viernes, 24 de agosto de 2018

Poesía: Príapo

Por: Rigardo Márquez Luis


Himeneo - Nicolas Poussin (1638)


¡Oh, dulce Príapo!
Que entre los taludes secretos,
mi inocencia cató.
Lame mis lunas erógenas esta noche.
Visita la abadía tempestiva de mi carne,
como lo hacías antes de mi florecer.

¡Oh, mi señor Príapo!
Que en la eromancia de mis sueños,
el placer musitó.
No hay vergüenza en el gozo, sólo en el reprimirlo.
No importa si es entre rosas u osarios,
deja tu semilla en mi vergel de lo innombrado.

¡Oh, mi erastés Príapo!
Embriágame en vicio lacedemonio.
Eres la pulsión que arde entre mi piel.
Clamó a la cornucopia para que pose,
en mis lienzos dolosos y andantes.

¡Oh, mi dios Príapo!
Mi lengua ofrenda su melodía en tu laúd.
Mi lascivia se derrama como lluvia de oro en la ilicitud.
Déjame morir en la adicción de tu invirtud.
Soy la meretriz de lo obsceno en este albur.


lunes, 20 de agosto de 2018

Poesía: Olvido

Por: Katerina Beaumont (Bohe)


La playa del olvido - Alberto Pancorbo


El mundo; canto efímero...
melodía intermitente 
para nuestras almas sordas y ciegas. 
Hay cosas frágiles, 
también perpetuas, 
cosas que estaban rotas sin siquiera saberlo. 
Entonces conocemos aquella utopía; 
la utopía falsa del olvido.

Los vidrios rotos, 
las promesas remendadas y las miradas perdidas 
lo buscan en algún punto, 
intentando aliviar el dolor 
con el néctar dulce de la inexistencia.
Lentamente los cuerpos se vuelven sombra 
y las sombras se alejan hasta volverse un recuerdo; 
pero éste también quiere olvidar.

¿Entonces a dónde iremos?
Si los caminos se hacen polvo 
y siguen una falsa utopía.
El olvido mismo huye de su concepto 
y desconoce su existencia, 
pero la existencia sin notarlo 
lentamente se entrega al reflejo inestable del olvido.

Bajo la lluvia de sonrisas, 
quisiera olvidar.
Entre el silencio y las palabras, 
quisiera olvidar.
Con las luces artificiales y los sonidos de la calle, 
quisiera olvidar.

Quisiera no querer,
pero ya olvidé por qué.


Bohe


viernes, 17 de agosto de 2018

Literatura: La visita más esperada (relato breve)

Por: Jonathan Valdéz Santos


Muerte y vida - Recreación de Inge Prader sobre un cuadro de Gustav Klimt (1916)

Sentí cuando llegó. La habitación cayó rendida ante su frialdad y esencia tan inefable. La hora había llegado y yo estaba consciente de ello. Suspiré y traté de esbozar una sonrisa para recibirla con educación, pero las fuerzas ya no me daban ni siquiera para arquear mis labios.

