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lunes, 13 de enero de 2020

Literatura: Amelia Martín (Cuento)

Por: Regina García
Rosie Taylor "Suicidio"



Amelia Martín tenía 24 años cuando decidió irse de este mundo. Era tan joven y bonita, alegre; ni siquiera se podía notar la tristeza con la que cargaba su ser. Quizá fue la presión de ser mejor, quizá un viejo amor que le hizo daño, quizá tanto y poco. Algo que lentamente fue apagando su aura.
Era la chica que todos querían tener en su vida, pero ella se sentía miserable. Lloraba todas las noches al llegar a casa: la soledad fue su mejor amiga por varios años, ella era quien recogía cada lágrima derramada. Pobre niña, empezó a tener la idea de dejar este mundo, y esa idea se estancó como una espina o flecha rota en su corazón.
El último día de su vida, los demonios que daban vueltas en su cabeza, le dieron muchas ideas.
Después del trabajo, se despidió de todos, habló con cada amigo que tenía, le llamó incluso a los familiares con los que años antes había discutido y se disculpó por todo y nada. Pobre, tan bonita, tan llena de vida, pero nadie entendía su tristeza; sus padres le reclamaban errores del pasado, ella quiso olvidarlos, pero cada día eran un infierno nuevo. Caminó demasiado, siempre con un par de audífonos, mientras escuchaba la música que tanto le gustaba. Caminó, hasta que le dolieron los pies.
No quiso morir en su ciudad, llegó a la estación que conocía, compró un boleto con destino a una ciudad a dos horas de casa. Ese lugar se había convertido en su favorito cuando se sentía sola.
Mientras esperaba la hora de partida, continuó pensando en la manera en cómo terminaría con su tormento. Cargaba consigo pastillas para dormir y para la ansiedad, quizá si las tomaba todas obtendría un resultado favorable. Pensó en comprar heroína, beber alcohol y tomar las pastillas, así tendría una sobredosis y todo terminaría. Pensó en comprar una pistola y cercenarse, sólo que no se sentía lo suficientemente valiente para jalar del gatillo.
Existen tantas formas de buscar la muerte, incluso en situaciones extremas, se idean nuevas maneras.
Cuando más ideas encontraba, más triste se sentía. Arribó el transporte, buscó su asiento, puso la canción que tanto le gustaba escuchar, y se durmió. El viaje la haría cambiar de parecer. 
Quisiera haber podido hablar con ella y decirle que todo iba a mejorar, que era una etapa y que la vida no es tan difícil como parecía.
Pero ella no me ve, soy el ángel que la cuida, si ella sufre yo también lo hago. No tengo aureola y alas, soy solo una sombra. Toco su mejilla y es tibia. Tiene un futuro prometedor. Lloro en silencio, junto con ella.
Permaneció dormida dos horas, las mismas que duró aquel viaje; se perdió del paisaje o quizás no quería verlo porque lo conocía de memoria. Tuvo un sueño. Ella había leído, que cuando alguien presiente que la muerte se acerca, ve la vida pasar tan rápido como un sueño. Pero ella no vio nada de eso, más bien tuvo sueños, los más bonitos: viajó a un lugar que siempre quiso conocer: a una playa inmensa, tan azul como el cielo.
Durante su sueño la vi ser feliz, y me sentí bien, quizá eso la ayudaría a cambiar de opinión. No lograba entender por qué la gente contempla el suicidio como la puerta que los va a salvar. En este caso ella se va, pero su familia... no está pensando en su familia, no tiene su apoyo, es claro que la razón por la cual se va, es por ellos.
Llegó a su destino, caminó un par de calles hacia un hotel, rentó una habitación, la más cara, y reservó dos noches como si fuese a durar tanto.
Se instaló: la habitación era enorme para ella, pero se sentía tranquila, y eso era lo importante. Pidió comida en el restaurante del hotel y un par de cervezas. Ella dijo que estaba esperando a alguien más, detalló a un novio que ni siquiera existía, pero la mentira fue creíble. Comió hasta decir basta, bebió aquel par de cervezas, luego se recostó con la televisión encendida, puso música. Un canal de música quedaba perfecto.
Le escribió a una amiga. “Si me llamas y no contesto, llama al 6237919, es el número del hotel y pregunta por la habitación 28, que vengan a tocar, ya sabes, mi celular falla. Te quiero mucho” De su bolso sacó una jeringa, contenía un líquido parecido al agua. Ella no pensó en eso, quizá los demonios notaron mi presencia y de alguna forma lograron bloquear ese pensamiento. Lloró por última vez, sacó una fotografía, su viejo e inmortal amor.
Usó la inyección en su brazo, ahora entiendo su afán por aprender a aplicar inyecciones. Arrugó la frente, supongo eso dolía, al levantarse arrojó aquella arma asesina por el caño. De su bolso sacó un par de pastillas para dormir, con un suspiro procedió a ingerir una por una.
Se acostó, junto a su pecho estaba aquella foto. El efecto de todo aquello fue rápido, una hora, para ser precisos. Tuvo una convulsión, pero no pudo despertar, no había nadie más en aquella habitación que la ayudara.
Yo solo era una sombra, la sombra de aquel viejo amor que una vez tuvo.
Yo fui aquel amor que ella tuvo, pero hace un par de años, seis para ser precisos, tuve un accidente y morí, le pedí tanto a aquello que ella creía inexistente me ayudara a que ella siguiera con su vida, pero no lo hizo, ahora solo veo pedazos de ella y me siento mal.
Quise despertarla, quise ayudarla. Yo no pude hacer nada, tan solo ver cómo lentamente moría. Vi cómo con cada convulsión se iba acercando cada vez más en muerte, en despedida. La toqué y no conseguí despertarla. Solo me quedé entre las sombras, viéndola morir. Después, un momento después. Alguien tocó a la puerta, pero nadie fue a abrir. Pasado un rato la habitación se llenó de gente. Más tarde policías, todos recabaron información.
          La noticia en los periódicos fue: “muere joven por convulsión”.
Sus padres llegaron y lloraron tanto, se lamentaron, pero ninguno hizo nada por salvarla de aquel infierno, ya era demasiado tarde. Amelia Martín, murió una tarde de jueves, la fecha 28 de julio de 2015, la causa de muerte: convulsión por pastillas para dormir mezcladas con alcohol. Tenía 24 años con un futuro prometedor como una escritora exitosa
La sombra que la acompañaba en su tormento era yo, y ahí me quedé contemplando aquello sin poder hacer o decir nada.
Pobre niña. Ella no merecía aquello, mucho menos yo, pero ella decidió, y se quedó ahí, siendo nada.


