sábado, 11 de junio de 2016

Música: Schubert - Semblanza de una vida inconclusa

Por: Uriel Delac


Oportunidades de vida que no se presentaron para algunos genios a través de la historia. Un físico inglés que pudo haber adelantado el siglo XXI a grandes pasos, Henry Moseley, murió durante la Primera Guerra Mundial a los 28 años. El escritor francés Raymond Radiguet alcanzó solamente dos décadas de vida, a tiempo de sacarse El diablo del cuerpo; y su compatriota Rimbaud, poeta como pocos, ya había escrito toda la obra que le conocemos a los 19 años y no escribió una línea más en el resto de sus días.

Franz Schubert, por Gustav Klimt (1899)
Fue el caso del músico austriaco Franz Peter Schubert (31 de enero de 1797 - 19 de noviembre de 1828), uno entre tantos de los que en el romántico siglo XIX murieron a temprana edad, víctima de dos enfermedades que hoy en día tienen una cura segura: la gonorrea y la fiebre tifoidea.

La imagen de un Schubert soñador, apacible y virginal que las ilustraciones de la época o el pincel de los idealistas contemporáneos nos han ofrecido, se aparta a ratos de la realidad de un bohemio que disfrutó de sus años mozos como cualquier parrandero y casanova de ocasión, que además padecía de lo que actualmente llamamos trastorno bipolar. El cine se encargó también de reforzarnos esa idea y apareció Claude Laydu en los años cincuenta del siglo pasado, en una cinta franco-italiana, Sinfonía de Amor, en la que Franz debatía su espíritu entre la hierática belleza de Marina Vlady y el rostro picado de viruelas del personaje encarnado por Lucía Bosé.

Schubertiada en Viena, por Julius Schmid (1897)
Melancólico o simplón, lo cierto es que Schubert no debió de haber tenido mucho tiempo que perder. El catálogo de sus obras habla en forma elocuente de su trabajo constante y de la variedad de géneros en los que incursionó: desde la música sacra, hasta los alegres ejercicios escénicos que aparecen clasificados como operetas, sin pasar por alto la titánica labor de sus sinfonías.

En el terreno del lied no abundan casos de tanta prolijidad, ni siquiera entre los músicos que se dedicaron absolutamente a este género. Más de 600 canciones con letras de ilustres poetas como Goethe, Schiller, Klopstock, Metastasio, Pope y Schleger; o de desconocidos y mediocres versificadores (como Wilhelm Müller) han sobrevivido gracias al trabajo musical que Schubert desarrolló en La bella molinera, La muerte y la doncella, El rey de Thule, Viaje de invierno y El rey de los elfos, por mencionar solamente algunos de ellos. 

Interior de la Capilla Imperial de Viena
Para el piano, instrumento que amó particularmente, el que fuera joven privilegiado en pertenecer a la Capilla Imperial de Viena (fue cantor del más importante coro infantil del mundo: Die Wiener Sängerknaben), escribió sonatas, fantasías y los famosos impromptus. En sus momentos de genialidad musical, transcribió para este instrumento la forma del lied con enorme éxito. A pesar de la indiscutible factura de primer orden y de las oportunidades de lucimiento para el intérprete, los virtuosos de hoy parecen haber dejado en un letargo injustificado sus piezas, relegándolas como encores ocasionales de magnos conciertos.

Residencia de los Niños Cantores de Viena
Romántico en su correcta acepción por los impulsos que movieron su música, por los temas de su predilección y las espontáneas melodías que fluyeron de su inspiración, clásico de formación, admirador de Beethoven y heredero de la tradición austriaca que Mozart y Haydn legaron, Schubert se metió de lleno en casi todos los géneros a la mano. La ópera, espectáculo que le rodeó en su amada Viena, parece no haber sido objeto de su inspiración, aunque los intentos y nombres de partituras perdidas nos hablan acaso de un acercamiento bastante tímido. De su música para la escena, ha sobrevivido Rosamunda, la cual nos describe un compositor con posibilidades para la danza que no explotó como debiera.

Interior de la casa de Franz Schubert en Viena
Sería imposible obviar el laborioso catálogo de música de cámara del compositor. Cuartetos, quintetos y tríos, además de sonatas y nocturnos que se mantienen como repertorio básico del género con justa razón. Si alguna vez el lector ha escuchado La Trucha o La muerte y la doncella, las palabras salen sobrando.

De la clasificación de su obra es necesario hacer un breve paréntesis para aclarar algunos puntos. En el desordenado catálogo original, aparecían una serie de obras inexistentes o incluidas en otros opus. Por este motivo, el musicólogo Otto E. Deutsch en 1951 ordenó el caos y puso en claro toda la obra del vienés. Rectificó el error de atribuirle diez sinfonías, del año y lugar que ocupa la archifamosa Inconclusa, en realidad, la séptima y no la última. Este esfuerzo de Detusch ha sido reconocido en forma indeleble y de eterno acompañamiento en las obras del músico: la letra D que junto al número de catálogo sustituye al tradicional opus del resto de los compositores, con excepción de las obras de Bach y Mozart.

Tumba de Franz Schubert en Viena
Muy al gusto de los románticos, dos de sus sinfonías llevan un sugestivo calificativo en aposición: la Cuarta, conocida como Trágica; y la Novena, La Grande. Obviamente el carácter que imprimió a su música en el caso de la Cuarta o las dimensiones que desbordaban los moldes convencionales de una sinfonía tradicional a principios del siglo XIX (con excepción de la Coral beethoveniana), posibilitaron a La Grande llamarse así y, a la vez, haber permanecido unas cuantas décadas en el olvido, desdeñada por orquestas y directores que la consideraban extremadamente compleja y larga.

La indudable capacidad como orquestador y la clásica disposición de los elementos sinfónicos al servicio de su drama interior, colocan a Schubert entre los grandes sinfonistas de siempre, junto a otros alemanes y austriacos. Cabe mencionar el esfuerzo de amigos como Shober, de su hermano Ferdinand y de músicos sin egolatrías reconocidas como Mendelssohn, para el destino de su música y su llegada a los oídos de grandes auditorios. Las precarias condiciones en que vivió, el desorden en la clasificación de su obra y otros elementos ajenos, nos hubieran mantenido muchos años más, alejados del patrimonio de uno de los más grandes músicos de la historia


4 comentarios:

  1. Que reseña mas deliciosa.
    Gracias por escribir sobre este gran músico, de manera sencilla y amena; este pobre profrano en el tema te lo agradece.
    ¡Maravilloso artículo !

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    1. Por cierto... ese precioso cuadro de Klimt, no lo conocía.
      Que belleza !

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  2. Siempre he pensado que Schubert es mucho más que el Ave María. Por cierto, en el enlace ¿quiénes son los intérpretes? Siento preguntar, pero no sé gran cosa de intérpretes. Como sea, es una sinfonía deliciosa.

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  3. Tremendo artículo, una excelente introducción al arte de Schubert.

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