—Tardaste — Le dije sin poder mirarla todavía. —Vaya que me has hecho esperar.
No contestó. Me Miraba.
La podía sentir cerca. Sabía que si giraba un poco la cabeza podría obsérvala y terminar con todo de una vez. No lo hice. Me mantuve estático en mi cama vieja con la mirada recta apuntando a la nada. Probablemente no habían pasado ni treinta segundos desde su llegada, pero para mi mortal existencia se antojaban milenios. Pensándolo mejor... el tiempo había perdido regla y forma.
— Es hora de partir — Su voz era áspera y profunda. Digna de leyenda. Digna de lo que era...
Finalmente comenzó a avanzar. Por el rabillo de mi ojo izquierdo la vi acercarse y tomar forma como lo hace un vehículo después de encandilarte con sus luces. Con dificultades logré enfocarla; he ahí ante mí, eso a lo que todos temen. La encargada de ponerle fin al comienzo. La encargada de comenzar el fin...
—¿Puedes darme unos minutos? — pedí. — Después de eso me voy contigo sin resistencia alguna...
Se mantuvo tanto tiempo en silencio que llegué a pensar que había ignorado mi petición por completo. Pero al final respondió...
—Humanos... jamás aprenden. ¿Qué quieres hacer antes de marcharte?
Se notaba cansada. Su trabajo no le permitía descanso alguno.
— Conversar contigo.
Hablé directo y con empatía. Pude notar que mi petición la tomó por sorpresa. No fue de su desagrado en lo absoluto así que sin darle tiempo a que me confirmará lo que parecía obvio lancé mi pregunta como una moneda al aire:
— ¿Cómo te sientes?
Estoy seguro de que en toda su existencia jamás nunca alguien le había realizado esa simple pregunta. Su sorpresa era notoria y al parecer, había logrado crear un pequeño vínculo entre yo y ella.
— No sé — arrastraba las palabras. Su voz dejó de parecer tan imponente. Estaba en shock e inclusive nerviosa. Jamás había tenido que pensar ni siquiera ella misma en cómo se sentía, con una mierda, no terminaba de comprender por completo el término; sentir...

Nuevamente sin darle tiempo de reaccionar escupí otra tanda de preguntas... y ahí estábamos... Hombre y muerte... Charlando en una habitación con un ambiente grisáceo y esquinas polvorientas que pronto se convertirían en testigos de mi fallecimiento. El mundo entero miraba a través de mi ventana y un aire frío corría con prevención; hasta él respetaba el ente que se alzaba glorioso ante mí. Miles de años de sabiduría se encontraban dentro del ser que me miraba con detenimiento. Del ser más viejo y que ha habitado este planeta desde su génesis.
— ¿A dónde me llevarás? — En mis palabras no había rastro de miedo, todavía.
— Al Límite.
Podía notar que su disposición por hablar había crecido enormemente. Era de esperarse cuando tienes miles de años sin conversar con nadie.
— ¿Cuál límite? ¿El límite de qué?
— Es el final de la realidad que conoces. Que conocemos. Mi trabajo es guiarte hasta ahí donde serás recibido por él.
— ¿Por quién? ¿Por Dios? ¿El Diablo? ¡¿Me iré al infierno?! — me asusté un poco ante la posibilidad. Supongo que el miedo es parte de ser humano...
— Lamento desilusionarte hombre, pero ni siquiera yo sé que ocurre más allá del Límite. El ser al que tú llamas Dios es tan incomprensible para mí como lo es para ti. El que ocurre con ustedes después de pasar por mis manos ni yo lo sé.
En ese momento comprendí que su labor radicaba exclusivamente en esta realidad. Así que traté de replantear mis preguntas. Por las demás cuestiones no me preocupaba... en poco tiempo viviría las respuestas en carne propia...
— ¿Cómo decides quien debe morir y cuando debe de hacerlo?
Continúe más ansioso que nunca.
— No lo hago. Yo no puedo arrebatarle la vida a nadie. No tengo ningún poder sobre ustedes. Yo solo merodeo por ahí, avanzó y los observó esperando que mueran de alguna forma, cuando esto pasa me acercó y recojo lo que ustedes llaman alma, y lo llevó al lugar del que te hablé.
— ¿Eso quiere decir que el tiempo que me queda de vida no lo estas controlando tú?
— No. Pero por tu olor sé que no te falta mucho y por eso he venido, para terminar más rápido mi labor contigo.
Estaba impresionado, hasta ahora nada era como imaginaba o como había escuchado.
— Si tú estás aquí ahora, ¿Qué pasa con la gente que está muriendo en estos instantes?
— Sus almas deben esperar mi llegada a un costado de sus cuerpos.
— ¿Por qué no podemos ver las almas de esas personas?
— Porqué son del mismo estado que yo. ¿Acaso podías verme a mí? Ahora lo haces porque yo lo permito.
— ¿Ellos pueden permitirlo?
— Se necesita mucha práctica para dominar la técnica, normalmente nunca pasan tanto tiempo aquí como para aprender a realizarlo, aunque algunos pocos pueden manifestarse ligeramente entre ustedes.
— ¿Son a los que llamamos fantasmas?
— Prácticamente. Aunque solo son almas confundidas y asustadas que logran evadirme por un tiempo.