miércoles, 13 de noviembre de 2019

Literatura: Seis Minificciones

Por: José López Avendaño

Remedios Varo 


I. El enamorado 
 Se pasó la noche en vela redactando la carta de amor. Leyó a Sabines, a Rulfo, a Arreola. En la mañana compró flores y fue a verla al trabajo. En la oficina de su amada ya había otras flores, más exuberantes, más costosas y en la esquina, abierto a la vista de todos, el estuche de un anillo.


 II. Suerte
 — ¿Crees que ahora descanse en paz? ­­—Dijo alguien a su amigo.
El otro sonrió.
— De seguro sí, debía varios meses de renta y su ex esposa le había pedido pensión.


III. Insomnio
Oí sus ronquidos hasta mi cuarto. Parecía un cerdo, un ogro malhechor. Mi paseo nocturno estuvo interrumpido. A veces somos los fantasmas quienes somos molestados por las personas. 


IV. Cita
La citaron en el parque al alba. Estaba vestida de tenis y ropa deportiva, se puso a trotar mientras que, lejos de ahí cada uno de sus amigos, quienes la citaron, dormían plácidamente en sus camas. 


V. Presentación de libro
La sala estaba llena. Apretujados, los asistentes se desparramaban en los pasillos. Algunos llevaban su libro para obtener una firma. Un señor subió al estrado, todos callaron expectantes. Dijo: lamentablemente el autor, por otro compromiso, no pudo llegar. 


VI. Nudista
Ahí está, puesta en medio de la habitación para ser adorada como la diosa que es. Apenas me ve y se sonroja. La quise desde la primera vez, ahora que se ha convertido en una pieza en exhibición ya no la quiero.


*****

Sobre el autor:

José de Jesús López Avendaño nace el 18 de abril de 1994 en la ciudad de Salina Cruz, Oaxaca. Es Licenciado en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas (UNACH). 

Ha sido ganador del 1° Concurso Nacional de cuento Fantástico "El Axolote"; ganador del 2° concurso de cuento No oyes contar un cuento organizado por la UNACH; finalista en la 2° edición del concurso Internacional de cuento corto "The World we live in"; obtuvo una mención honorífica en el II concurso Regional de Literatura: ApassionataHa publicado en diversas revistas literarias, entre las que destacan: ÍcaroRetrúecanoMonolitoClaroscuro, Casa Negra/cineLetra SueltaFue coeditor de la revista literaria Claroscuro.
Sus textos han sido antologados en Memoria en blanco en 2018; Apassionata: literatura motelera contemporánea en 2019; Mujer que teje de noche en 2019.

Asistió a los talleres  de creación literaria de Eduardo Antonio Parra, Mauricio Molina, Mario Bojórquez, Glafira Rocha y Renee Acosta. Fue becario para asistir al taller de literatura realizado en el marco del Festival Interfaz Signos en movimiento.
Asistió a las actividades académicas de los Coloquios Cervantinos Internacionales  XXV y XXVI. Cursó un diplomado en Creación literaria por parte del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).



viernes, 1 de noviembre de 2019

Literatura: Entrevista a Rigardo Márquez Luis, autor de "El circo de la inmundicia".


Por: Helena Zirót






Rigardo Márquez Luis es un joven escritor originario del estado de Veracruz, México que comenzó a colaborar en diversas revistas literarias desde 2017. Al año siguiente participó en varias antologías de horror, horror queer, y horror erótico, junto a otros autores del genero.  Además, ha sido colaborador activo de esta página.

