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domingo, 8 de septiembre de 2019

Poesía: Principio de Nirvana

Por: Helena Zirot






La rabia me alimenta
Y el fuego que destruye todo lo que toca
Mi interior es un terreno pantanoso
de calamidades y desprecios

La rabia me alimenta
Soy la espuma ácida que asciende
Por las branquias del dragón colérico
Y el fuego en el que escupe
toda su terrible furia 

Habito el miedo frío
El filo silencioso en medio de la noche 
que, sediento de sangre
aguarda hundirse en la inocencia

En mí anida toda la avaricia
Alberich y su codicia temblorosa
Mi maldición se extiende por los campos 
matando de hambre sin reparo ni piedad 

Y sin embargo
todo este torrente detenido,
pausado de repente
Cómo si en una presa se encontrara

Apenas contenido,
Debilita el impulso de su impacto
Ante esta pequeña y frágil
Dorada --siempre-- 
hojuela de ternura 



lunes, 17 de junio de 2019

Poesía: Ser, estar

Por: Helena Zirot


Atardecer en la avenida Karl Johan (1892) - Edvard Munch


Las nueve de la noche en la avenida... 

Soy los autos y sus faros,
pasos que se pierden sobre el piso,
gota que resbala sobre el vidrio,
estrofa muy pequeña
de no más de seis palabras.

Soy la vieja costumbre de una mano, 
el eco y sus murmullos, 
las 4 de la tarde de ese lunes,
poste a media noche, 
los árboles y el ruido,
quién pasa a toda prisa,
quién no toca más esa puerta.

Soy el perro del vecino, 
que ladra a deshoras, 
los grillos y su grillar, 
el brillar de las estrellas,
un par de sonrisas,
en una vieja foto 
y en otra nueva, 

Ése espacio,
donde no aparezco
junto a ti...



lunes, 15 de abril de 2019

Entremeses Culturales IV: Londres 1938, Freud y Dalí: el encuentro.

Por:  Helena Zirót





Un 19 de julio de 1938, en Elsworthy Road, Londres, Salvador Dalí tuvo un encuentro único con Sigmund Freud, quien tres días antes había concluido el último capítulo de su ensayo antropológico-social Moisés y el Monoteísmo

Según nos narra Dalí en sus Memorias (1952/1964), fue el escritor Stefan Zweig quien posibilitó el encuentro con el psicoanalista vienés. Durante el mismo, el pintor se esforzó enormemente por impresionarlo, hablándole con pasión sobre sus propios escritos e invitándolo a leerlos. Por su parte, Freud, sin pronunciar palabra ni inmutarse en lo absoluto por tanta verborrea, lo observó atentamente todo el tiempo que duró la entrevista, escudriñándolo fijamente bajo la férrea mirada de su lupa analítica. Finalmente, mientras transcurría el despido, pronunció una sola frase que quedaría grabada por siempre en la mente del artista catalán: ¡Nunca había conocido a tan perfecto prototipo de español... Vaya fanático!. Y en cuanto a Dalí, la experiencia tuvo como producto un dibujo hecho al carbón que pretendía hacerle llegar a través de Zweig: El retrato de Freud, en el cual su cabeza evoca la forma de un caracol de Borgoña.

Casi dieciocho años después (11 de mayo de 1956, según fecha indicada en su diario íntimo), Dalí se sintió muy ansioso por saber cuál había sido la reacción de Freud y su opinión sobre el dibujo, por lo que vía epistolar insistió mucho a Zweig para que le transmitiera (si es que había existido) algún comentario al respecto. La respuesta nunca llegó. Sin embargo, cuatro meses después, por fin pudo encontrarse con él en Nueva York, y tras ser tercamemente cuestionado sobre el tema apenas dijo un esquivo le gustó mucho. Sin abundar en mayores detalles, desvió la conversación y pasó a otro tema para perplejidad del surrealista, que acaso esperaba otra cosa.

Luego del suicidio de Stephan Zweig en Brasil y leer el final de su obra póstuma El mundo del mañana, el pintor pudo comprender lo que en realidad había ocurrido con el retrato. Esto es que Zweig nunca se atrevió a mostrerlo al inventor del psicoanálisis por temor a sobresaltarlo, ya  que de alguna manera presagiaba su inminente muerte. Y así fue, pues un año después del mítico encuentro (el 23 de septiembre de 1939, para ser más exactos) fallecería en su casa de Londres víctima de un cáncer muy avanzado asistido por su médico de cabecera Max Schur, quien finalmente cumplía una promesa contraída tiempo atrás. Por otra parte, Stefan Zweig y Ernst Jones serían los únicos oradores durante los funerales, lo cual atestiguaría la entrañable amistad entre Freud y el escritor haciendo aún mas entendible el porqué del ocultamiento del dibujo de Dalí.

Parece ser —diría posteriormente el pintor en su diario intimo—, que sin darme cuenta dibujé la muerte terrestre de Freud en ese retrato al carbón que hice un año antes de que muriera.

Como dato curioso, finalmente diremos que, tal vez a manera de tributo involuntario, el pintor catalán realizaría a través de su vida otros dibujos más con la imagen de Sigmund Freud. No obstante, jamás volvió a esbozarle la cabeza con ese aire acaracolado que tuvo la representación primaria.



jueves, 20 de diciembre de 2018

Poesía: Ópalo de fuego

Por: Helena Zirot








Como burbuja henchida de miel
Entre mis dedos, su tersura.
Lágrima de sol vitrificada por el tiempo,
lava translúcida en armonía de colores 
Piedra lumbre de introspectiva dulzura, 
de cálida e iridiscente estructura
La risa al silencio entrelazada. 

