desventajas. La puerta de la alcoba de mis padres, al igual que las de toda la casa, estaban abiertas. Miré, y esta vez sin esfuerzo lo ubiqué sentado al costado de la cama donde ellos una vez durmieron. El susodicho no tenía ningún tipo de respeto ni consideración.

-¿Me has llamado cobarde? ¿Tú?- Soltó una pequeña risa cínica.

-Atacaste a mis padres en desventaja. Te metiste a mi casa, aprovechaste que estaba dormido para hacerlo. Sé que me tendiste esta trampa- 

-NO. Te la tendiste tú solo. Yo solo quería…- -Querías probar mi fidelidad. Lo sé- Le interrumpí. -¡Pero mi fidelidad hacia ti terminó cuando me obligaste a matar a ese chico! ¡Yo no iba a hacerlo!- 

-¿Entonces por qué lo hiciste?- 

-Maldito. Tú lo sabes- Me ardían más las manos. Apreté con más fuerza. 

-Quiero escucharlo de ti- 

-LO HICE POR MIEDO. PORQUE TÚ ME OBLIGASTE- Mis manos temblaron. Una risa se apoderaba de la habitación, me helaba la sangre, su maldita risa. 

-Lo mataste. MIRAME. LO MATASTE PORQUE ERES UN IDIOTA- Seguía riendo -SOLO TE MANIPULÉ PARA QUE LLEGARAS A DESPRECIARLO COMO SIEMPRE LO HICISTE. NUNCA TE OBLIGUÉ, PUDISTE SIEMPRE TOMAR TUS PROPIA DECISIONES- Reía, yo temblaba, la lanza, maldición la lanza… La aferraba con más fuerza.

-NOO- Grité -Tú Ibas a matarme también- Y entonces lo vi. Rad no pensó en matarme hasta después de haber ido con Ester, eso era lo que lo había molestado.

-Preferiste la seguridad de esa tonta cualquiera por encima de mí, DEBÍAS SERME LEAL ¿LO RECUERDAS? LO JURASTE. PUDE VER TU MIEDO, ME JUZGASTE CON TU MIEDO A FLOR DE PIEL Y ME TRAICIONASTE- Ya no reía, estaba molesto. El maldito ardor… 

Un estrepitoso ruido sonó en la habitación. Solté la rústica lanza. Luego otra carcajada, pero esta era mía. Me reí frenéticamente como aquella vez en que rompí el rostro del hermano de Orwald. Era furia, impotencia, miedo, pero esas no son razones por las que uno ríe, lo que me divertía y me divirtió siempre era la fina forma, el milimétrico orden que tenía la ironía. Evidentemente, no podía ser una risa que pareciese franca, era una risa demencial. Miré a Rad, lo vi a esos ojos demenciales desorbitados, desconcertados. Podía leerme, olerme, pero no me descifraba a plenitud y eso le incomodaba.

-DE QUÉ DIABLOS TE RÍES- 

-De algo que dijiste… LO MATÉ POR IDIOTA…- Seguí con más fuerza, más de la que esperaba tener. Sentía los dolores punzantes de las viejas fracturas, y aun así, no paraba -Por… porque… PORQUE SOY UN IDIOTA- Más, mucha más. Mi cuerpo se contraía, pronto no pude mantenerme en pie. Abracé mis piernas para intentar contenerme sin lograrlo. Seguía riendo... 

-Tus ojos, ahora han cambiado- Murmuró Rad todavía confuso. 

Fui quedándome sin fuerzas poco a poco. Me causaban curiosidad las palabras de Rad. Fuera lo que fuera, debía saberlo. Me puse en pié, un poco mareado y volteé a ver un espejo a mi costado que mostraba medio cuerpo. Vi mis ojos. Eran rojos, mis iris lo eran. Rad no aparecía reflejado en él a pesar de que sabía que allí se encontraba, y yo, yo tenía sus mismos ojos ahora. Esbocé una sonrisa.

-Rad, dime ¿Nunca has visto tus ojos?- Lo miré.

-No, no cuando me transformé en vampiro- Ahora su mirada era fija e inquisidora. 

-Pues, míralos. Así son. Justo así- Tomé una pausa para pensar un rato. El tiempo se hacía fatigoso, desconocía la hora, y las horas en las que había procedido con cada acción en ese mismo día, solo podía asegurar que me encontraba viviendo un infierno, pero no iba a quemarme solo, ya no. Con voz imponente me recuperé la fuerza que había perdido, recuperé la ira, el odio e inquirí. 

-DIME RAD. QUIERO OIR DE TU VOZ. POR QUÉ MIERDA MATASTE A MIS PADRES-

-¿POR QUÉ MÁS? PORQUE ME TRAICIONAS…-

-NO- Le interrumpí -NO FUE POR ESO MALDITO. YO, YA SÉ LA VERDAD. TU PÚTRIDA Y ASQUEROSA VERDAD. AHORA PUEDO VERTE, Y LA PEOR PARTE PARA TI, ES QUE TÚ NO PUEDES VERME A MÍ-

-¡CALLATE!-

-NO. VAS A ESCUCHARME, TE MUERES DE GANAS POR HACERLO, POR SABER QUÉ PUEDO VER DE TI, SUCIO Y ASQUEROSO- 

-SABES QUE ESTÁS EN DESVENTAJA ¿NO? SABES QUE AHORA PUEDO MATARTE CUANDO QUIERA. YO EN TU LUGAR CUIDARÍA MIS PALABRAS- 

Reí, por el simple hecho de que aún no se percatara de lo poco que me importaba mantenerme con vida en ese momento. De todas formas, tampoco iba a entenderlo. Ello constataba que ahora mi ventaja era de un tipo más abstracta, y esa certeza alentaba mi nuevo auge de euforia.