Éste año publica su primera obra El circo de la inmundicia, una antológia de relatos, bajo el sello de Editorial Cthulhu. Por este motivo y porque las fechas lo ameritan, la redacción de El Blog de la Tertulia Literaria tuvo la oportunidad de charlar con él. Reproducimos íntegramente la entrevista:


— TL: ¿Cuál fue aquel momento de tu vida en el que supiste que querías ser escritor?

—RML: La fecha exacta fue en el 2016, cuando fui publicado por primera vez de manera física en una antología de horror erótico bajo el sello de la Editorial Cthulhu. Más precisamente, en el momento en que la editora Marcia Morales Montesinos me comentó que al leer mi cuento junto con el staff pensaron que se trataba de la típica historia de vampiros juveniles, pero que después, conforme el relato iba progresando, se dieron cuenta de que se trataba de algo muy diferente y les encantó. Allí sentí un enamoramiento por el ejercicio de escribir, pues la sensación de ser felicitado por tus ideas y su ejecución no tiene precio. Aunque debo aclarar que por el momento soy un escribidor, pues denominarme escritor sería faltarle al respeto a los verdaderos hacedores de literatura.  


— TL: ¿La carrera que estudiaste (Criminología),  ha influenciado tu obra?

—RML: Demasiado diría yo, pues me ha dotado de una perspectiva realista. Creo que muchas personas le temen más a los vivos que a los muertos, y la razón estriba en que los seres humanos somos los peores monstruos que pueden existir. Mi carrera también me ha enseñado el funcionamiento del aparato psíquico humano y de las pulsiones, que son elementos primordiales en nuestros actos; la naturaleza de los trastornos mentales y, la joya de la corona al menos para el horror sexual y grotesco: las parafilias. Es decir, el proceso del placer desviado, el mecanismo del gozo prohibido, los diferentes tabúes... Pienso que conocer la amplia gama de fetiches que se pueden formar en la psique del ser humano, sin importar que tan inmorales o antinaturales parezcan, te da un mosaico de posibilidades infinitas en cuanto a relatos de horror se refiere.  


—TL: La siguiente es pregunta obligada: ¿Cuáles fueron los escritores con los que creciste, las novelas, cuentos, etc., que te inspiraron a crear tu propio mundo literario?

—RML: Yo diría que El narrador de Oscar Wilde. Lo leí a los siete años y desde ese día mi imaginación se desbordó... Sí, creo firmemente que ese cuento me inspiró a soñar. Ya de adulto mis dioses han sido Edgar Allan Poe y Lovecraft. Paréntesis aparte, los autores que me han inspirado de una forma u otra son Clive Barker, Anne Rice, Thomas Ligotti, Poppy Z Britte, Junji Ito, Shintaro Kago, Charles Bukowski, Stephen King, Alan Moore y Neil Gaiman.  


—TL: Al ser originario del estado de Veracruz, tierra rica en tradiciones, mitos y leyendas, ¿cómo ha influido en tu quehacer como escritor?

—RML: Mi ciudad natal Coatzacoalcos es un lugar lleno de leyendas y seres surrealistas.  Desde niño tuve el privilegio de escuchar las historias y anécdotas de mi abuela, quien vivió en los tiempos donde las milpas dominaban todo. Así que me contaba de la existencia de criaturas tales como los chaneques, la llorona, los duendes y aluxes... Naturalmente que he sido influenciado en demasía pues, por ejemplo, hace poco escribí una historia basándome en un relato que ella me contó, sólo que aderezado con un poco de mi cosecha.  El cuento se llama Mi primera vez, y está incluido en mi libro El circo de la inmundicia bajo el sello de Editorial Cthulhu.


—TL: Aprovechando la fecha tan propicia, ¿hay alguna vivencia paranormal extraña que hayas tenido?

—RML: No terminaría de contarles... Bueno, en realidad tengo muchas. Una de ellas es que, cuando era un niño, llegando de una fiesta, recuerdo que fui al baño. Al abrirlo vi algo. Aquella cosa tenía forma de un niño grisáceo que estaba parado a un lado del retrete. Eso me causó mucho miedo; tanto, que le conté a mi madre, la que abrió la puerta, y cuando ella entró ya no había nada. Luego, cuando tenía unos 18 años comencé a padecer de horrores nocturnos. De hecho, sentía que me ahorcaban cada noche y despertaba gritando. Cierta vez alcancé a ver lo que me tenía sujetado del cuello: parecía ser una mujer desaliñada, transparente, de largos cabellos y semblante decrépito.  


—TL: ¿Cómo nacen las historias que escribes? ¿Cómo nace la inspiración para crear un personaje?