Muchas cosas estaban tomando sentido. Mi forma de ver el mundo estaba cambiando, aunque muy tarde; podía sentir como la vida se me escapaba poco a poco debido al cáncer que me devoraba por dentro. Tenía que aprovechar el poco tiempo que me quedaba.
— Hace un par de años mi hijo de tan solo un año murió... ¿Lo recuerdas?
— Por supuesto. Jamás olvido a nadie. Menos a un ser tan joven e inocente como Carlitos, las almas de los niños al igual que la de los animales son mis favoritas, aunque suene un poco cruel. Ellos no cuestionan y el fallecer parece importarles poco, sonríen y aunque no hablan, emiten sonidos cómicos y me tocan con curiosidad durante el recorrido.
En ese punto las lágrimas brotaron de mis ojos. ¿Lo veré después de todo? Pregunté, pero su silencio respondió por ella. No lo sabía.
— Tienes suerte de ser lo que eres — por primera vez era ella quien proseguía con la charla — los humanos son los seres más perfectos de todo el universo. Son los únicos capaces de comprender la mayor parte de lo ocurre a su alrededor, hay algunas cosas que ustedes entienden y yo no, ustedes pueden sentir y demostrarlo como ninguna otra forma de vida puede hacerlo. Ustedes pueden dar amor, pero, sobre todo; recibirlo.
— ¿Tú no? — limpié mis lágrimas con un solo movimiento.
— Yo amo muchas cosas. Me he enamorado millones de veces durante toda mi existencia, pero... nunca nadie lo ha hecho de mí. Nadie nunca se ha tomado la molestia. No puedes comprender... lo difícil que es amar a un ser y saber que la única vez que lo tendrás entre tus manos será para llevarlo lejos de ti para siempre.
Increíblemente su voz comenzaba a quebrarse, a escucharse más humana. Algún día lo fue, no tuve que preguntárselo para saberlo.
— ¿De quién fue la última persona de la que estuviste enamorada?
— He amado tanto humanos como animales. La última persona que me enamoró por completo fue una niña de 6 años. La miraba todo el tiempo. La seguía a donde sea y observaba como repartía cariño sin mirar a quien. Deseaba no tener que ir a por ella nunca, pero... un día cruzó la calle sin mirar a los costados y pues... Jamás odié tanto mi trabajo como ese día.
— Hay algo que debo preguntarte antes de partir.
— Si, dime...
Dejé pasar unos segundos, no sabía si era algo que ella pudiera responderme y además estaba fuera de contexto, pero igual lo hice:
— ¿Cuál es el sentido de la vida?
 La pregunta ocasionó un silencio prolongado. Le di tiempo de pensar. Mi enfermedad me avisó con un dolor punzante que ya era hora. Que no podía esperar más, pero no estaba decidido a irme sin saber la respuesta a aquella pregunta milenaria.
— ¿Sabes por qué los humanos jamás logran ponerse de acuerdo en la respuesta de esa pregunta? — me quede en silencio esperando que me lo dijera — porqué no existe como tal. No es algo que tengas que buscar como un tesoro, sino más bien algo que debes de construir como una casa. No existe un sentido de la vida, sino miles de millones, uno para cada ser vivo que hay en este planeta. Cada uno a su modo, cada uno a sus gustos. Si alguien vive para matar, entonces el sentido de su vida será ese, ser un asesino ¿Y sabes qué? Está bien, porque para él está bien. Sea injusto o no, pero para él es lo correcto y es lo que dará por cumplida la misión de su vida y lo mismo pasa para quien vive por sexo o dinero o lo que sea, lo que sea que se te ocurra estará bien por que al final de cuenta. Hayas echo lo que hayas echo, siempre pasaran por mis manos.
No respondí. No tenía palabras para hacerlo.
— Nuevamente repito que ustedes son el ser más perfecto del universo, pero lo que más les envidio es que ustedes... ustedes... pueden morir.
Me di por satisfecho. Y estoy segura que ella también.