Ópalo de fuego,
chispa mansa entre los dedos
La alegría y su explosión,
la expansión en vilo.
Rabia en implosión
Lito ígneo,
entre manos de agua

Vida naranja latiendo 
entre bordes de luz
La opalecencia inquietante 
y su pulsión feraz, invitativa. 
Su inocente abandono condescendiente, 
ante el roce y su apetencia  
La contemplativa paciencia
a la espera del quiebre. 

El lumínico desbordamiento de la esquirla, 
sobre el hielo del mundo.



lunes, 15 de octubre de 2018

Poesía: Si no

Por: Helena Zirot


Kiss me - Marlina Vera


Si no supiera
Si no estuviera
Tan firmemente convencida
Cómo quién ha visto un árbol 
Partido por un rayo 
Y dice: 
—Yo he visto un árbol 
ser partido por un rayo.

Si no supiera
Que ahí adentro 
Para mí no hay nada 
Nunca lo hubo
Ni lo habrá...

Si no lo hubiesen sabido otros
—Yo, tal vez
Podría deshacerme
Tirar a un lado 
Esta pesada y fría lápida 
Y descansar
Y admitir sin vergüenza 
Que sí
Que sí quería
Que hasta el sol 
Te habría regalado...


jueves, 30 de agosto de 2018

Poesía: Vértigo

Por: Helena Zirot


Fernando Zóbel - La vista VI (1974)

¿Que quedó de tí en mí, 
sino éste vértigo? 

Sobre tus lugares y los míos he caminado, 
he andado tranquilamente.

Entre tu gente y la mía 
he escuchado tu voz,
venida desde lejos. 

Todo tú me evocas fantasía:
un sueño ya borrado, 
un lienzo de Zóbel, 
una tenue flama
que el viento casi ahoga.

¿Que eres tú en mí, 
sino éste vértigo?
¿Que son tus ojos, 
sino unos ojos que no veo? 
¿Que son tus palabras, 
sino unas palabras que no entiendo?

Desarraigado...,
como los juegos de mi infancia. 
Lejano..., 
como los días que he olvidado,
te pierdes en el tumulto de mis recuerdos. 

Y me sorprendo quieta..., 
silenciosamente en paz.
Por vez primera 
sin nada que decirte.

Borroso...,
como la ciudad cuando anochece.
A punto de ser envuelto entre las sombras, 
reposando tranquilo.

A lo lejos,
no eres más en mí, 
que éste vértigo naranja del ocaso...



miércoles, 1 de agosto de 2018

Poesía: Fata Morgana

Por: Helena Zirot





                  Para L.  
Aunque nunca lo leas...


Anclada, 
a las ruinas de una ciudad deshabitada.
Errabunda, 
entre edificios destruidos.
Levanto la vista al horizonte
y observo:
ante mí, 
figuras a lo lejos, 
tenues sombras brillantes en el aire...

Espejismos, 
como un sueño recurrente.
Sueño de  voces que susurran,
sueño de miradas, 
sueño de manos, 
sueño de cabellos color chocolate,
miel espesa que amarga los labios a su tacto. 

Más allá,
del túnel infinito de una puerta,
del muro inaccesible del silencio,
oculto el rostro entre mis palmas.

Afuera, 
luego de un camino ya vetado,
el culpable ignora el crimen. 
Polvo sordo al agua,
tierra áspera en que ya no crecen tulipanes 

No obstante, 
hambrienta de luz, 
furibunda, 
ensimismada, 
incrustada dentro, 
al acecho de un instante, 
una semilla germina en mi interior: 
bosque latente pronosticado por los sabios,
destinado a derribar todos los muros.
Árbol que bebe agua salada 
y crece por fin luego de siglos.


Delicado follaje que se extiende,
traspasando las esquinas de éste cuarto:
flores por doquier, 
raíces, 
ramas como brazos
alzadas a los cielos.

Hojas danzantes de gozo. 
Después de un milenio
acarician nubes, 
se yerguen, 
se rompen y se elevan.
Disipando espejismos,
hasta tocar el sol...


martes, 12 de junio de 2018

Poesía: Tocar tres veces

Por: Helena Zirot



Amor em Veneza - Olga Beltrão

Para entrar,
tocar tres veces 
hasta que la puerta
de madera oscura,  
siempre pesada,
se abra lentamente.

Para quedarse, 
llegar a tiempo.
Justo cuando el sol 
se posa entre los árboles 
para luego posarse también
sobre las paredes, 
entre las palabras. 
Impregnarse entre las cortinas y
en las manchas del suelo,
en el rodar de las gotas 
que resbalan lentas 
sobre el vidrio cuando llueve.

Para abrir, 
cerrojos invisibles de cajas. 
Como de música,
como de mar, 
como de sueños.
Aprender la extraña lengua 
venida del silencio

Para convertirse en un sitio,
como una canción o una mirada, 
tejer largos caminos.  
Invisibles a pleno día 
que lleven de vuelta 
a la seguridad de un refugio
que está en todas partes. 

Para entrar,
tocar tres veces
enmedio de la cristalina luz 
que desparrama el sol entre los árboles.
Decires silencios, 
que lentos resbalan sobre los vidrios
y aletean como pájaros 
sobre las oscuras puertas. 
Hasta que el incierto tic tac 
de la caja de sueños 
dé a luz mariposas blancas, canciones, 
y un poema algo triste, 
algo alegre, 
que se parezca a un Monet
visto a través de una gota de lluvia.