—RML: Mis historias fluyen desde varias aristas. A veces de una noticia real o de un suspiro onírico, inclusive de experiencias propias, aunque claro, encausadas hacía la ficción. Creo que tengo mucha facilidad para extraviarme de la realidad y no es difícil que mientras viajo por el transporte público voy diseñando historias. También me ha sucedió a la espera de las compras e inclusive nacen de mis fobias, como en un cuento titulado Muerte y manuscrito de un nadie, donde un hombrecillo triste y meditabundo se enfrenta al fin del mundo, no sin antes sufrir con una pequeña alimaña que le llena de asco y repulsión. De hecho, mis personajes nacen bajo una estrella maligna pues primero imagino los horrores, la situación y las muertes. Finalmente el personaje que será preparado para el matadero o quizás para volverse verdugo, perpetuando así un ciclo vicioso. Lo que si se me dificulta son los nombres, por ello suelo usar nombres de amigos, editores o colegas para no romperme la cabeza... En ciertas ocasiones he creado personajes basados en personas importantes de mi vida un poco como homenaje, aunque en este caso con fines hórridos.


—TL: Sabemos que aparte de los géneros como el horror y el gore que son algunos de los temas que toca tu antología también has escrito poesía y has participado en convocatorias de cuento infantil. ¿Que otros géneros te gustaría explorar?

—RML: Pienso incursionar en historias de índole gótico, ciencia ficción, erotismo, de espada y brujería; de antihéroes, wuxia, westerns, eco-punk, steamgoth, vampirismo, novela negra y  romance, entre otros. 


—TL: Éste no es el primer libro publicado en papel en el que participas, pero si es tu primer libro como autor único... ¿Qué es lo que encontraremos en él?

—RML: El circo de la inmundicia es un compendio de perversiones, sexo, sangre, realismo, moralejas oscuras y venganzas sádicas. Digamos que es una especie de reflejo de la crueldad humana, puesto que no somos otra cosa que criaturas de deseos atávicos disfrazadas de civilidad. Así las cosas, no será difícil que el lector se encontrará además con varias parafilias, aunque quisiera dejar algo en claro: podría citar las filias que contiene mi libro, las que a primera vista podrían juzgarse de manera malsana. No obstante, me gustaría especificar que cada aberración sexual que he descrito tiene una justificación argumental. Me puedo referir a Las abominaciones en la calle morgue, en donde cierto científico realiza diversas hibridaciones entre especies y por ello la zoofilia tiene su razón de ser. O como sucede en Amor artificial, en donde el incesto sucede como una venganza  amorosa. O tal vez como en La ciudad del mal, la que con todas sus retorcidas parafilias representa el mejor ejemplo de los oscuros secretos que guardan los poderosos y que la sociedad ignora. Vamos, en mi narrativa la utilización de oscuras patologías de índole psiquiátrico no suceden como simples alegorías morbosas.


—TL: Como lector y como escritor, ¿qué tan importante crees que sea el consumo de los géneros literarios como el snuff, el gore y el horror?

—RML: De suma importancia, ya que dichas obras nos ilustran una posible realidad de la psique humana. Considero que hay muchas personas que viven de forma común y normal que no imaginan lo que la oscuridad oculta ni vislumbran la capacidad de la locura humana y que deben conocer la monstruosidad de los seres humanos. Gente que pueden ser la pareja, los padres, los hermanos, amigas, maestras, un conductor, un tío, un sobrino, entre muchos otros y entender que no pueden confiar sus hijos a alguien sólo por cuestiones de sangre. Ni creer ciegamente en alguien por ser el sujeto amado o por tener una gran amistad con él. Por ejemplo: algunos censuran las obras que contienen pedofilia tildando al autor de enfermo.  Sin embargo, es mi sentir, que resulta indispensable analizar el contexto donde se desarrolla la trama de dicha obra e inclusive recurrir a las vivencias del autor, y no siempre irnos por la excusa de que tal o cual libro fomenta la pedofilia. No: una opinión de esta naturaleza resulta casi siempre prejuiciada, porque también es cierto que de un libro que trata semejantes temas se puede extraer un apendizaje valioso, así como entender hechos y circunstancias. Inclusive, una buena parte de las veces el autor considera importante ilustrar la forma en que opera un depredador sexual, que no resulta difícil sea algún familiar cercano a la víctima. El índice de abusos sexuales en menores en México lo señala: son una buena parte de las veces ellos, los familiares, quienes resultan los perpetradores debido a que los consanguíneos nunca supondrían tanta perversidad y premeditación de su parte. Por otro lado, este tipo de delitos quedan muchas veces impunes porque México es un país tradicionalista, donde los padres prefieren callar y no hacer públicos esos menesteres, evitando así cualquier confrontanción con el hermano, primo, sobrino, etc. 


—TL: ¿Un consejo que le darías a las personas que no están familiarizadas con la literatura de este corte  para que se acerquen a ella y la conozcan?