Para cuando terminó de hablar se abalanzó hacía mí después de una mirada ilegible y todo se tornó oscuro por un momento. Al aclararse mi vista nuevamente supe que me dirigía al Límite del que me había hablado. Les platicaría como es de este lado, pero no quiero arruinarles el final de su historia.

lunes, 13 de agosto de 2018

Poesía: El recuento de los daños

Por: Dinorah Martínez Prieto


Memory (1948) - René Magritte


Hay veces que quisiera
perseguir esa ilusión,
aunque sea un momentáneo engaño,
pero no busco más sufrimiento.

Todavía sigo recogiendo los fragmentos
que están regados en el piso,
después de tu estancia
en mi vida.

Trato de evitar quebrarme más
ya que sigo frágil,
y solo quiero continuar
con este largo viaje.

Levanto esos pedazos de sueños,
mientras esbozo una mueca.
Entretanto, una lágrima aparece
para caer en este hueco pecho.

Mi cabeza lleva la cuenta
del daño sufrido,
y anhela el día en que
ya no necesite reconstruir más.


domingo, 12 de agosto de 2018

Entremeses Culturales I: El cubismo

Por: Daphy

El cubismo como género pictórico derivó su nombre de una observación derogatoria que Henri Matisse (1869-1965) hace con referencia a un cuadro de Georges Braque intitulado Mujer con mandolina, inspirado a su vez en una obra de Camille Corot.

Al observarlo, Matisse exclamó que el paisaje parecía como si estuviera formado completamente por pequeños cubos.


Artista: Georges Braque (1882-1963)
Tamaño: 1.3 m x 97 cm
Material: Pintura al aceite
Fecha de creación: 1910


miércoles, 8 de agosto de 2018

Poesía: Sentence

Por: Ciarán Cork




Convinced myself in this life: last; next
That somehow this was a game
And somehow it was fixed
I look down at my hand, 
The seven, the queen, the jack of hate
Then I see the Joker - and he smiles 
at my fate 
I cry and my noise almost drowns the bloodied tears
But the Joker laughs in hysteria -
and that confirms my earthly fears
How funny he looks, frolicking in his colourful clothes, boots and jingle hat.

His smile would crucify you
The torment of 
1000 fallen angels
beyond earthly comprehension
I resist and experience a surge of tension.

A brief struggle against his tune, but soon I fall under his colourful spell.
My heartbeat ceases, the sinews relax -
dealt a new hand
a new game
a new plan

But there he sprawls in the pack
Waiting, wide-eyed - dancing anxiously for you since he fell...


miércoles, 1 de agosto de 2018

Poesía: Fata Morgana

Por: Helena Zirot





                  Para L.  
Aunque nunca lo leas...


Anclada, 
a las ruinas de una ciudad deshabitada.
Errabunda, 
entre edificios destruidos.
Levanto la vista al horizonte
y observo:
ante mí, 
figuras a lo lejos, 
tenues sombras brillantes en el aire...

Espejismos, 
como un sueño recurrente.
Sueño de  voces que susurran,
sueño de miradas, 
sueño de manos, 
sueño de cabellos color chocolate,
miel espesa que amarga los labios a su tacto. 

Más allá,
del túnel infinito de una puerta,
del muro inaccesible del silencio,
oculto el rostro entre mis palmas.

Afuera, 
luego de un camino ya vetado,
el culpable ignora el crimen. 
Polvo sordo al agua,
tierra áspera en que ya no crecen tulipanes 

No obstante, 
hambrienta de luz, 
furibunda, 
ensimismada, 
incrustada dentro, 
al acecho de un instante, 
una semilla germina en mi interior: 
bosque latente pronosticado por los sabios,
destinado a derribar todos los muros.
Árbol que bebe agua salada 
y crece por fin luego de siglos.