-Tú oirás lo que te voy a decir, lo sé- Dije con un volumen menor, apuntándole con el dedo, y no con menos firmeza -Para empezar, sé por qué no me has matado aún. Aún, crees que voy a servirte a tus absurdas y podridas ambiciones. DIME, cuánto tiempo te la has pasado intentando reunir tu estúpido ejército de vampiros sin lograrlo. Lo más graciosos de todo, es que debes llevar siglos en eso, sin encontrar al idiota que pueda servirte.

-CALLATE- 

-Eres un pésimo líder. Manipulas, mientes, bien, pero cuando estás en apuros, haces estupideces como estas ¿no? Porque no solo eres un cobarde, eres un mediocre, un inútil. Y ya debiste haberme matado, ya que no voy a servirte, y lo sabes. NO DESPUÉS DE QUE MATARAS A MIS PADRES MALDITO DEGENERADO- 

Se puso de pié. Su rostro llevaba una expresión de ira como nunca había visto en mi vida. Sus puños cerrados, tensos, sus ojos enrojecidos, su respiración crepitante, sus puntiagudos colmillos, su aura toda. La comprendía, la descifraba a la perfección y aun así no podía evitar que temblaran mis piernas. 

-TE HAS GANADO LA MUERTE- 

-TUS PADRES TAMBIÉN FUERON ASESINADOS POR UN VAMPIRO ¿CIERTO? ¡¿CIERTO?!- Interrogué invocando todo mi ímpetu. Rad dió un paso atrás, y lo celebré internamente. 

-Sí… SÍ ¿A DÓNDE PRETENDES LLEGAR CON ESO? ¿QUÉ PRETENDES GANAR CON TODO ESO?- 

-Nada... Solo probarme a mí mismo, que no tenía nada que envidiarte. Que eres un ser despreciable sin ningún tipo de gloria. Que me enseñaste a matarte por una razón, y es que en el fondo sabes que no mereces seguir viviendo. ME QUITASTE LO ÚNICO IMPORTANTE EN MI VIDA, Y ESO NO TE LO VOY A PERDONAR- 

-¿Y qué harás?- Volvía a retomar su tono sarcástico. 

-Nada. Ya perdí. Pero ahora sé que tú has perdido más que yo- Mis ojos se aguaron, y Rad sonreía como si yo acabara de decir un chiste.

-¿En qué parte se supone que he perdido más que tú?- risas -¿Te ofrecí vida eterna. Acaso no es eso superior a cualquier cosa que hayas podido perder? Cuando los años pasaron, y el recuerdo de mis padres se desvanecía, me di cuenta que yo era superior a ellos, que era superior a los recuerdos ¡Al mismo tiempo!- 

-NO. PORQUE EL TIEMPO PASA SOBRE TI, PUEDES VER COMO LO HACE Y LO SABES MÁS QUE NADIE. TE ESTÁS QUEDANDO SOLO, SIEMPRE TE QUEDAS SOLO AL FINAL, ESO ES LO QUE MÁS TEMES, Y POR ESO QUIERES MORIR, POR ESO ARRUINAS TUS PROPIOS PLANES. TU EJÉRCITO JAMÁS SE CONFORMARÁ PORQUE SIGUES EL CAMINO DE LA AUTODESTRUCCIÓN. POR ESO TÚ PIERDES, ya estás muerto-

Saltó sobre mí tan fuerte que casi caigo inconsciente en el suelo. Miré la improvisada lanza que articulé en mi defensa, era intensa y ya lastimaba mi vista. Todo lo sentí venir en cámara lenta. Rad abriendo la boca en una horcajada gigante, sus malditos y relucientes colmillos penetrando mi cuello, reventando alguna vena, entre algunas arterias. El recuerdo de mi madre, el de mi padre, Orwald, aquel desafortunado chico que perdía a su hermano, y Ester, rebosante de vida, y ojalá a salvo, pero ello ya no importaba tanto. Vi la sangre saltando hacia mi cara y lo supe… A Rad debía dolerle perderme más de lo que me dolía a mí morir, nunca me estimó realmente, pero en su soledad debía aferrarse a las pocas esperanzas que se le cruzaran en su camino ¿Cuántos años pasarían para que volviera a encontrar a alguien que lo siguiera en su soledad? ¿Cuántos más para poder ver siquiera una pequeña parte de su ejército reuniéndose, antes de sabotearse a sí mismo nuevamente? Absurdas preocupaciones que se desvanecieron al instante, no me importaban. Ya no me importaba nada, solo había muerte en mi camino.

Querido lector, no sienta lástima, si mi karma no le resulta justo, me alegra saberlo, pero no me es necesario ahora. Quizás el punto al que quería llegar se haya diluído en toda esta parafernalia que ha sido revivir un recuerdo muerto, eso es lo que ocurre cuando invocamos al viento, y repito hay que abrir la mente para poder entender ¿Entender qué? Lo dejo en tus manos ahora… Pues mi voz… Se diluye... 


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