—RML: Pienso que es una buena oportunidad para dejar atrás tabúes y/o prejuicios heredados. Como dije antes: puede servir para ilustrar e incluso prevenir algunos actos antisociales. Generalmente, cuando una persona lee una noticia sobre violaciones o asesinatos y se percatan que conocían al victimario, nunca imaginaron que tal conocido fuese capaz de hacer algo así. En cambio, si lees este tipo de literatura, sabrás que toda persona es capaz de cualquier atrocidad bajo ciertas circunstancias. Además, siempre he considerado que el peor monstruo es el ser humano; así que, para aquellos cansados de los mismos tópicos de vampiros, lobos, demonios etc., creo que un poco de horror realista les va a venir bien. 


—TL: ¿Qué consejos darías a los jóvenes que sueñan con llegar a ser publicados y leídos, así como tú? 

—RML: Nunca es demasiado tarde para escribir. Cierto, a veces la posibilidad nos llega tarde. No obstante, es un privilegio que uno debe desarrollar según sean sus motivaciones. Así las cosas, no traten de seguir corrientes literarias, esto es, escribir basados en las modas y ventas actuales del mercado. Considero que cada uno de nosotros tenemos ciertos temas que deseamos desarrollar, por lo que no debe temerse a dejar de entrar en la media popular, pues siempre habrá un sector de lectores potenciales que pueda interesarse por tu obra. Es más, puedo decir que lo peor que he leído ha sido producto de que determinado autor quiere encajar con los temas de moda o en una determinada corriente literaria. Aconsejaría pues a los que recién empiezan que no teman escribir sobre algún tema tabú o prohibido. Cierto, abundar en ciertos temas puede acarrearte el título de enfermo. Pero también es cierto que si tienen algo que ofrecer a dicho tema o abordan una nueva forma de explorarlo, pues venga, porque existen múltiples obras que han sido social o religiosamente prohibidas y, sin embargo, han marcado hitos en la historia. Sugiero también que no se remitan a su propio país, porque ahora con las redes sociales, las oportunidades de escribir buenas historias ambientadas en lugares que incluso no conocemos abundan por doquier. Busquen páginas de editoriales, de revistas en línea, y entren a todas las convocatorias que puedan. No se desanimen por no quedar incluidos tras un primer o segundo intento. Más al contrario, véanlo como un reto y eso sí, lean mucho, estudien sobre los temas que deseen escribir: obras ya existentes, historia antigua, geografía del sitio donde se desarrollará la historia y en fin, todo lo que les ayude a cimentar su universo. En mi caso, en el 2016 me inicié en esto de las convocatorias públicas por internet. En las primeras cuatro no quedé incluído en el producto final y si, fue doloroso. Fue hasta mi quinto intento que fui elegido por Editorial Cthulhu para su antología de horror erótico que fue publicado de forma física, por lo que he seguido participando con ellos hasta ahora, en que su editora principal Marcia Morales Montesinos a la cual externo mis agradecimientos más sinceros me propuso sacar un libro como autor único bajo dicho sello... Así que siempre que sean consistentes consigo mismos lograrán sus objetivos.


—TL: ¿Qué viene después del Circo de la inmundicia?... ¿Tienes algo más en mente?

—RML: Pues de entrada espero que le vaya bien al libro, para así afianzar los lazos con la editorial y sacar otro que ya tengo en lista de espera. Por otra parte, tengo en mente otros títulos por terminar y que aún no tienen sello editorial como por ejemplo:  Monstruofilia, Las Crónicas Apócrifas, Goticario, Los Mecanismos del terro, Dulces de cianuro y Aquelarre, entre otros. Además, seguir participando en las convocatorias que pueda. Con respecto a publicaciones digitales, en breve saldrá el segundo número de la revista Moulin Noir, en la que participo junto a otros varios colegas de la Editorial Aeternum dirigida por Tania Huerta, Luis Bravo y Kristina Ramos. Dicha publicación es completamente gratuita, por lo que más abajo les dejo el link del número uno.


—TL: ¿En dónde podemos adquirir tu obra?... ¿Dónde podemos encontrarte?

—RML: El Circo de la inmundicia y las antologías de horror erótico, grotesco y queer como El monstruo era el humano y Cerdofilia están a la venta en Perú en la página de Editorial Cthulh: https://www.facebook.com/editorialcthulhu/. En México pueden adquirir la Antología Zombie, donde también participo, en este link: https://www.kichink.com/buy/2355642/endoraediciones/ii-antologia-zombie. Y a partir del día primero de noviembre podrán adquirir la revista Necroscriptum, donde se publica uno de mis relatos. Menciono que esta revista se presentó éste viernes en la Casa Musa de Guadalajara, Jalisco (https://www.facebook.com/photo.php?fbid=2804235112929354&set=pcb.2804235222929343&type=3&theater ). Aprovecho también para dejar el link de la revista Moulin Noir No. 1 y que espero la descarguen, pues es gratuita:  https://lektu.com/l/editorial-aeternum/moulin-noir/11678.  También les proporciono la página de la Editorial Aeternum, donde también publico https://www.facebook.com/editorialaeternum/. Por último, también los invito muy cordialmente a seguir mis trabajos en mi página personal: https://www.facebook.com/Rigardo-M%C3%A1rquez-1984320828446884/