Delicado follaje que se extiende,
traspasando las esquinas de éste cuarto:
flores por doquier, 
raíces, 
ramas como brazos
alzadas a los cielos.

Hojas danzantes de gozo. 
Después de un milenio
acarician nubes, 
se yerguen, 
se rompen y se elevan.
Disipando espejismos,
hasta tocar el sol...


martes, 24 de julio de 2018

Poesía: Poema simple

Por: Erika Cristina Rodríguez Padrón


Víctor Panchenko - Alter ego

Para ti, mi tiempo y este poema simple,
es lo mejor que puedo ofrecerte
de todo lo que poseo
y las diminutas gotas de agua,
reflectando el arcoíris,
para provocar tu sonrisa.
 
Para dar gracias por tu presencia,
y decirte que eres tú,
el único motivo que mueve mi Universo.
 

Esos destellos luminiscentes
frente a los rayos del Sol,
alrededor de tu pelo,
me recuerdan que eres
el ángel que me eligió,
lo sé, porque luego de una cansada jornada,
tu mirada me sosiega y tu voz.
 
Estos versos que no riman,
son el intento de agradecer,
que seas el norte de mi loca brújula,
por tu mano firme cuando he caído,
tus lágrimas de felicidad
y tus besos sin fin.
 
Este poema simple es para ti,
que me has mostrado
como alcanzar los sueños,
a conquistar los miedos,
porque hoy eres hoja, piedra, semilla,
mañana eres trueno, relámpago y volcán,
eres una maravilla.

Y me escondes en tu pecho,
con total fragilidad,
abrigando mi alma
a la par de mi cuerpo,
para resguardarme del mundo
y te vuelves mi hogar.

Si no estuvieras aquí,
serías todo lo que me hiciera falta,
mi persona preferida,
gracias por ser y estar.

Mi esencia, mi gran amor,
mi amor más grande,
mi ángel celestial.


© Poema Simple | Erika Cristina Rodríguez Padrón | México


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Erika Cristina Rodríguez Padrón nace en Camargo Chihuahua, radica en Villahermosa Tabasco desde 1988, es Licenciada en Administración por el ITVH; se ha desempeñado como Administrativa, Docente Universitaria, Instructora con Enfoque Humano, Locutora de Radio en Programas de corte Literario Internacional y Conferencista. Escribe su primer novela corta a los 13 años, LAS FLORES DEL JARRÓN, pero es a partir del 2002 que toma de lleno la escritura, en las ramas de Poesía, Relato, Cuento y Novela. Ha ganado concursos de Declamación y Poesía y sus obras literarias han sido publicadas y difundidas de manera impresa, digital y/o audiovisual en México y otros países; algunos de sus trabajos literarios son utilizados en terapias de pacientes con enfermedades psicológicas o terminales. En sus recientes obras personales, cuentan: PÚRPURA Y AZUL Antología Poética 2015 y una Colección Poética de 3 volúmenes: CÓSMICO GAMMA, CÓSMICO FI y CÓSMICO OMEGA, próxima a su lanzamiento. En conjunto con otros escritores ha realizado Publicaciones Nacionales e Internacionales en los que cuenta: 11 Libros de Poemas, 5 Revistas y exposición de sus trabajos en Blogs y Páginas Literarias. Es redactora en la Revista Alacrán con sede en Madrid y en la revista Crazy Mate, en México. Ha sido prologuista de 3 ediciones, dos en España y una en México; ha sido Jurado en Certámenes de Poesía, Declamación, Oratoria, Canto, Lectura y Baile, en diversas instituciones públicas y privadas del Estado de Tabasco. Dentro de las Conferencias que imparte, enfoca la literatura a jóvenes en nivel medio y superior y realiza Recitales Poéticos.