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Rigardo Márquez Luis (México, 1985). Estudió Criminología y Criminalística en la U.P.A.V. «El Ausente» (2017) Revista Nictofilia No 2. «El hada de lo mórbido» (2017) Antología de literatura grotesca. «Fóbetor» (2017) Revista digital Letras y demonios. «La sesión» (2017) Revista digital Letras y demonios. «Necroboros» (2017) Antología “No tan muertos” en honor a George Romero, revista The Wax. «Ordo Satanachia» (2017) Antología “Horror Queer” Editorial Cthulhu. «El monstruo era el humano» (2018) Antología, Editorial Cthulhu. «Entre las milpas» (2018) Revista digital Penumbria.  «La granja de la familia Porcel» (2019) Antología Cerdofilia, Editorial Cthulhu. «Juegos Macabros» (2019) Antología digital, Revista Revista Aeternum. «Moulin Noir» (2019) Antología digital de antihéroes, Revista Aeternum. «Crónicas Apócrifas» (2019) Antología zombie II, Ediciones Endora, Ediciones Lulu. «El Circo de la inmundicia» (2019) Editorial Cthulhu.






viernes, 19 de julio de 2019

Literatura: Pareja (cuento corto)

Por: José Avendaño



"El cumpleaños", Marc Chagall (1915)


Me había refugiado del aguacero; me paré bajo el volado de cierta ferretería que estaba en el camino. Las calles eran arroyos. Había bolsas de basura, pedazos de cartón, ramas de  todo tipo se conjuntaban para ir a dar a la alcantarilla ya tapada.
   El día parecía estar en contra mía por tan mala suerte. El vientre me dolía, todo se juntaba: la lluvia, la pérdida de Heriberto, el llamado “Andrés”. Nunca había sabido lidiar frente a situaciones así, en las que nada parece tener sentido o que la frustración llena mi boca y me impide hablar. Más que hablar, lloraba. Al igual que el arroyo que se lleva todo a su paso, quería que mis lágrimas arrasaran con las toneladas de pesares. Con la dura carga. Hasta que la vi venir.
   Traía un paraguas llamativo o como diría un amigo “rimbombante”. De color amarillo fosforescente. Por lo que la distinguí sin problema; ahí, en medio de una noche de lluvia venía con paso lento, las ráfagas de aire volteaban el paraguas que sostenía con cuidado. Para cruzar un pequeño espacio entre dos casas, se quitó los tenis. Sujetándolos con la mano izquierda mientras que en la otra llevaba el paraguas.
   —¿Muy fuerte la lluvia? —dijo al verme, era la típica persona que te encuentras en una tienda o en una calle y te hace plática.
   —Bastante, mira como quedó mi pantalón.
  Le señalé unas manchas de lodo que cubrían mi ropa, ya que minutos antes un automóvil había pasado a toda velocidad y levantó la tierra mojada.
   —Hay personas que son imprudentes, pasan hechos un rayo sin mirar quien va. Con actitudes así matan a la gente.
   —Sí, no podía tener un peor día, se me juntó todo y este aguacero es la cereza del pastel. Ojalá calme pronto la lluvia para que regrese a mi depa. Con estas calles de arroyo es imposible.
   Ella me miraba, parecía estudiar mis razones, yo también aproveché para ponerle más atención y fijarme en los pequeños rasgos que en un primer momento pasan desapercibidos. Ella, con una ropa casual: pantalón de mezclilla, blusa blanca con flores rosas dibujadas, unas uñas tan largas que creí eran postizas, pero no. También cierto aroma a dulce provenía de su cuerpo y que se mezclaba con el de tierra mojada.
  De pronto, el dolor del vientre regresó y traté de ocultarlo con una cara tranquila. Pero no funcionó, ella estaba atenta a cada gesto que hacía. Y al mirarme daba la sensación de que contemplaba el vacío, pues su mirada se mantenía fija, inmóvil, como un pájaro al que se ve parado sobre el árbol.
  —Te duele mucho, ¿verdad?, hay mujeres que lo sobrellevan bastante bien y otras no tanto, tú y yo compartimos la mala suerte de estar entre las últimas. –Después sonrió.
 —Si gustas —continuó— puedes venir a mi casa, no está tan lejos y tengo pastillas para el dolor.
  La lluvia arreciaba, al ver a aquella chica tan servicial no pude menos que mirarme a mí misma en otra época donde aún guardaba esperanzas de una vida. Una época donde me ilusionaba tal vez con casarme, tener hijos. Donde la palabra amable era el centro de mi atención. Pero ahora todo aquello era un recuerdo.
   Le seguí el juego. Su casa, como dijo, no estaba lejos. Para llegar había que seguir en la misma dirección en la que nos encontrábamos, sólo tuvimos que dar la vuelta al edificio de la ferretería y cruzar una calle donde, por la altura respecto del piso, no corría el agua en grandes cantidades.
  Ella caminaba guiando cada paso. Me dio cobijo bajo su paraguas llamativo y, juntas cruzamos tomadas de la mano el pequeño arroyo hasta llegar a su hogar. Al entrar, tuve la impresión de ya haber estado ahí antes, un Deja vu como se diría. Pero no era así, en realidad lo que yo tuve fue un recuerdo de casa. De la casa de mi madre. Supuse que tenía que ver con las cortinas de flores, el sofá café y las tacitas blancas en la alacena de cristal transparente.
  Estaba lo más cómoda posible, ella me ofreció galletas y café. Acepté con gusto su gesto de amabilidad. En la intimidad de la noche, con su compañía y el de las galletas, contamos anécdotas sobre días lluviosos. Atrás había quedado sepultado el dolor de la ruptura con Heriberto, quien asomó a mi cabeza por pura casualidad. 
   Nunca me había sentido así en casa ajena, quizá el clima afectaba mi ánimo, quizá mi mente quería evadir cada pensamiento del día. Gracias a las pastillas que me dio, calmé la ansiedad que me provocaba el dolor que hasta ahora venía en ascenso.
   Por mera fisiología le pedí permiso para ir a su baño. Al llegar me llevé una sorpresa, el retrete era de un blanco inmaculado; el piso relucía en un brillo que recordaba un espejo, consideré que esto era porque le gustaba tener todo en orden, pero después al tocar la bañera y el lavabo sentí que estaba más limpio que yo misma. Tuve pena de sentarme en el retrete y derrumbar ese orden perfecto e inasible. Quería papel. Ella me gritó que lo iba a encontrar detrás del espejo, reí para mis adentros, al imaginarme ser una Alicia. De nuevo, al abrir aquel lugar secreto me asaltó un orden cuidadoso, bastante generoso en su distribución. Cada línea de accesorios coincidía con el anterior, éstos iban desde pastillas para diversos males como la fiebre o la gripe hasta artículos de belleza: cremas, brochitas para el maquillaje.
   Esa situación me mareó, debí alejarme de inmediato pues ya no soportaba ver aquello que me confundía. En toda casa debe haber desorden, manchas en ciertas paredes, algún objeto tirado, polvo o telarañas en los rincones pero… y aquí quiero detenerme a aclarar, no es que no hubiera nada de eso, sino que era el mínimo lo que se mostraba.
   Al regresar a su lado la noté cambiada, más alegre, como si todo le diera risa. Me acordé que ese era uno de los efectos de la Mariguana. En el pasado había consumido grandes dosis de aquella planta y por eso la reconocía en otros. Pero me sentí contrariada al no notar el aroma característico que, por ser tan fuerte es difícil de que pase desapercibido. Entonces caí en la cuenta de que había consumido a través del té. Por alguna razón, no notaba en mí los efectos de la droga. Por el contario todo era normal. Ella se me acercaba cada vez más, tocaba mis manos, se recostaba en mis hombros, jugaba con mi pelo. Estaba tan cariñosa.  