"No escribo para ser famosa, aunque mi mayor satisfacción es escuchar mis creaciones en otra voz. Escribo por respeto al poder de las palabras, porque escribir me permite ordenar mis ideas y entender los sucesos que rodean mi espacio personal y mis mundos, el tangible y el intangible. Escribo para hacer eterno un sentimiento, porque si no escribiera, mi alma pertenecería ya a otro plano". | Erika Padrón



jueves, 12 de julio de 2018

Poesía: Secretos poéticos

Por: Elías Enrique Viqueira Lasprilla


Theresa Lillian - Heart and soul (2012)


Me gusta ordeñar letras,
me gusta cantar palabras,
de esas que salen de mis poemas,
de esas que son para tu casa.
 
¡Me gusta verte!
Me gusta verte enamorada,
para cuando ya sepas
que soy yo, tu alma entregada.
 
Me maquillo de muerte
para que no veas mi boca apenada,
esa que tanto te quiere,
y ahora se queda por tus besos, adormilada.
 
Tu cuerpo, ¡sangría metamórfica!,
esencia en celo de yegua afrutada
sobre Sodoma y Gomorra,
ellos entenderán esta lujuria tan poetizada.
 
Mírome, Dios, y veo un espíritu
que reseco de sedes en nada
por santas vidas y cariño infausto,
ahora soy un hombre para mi dama.
 
Lágrimas en diamante,
poeta que sangra saga,
la que cuenta evangelios
para una nueva biblia sagrada.
 
Ésa se llamará
Doliente es mi alma,
que por algunos miserables,
ahora ando con nueva lengua literata.
 
Puedo ser guarro cuando quiera,
romántico también, para mi mujer hechizada,
y para su cándido vergel,
seré Longino portando su valiosa lanza.
 
Será mejor que acabe este poema
o mi historia se hará larga,
tal vez leyenda para el futuro
o eternidad a Dios, “galleta” blanca.

© 2017 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.

sábado, 7 de julio de 2018

Literatura: Dos mini ficciones.

Por: José Avendaño
 

El imperio de las luces (1954), René Magritte.


I. Oda de un viejo piano

Tendido en un oscuro pabellón colmado de enfermos, sus ojos mustios guardan con recelo un brillo oculto: Zaratustra habla por esos ojos ya difusos.
En una esquina, su único compañero es un viejo piano traído de un burdel: cuando se siente triste —que es la mayoría de las ocasiones— posa en él su mirada por mucho tiempo. A su lado, pasan sin ver otros que como él sufren. La impotencia más grande es ver el objeto amado y no entender lo que se siente.

 

II. La creación

Reconocido por su excentricidad, su trabajo serviría después para influir en Sir Isaac Newton. Lo cierto es que toda persona que no lo conocía lo suficiente buscaba evitarlo por su dureza; aunque esto no ocurría con sus alumnos de Basilea, quienes le admiraban y se mostraban perplejos ante su saber y elocuencia.  
  Había dominado el arte de la antigua alquimia, aunque su mejor aporte pronto saldría a la luz: la creación del homúnculo. Sus contemporáneos se mostraban escépticos ante esta idea, pues el mundo no estaba preparado para algo así. No obstante el hecho era otro, pues sin saberlo ni pensarlo, todo el tiempo habían contemplado al homúnculo en carne y hueso.
  En efecto, el creador yacía desde mucho tiempo atrás en el sótano del laboratorio...



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Sobre el autor:

José de Jesús López Avendaño nace el 18 de abril de 1994 en la ciudad de Salina Cruz, Oaxaca. Cursa la carrera de Lengua y Literatura Hispanoamericanas en la Universidad Autónoma de Chiapas (UNACH). 
Ha publicado en la revista literaria Monolito; en la revista Claroscuro; en la gaceta Letra suelta (UNACH)Ha sido ganador del 2° concurso de cuento No oyes contar un cuento organizado por la UNACH. 
Fue participante en el festival cultural La hojarasca en su segunda y cuarta edición, participante también en la  asistió a los Coloquios Cervantinos en sus ediciones XXV y XXVI. 
Cursó un diplomado en Creación literaria por parte del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).