   Después supe que en mi taza vertió algo distinto. Comencé a sentir cierta humedad entre las piernas, una reacción esporádica a sus insinuaciones. Un mareo dio paso a unas ganas de vomitar, quise ir al baño pero sabía que si lo hacía me iba a ir con la cara contra el suelo. Ella se me juntaba más, su aroma a dulce me alivió un poco. Seguido a esto tomó mi mano y le dio pequeños besitos hasta subir a mi antebrazo. Era una gata que me daba cariño, y esto no es metáfora, escuché su imitación a ronroneos. En su cara apareció una sonrisita burlona. Poco a poco fui dejándome llevar por su cariño. Al subir a mi cuello, mi cuerpo se estremeció, había dado en un punto sensible de mi cuerpo.
  La humedad crecía y era necesario responder a sus besos. En mi cabeza sonaba esa vocecita que decía: “no le hagas caso, tú eres hetero”. Todo iba demasiado bien, realmente demasiado, porque estuve a un instante de corresponder un beso; y era cuando, tal vez por inercia, su mano llegó a mi pierna derecha y subía con lentitud, mientras que la otra desabrochaba mi blusa. Fue entonces cuando vomité.
   Los arrumacos se terminaron de un tajo. Me volteo a ver con ojos de horror, como si hubiera cometido algún crimen. En sus manos escurría el líquido de mi estómago. El sofá, el piso, parte de su falda también fueron salpicados. De un impulso se levantó y me tomó de la blusa, me jaló hasta la puerta de su casa, caminaba a trompicones. Lo único que dijo al llegar fue “lárgate”. Afuera, la lluvia aún no se calmaba. Y yo no sabía qué hacer. Un taxi que iba pasando se detuvo, el taxista se apiadó de mi suerte para llevarme a mi casa. El vehículo travesó con dificultad las calles de agua y tierra.
   Había roto su peligrosa armonía, su insólita cadencia de objetos. No fue sólo el verter sobre ella el líquido de mis entrañas sino que también rompí con lo que hasta ahora llevaba construyendo. Con esa amalgama perfecta.
   Estuve por muchos días obsesionada con el recuerdo de aquella noche, con mi impertinencia, mi tontería. Porque, ¿quién, hoy en día, se detiene para ofrecer ayuda o su casa para sacarte de un embrollo? darte una mano en mitad de la noche, con la lluvia cayendo a cántaros. Por eso, pensé que lo conveniente o lo mínimo que podía hacer era pedirle disculpas. Anduve hasta su hogar. Las calles aún se notaban húmedas, ya que la lluvia continuaba por ratos. De lejos, la vi en su entrada, al parecer iba de salida. Llevaba un vestido amarillo, algo escotado y con el cabello pintado de rosa. Aunque había visto en el pasado chicas de vestimenta extraña y de raro comportamiento, ella reunía en sí misma todo lo notado en otras y más. Sé que me miró, por eso se hizo la desubicada, al notarlo quiso irse a prisa por la dirección opuesta de donde yo venía. Corrí para alcanzarla y lo logré.
  —Perdóname. No me fue mi intención, estaba mareada, el dolor en el vientre también influyó. No quise hacerte esto, por favor, oye lo que te digo. Por lo que hiciste, por  lo que hiciste por mí te considero una hermana del alma. Déjame libre de este recuerdo.
   Para mi sorpresa ella respondió diciéndome: me gustas. Te había estado siguiendo por semanas, aquella noche tuve mucha suerte en verte bajo esa condición.
   Quedé impactada ante semejantes palabras. Era yo quien iba a pedirle disculpas y al parecer ella era quien me las estaba dando. Surgieron preguntas en mi cabeza, ¿Cómo es que me seguía? ¿Y por cuánto tiempo? ella dijo que por semanas ¿realmente soy tan tonta? Estos datos resonaban poniéndome inquieta. Fue entonces cuando llegó su explicación.
  —Déjame dejarte el asunto lo más claro posible. Hace tiempo, caminando por la calle, te vi. Tú ibas del lado opuesto de la acera, llevabas un bolso negro; ibas de la mano de un hombre. Pero aunque estaban juntos noté la distancia que él imponía ante ti. Lo miré distraído, poniendo más atención a lo que sucedía en su cabeza que a ti.
  Por otro lado, cuando más cerca estabas mejor veía lo bella que eras. Las mujeres delgadas han tenido desde siempre mis atenciones. Llevabas un caminar de rubia. Una se fija en los detalles. Así, comencé a seguirte. Los primeros días fueron los más complicados, puesto que en la mayoría de las ocasiones estaba ese hombre odioso. Después, salías sola y con el bolso más ceñido a tu cuerpo, caminabas con desconfianza, mirando en todos rumbos. Con esto se pensaría que andabas más atenta, pero no, igual que aquel hombre no dabas con la realidad. En ti se manifestaba viendo a todos lados como si buscaras algo.
   Aquella noche, cuando nos encontramos, te seguía. Aún en medio de la lluvia te seguía. Mi corazón iba fuerte, tan fuerte al notar que ibas cerca de mi casa. El aguacero te atrapó para llevarte hasta mí.
  Seguido a esto sacó una rosa de su bolsa. La tenía algo aplastada pero aún guardaba su olor y su belleza.
   —Mira, la flor, a pesar de estar maltratada guarda el esplendor de su ser. Como si esperara a ser vista por última vez antes de morir. Te la obsequio.
   Entonces la vi acercarse cada vez más, sus labios, teñidos de rosa daban la impresión de ser chicles. Yo me hacía para atrás, apartándola. Sus largas uñas parecían que me alcanzaban. Parecía una araña que me jalaba con sus patas.
  Mira —Dijo, señalando un edificio— aquel es un hotel, vamos a pasarla bien. Yo invito. No tienes porqué sentirte incómoda. Si no te gusta sólo olvídalo y ya.
  Me tomó de la mano. Arriba un hombre se asomaba desde su ventana, nos vio entrar juntas, con las manos entrelazadas.


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Sobre el autor:

José de Jesús López Avendaño nace el 18 de abril de 1994 en la ciudad de Salina Cruz, Oaxaca. Es pasante de la Licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas (UNACH). 
Ha sido ganador del 2° concurso de cuento No oyes contar un cuento organizado por la UNACH. Obtuvo una mención honorífica en el II concurso Regional de Literatura: ApassionataHa publicado en diversas revistas literarias, entre las que destacan ÍcaroRetrúecanoMonolitoClaroscuro, Casa Negra/cineLetra SueltaFue coeditor de la revista literaria Claroscuro.
Sus textos han sido antologados en Memoria en blanco en 2018 y Apassionata: literatura motelera contemporánea en 2019.
Asistió a los talleres  de creación literaria de Eduardo Antonio Parra, Mauricio Molina, Liliana Blum, Mario Bojórquez, Glafira Rochay Renee Acosta. Fue becario para asistir al taller de literatura realizado en el marco del Festival Interfaz Signos en movimiento.
Asistió a las actividades académicas de los Coloquios Cervantinos Internacionales  XXV y XXVI . Fue participante en el festival cultural La hojarasca en sus ediciones II y IV.  
Cursó un diplomado en Creación literaria por parte del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).