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martes, 9 de enero de 2018

Música: Cinco álbumes para entender a David Bowie

MATHEUS KAR | 10 de enero, 2018


Photoshoot para el álbum HEROES.



     El 2016 nos trajo una catástrofe innecesaria pero inminente. David Robert Jones, mejor conocido como David Bowie, abandonaba este mundo a tan solo dos días de su cumpleaños 69 y el lanzamiento de Blackstar, su vigésimo quinto y último álbum de estudio. A dos años de su muerte, este planeta no acaba de acostumbrarse a su orfandad creativa. Cómo lo vamos a olvidar con semejante legado musical que nos dejó. Además, sigue siendo referencia para muchos artistas y músicos, por no decir del mundo en general. El tríptico de la música moderna tuvo el placer de coincidir en el mismo espacio: David Bowie, junto a Iggy Pop y Lou Reed transformaron el panorama musical de forma definitiva. Cabe destacar que fue DB quien produjo los mejores álbumes, según la crítica, de estos dos personajes: Transformer y Lust for life, respectivamente.

    Sin embargo, existen los que todavía no se han acercado a los álbumes fundamentales o los que no pasan de escuchar un recopilatorio de sus grandes éxitos, que la verdad no son poca cosa (algunos son box-set de 4 cd´s). La culpa no es de los individuos ni de esta generación tan light, sino de los sellos discográficos que últimamente se dedican a manufacturar grandes éxitos. Hoy en día, a cualquier artista ambicioso que intenta crear un producto de calidad, se le llama snob, pretencioso o esteta, como si crear arte fuera un crimen. Ya no hay cabida (aunque podría ser una exageración) para las escuchas lentas y reflexivas, para degustar un buen álbum en la soledad de la cama o de la habitación vacía. Otra punto que se pierde al ser un consumidor de éxitos es el concepto; DB es más que una colección de canciones, la mayoría de sus álbumes albergan una imagen, un mundo, un panorama musical hasta entonces poco explorado, hay un link argumental entre una canción y otra, cada álbum es una historia por sí misma. Pero mejor dejemos que sea el trabajo de DB el que hable.

The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars, lanzado en 1972, fue lo que se podría decir o señalar como un boom en la música occidental. ¿Un sujeto en mallas, poco masculino, haciendo rocanrol? Sí, David Bowie se jugó todo con ese álbum. Pero crédito a quien se lo merece, sin Mick Ronson (the lead guitar), ni Ziggy Stardust ni David Bowie habrían sido lo mismo. De qué va: Ziggy Stardust es un alienígena sexualmente ambiguo que viene a prevenirnos sobre la desaparición de nuestra cultura pero termina cediendo a las toxinas de la tierra. ¿Cómo lo hace? Con rocanrol. La colección de canciones supone una innovación. El Glam Rock toma a DB como su icono. Cabe resaltar que David Bowie es un gran reciclador, no a la manera de T. S. Eliot sino mejor, toma el sonido de The Velvelt Undergroud para afinar el álbum que lo catapultaría a la fama mundial, arrastrando consigo un fandom irracional y fiel a su alrededor. Por todo Londres, y en especial en sus conciertos, se podía observar a hombres y mujeres vestidos como el alienígena ese.  Incluso hoy, todavía se les puede ver, acechando, a la espera de su héroe.

Hunky Dory (1971) es una visión caleidoscópica del pop de la época. Por aquel entonces los Beatles acababan de romper y eran los rivales a superar. David Bowie, bastante a tono, sabe que debe guiar a su público hacia otro camino. ¿Han escuchado Life on mars?, la misma donde Bowie sale maquillado como cepillín? Deben escucharla, el álbum es bastante intimista, incluso le dedica tres canciones a tres personas: a Bob Dylan, a Andy Warhol y a su hermano. Se trata del cuarto álbum de Bowie, una mezcla de pop y folk. En esa época, algunas de sus canciones las solía donar a otros cantantes, pero Bowie, a la hora de llevarlas al estudio, a pesar de que él mismo se considera un mal interprete, les daba un toque totalmente nuevo, casi tántrico.


The Next Day  (2013) supone el regreso de Bowie después de  aproximadamente una década silenciosa, musicalmente hablando. Bowie y el productor Visconti trabajaron en secreto, sin el conocimiento de la prensa musical, junto al ingeniero Mario J. McNulty, grabando el álbum durante un periodo de dos años. Las sesiones de grabación fueron esporádicas, y Visconti, que tras la publicación de The Next Day se convirtió en el principal promotor del álbum, estimó que durante los tres primeros meses solo grabaron demos. Visconti recalcó que el álbum comenzó con una sesión que duró una semana:
«Sterling Campbell estaba en la batería, David en el teclado, Gerry Leonard en la guitarra. Al final del quinto día, habíamos grabado demos de una docena de canciones. Solo estructuras. Sin letras, sin melodías y con títulos temporales. Es así como empieza todo con él. Luego se las llevó a casa y no volvimos a saber de él durante cuatro meses» 
Al escuchar el álbum, uno podría pensar que el procedimiento fue de forma contraria, que primero se escribió la letra y después la música. A Bowie para ese entonces se le consideraba un cantautor veterano, incluso de segunda categoría. Con ese álbum confirma su leyenda y que todavía puede dar sorpresas al hacer música fresca en este nuevo siglo, tan fresca como Muse, Arctic Monkeys, Arcade Fire o Interpol, que, para decir la verdad, todos estos han confesado la influencia que Bowie ha tenido en su propia obra.

Young Americas (1975) es el noveno álbum de estudio de David Bowie y el que lo llevaría al estrellato en Norteamérica. Si bien sus anteriores álbumes habían sido un éxito en Europa, no había sido así en los E.E.U.U. Bowie mezcla las raíces de la música negra, el soul, con su talento iconoclasta británico y el resultado es este álbum, de él se desprenden los sencillos Young americans y el inolvidable Fame, versionado y utilizado hasta el cansancio, incluso aparece en el videojuego Grand Theft Auto. Este fue el adiós al Glam Rock y el inicio de su etapa más experimental. Esta de más decir que John Lennon colaboró en las sesiones del álbum, pero igual se vale. 
Low (1977). Era el tiempo en que Bowie se estaba convirtiendo en la próxima victima del rock. ROCK con mayúsculas. Estrella musical, actor, productor, cantante; Bowie acababa de terminar de filmar The Man Who Fell to Earth donde tuvo el papel protagonico, sino es que agónico. Predominan el sintetizador y la música ambiental (que Radiohead no les diga que no hay en este Bowie una clara influencia). Low por eso del perfil bajo, inspiración por eso de los "polvos mágicos". El álbum es grabado después de una etapa fuerte de adicción a la cocaína y de pasar una temporada en Berlín occidental junto a Iggy Pop, lugar donde se desintoxicó y adquirió una rutina puramente musical. Nuevamente Bowie toma ideas de otros para pasarlas por su filtro y, por supuesto, mejorarlas. Esta vez la víctima fue Brian Eno, que gustosamente colaboró en este álbum.

     Estos son los cinco álbumes de DB que podrían considerarse fundamentales. Esto no quiere decir que los demás no valgan la pena. Todavía quedan Alladin Sane, Station to Station, Diamond Dogs (trunca adpatación al teatro del clásico de Orwell 1984), "Heroes", Earthling, Blackstar, Heathen o Let´s Dance. Total son veinticinco trabajos, solo en el estudio, aparte están los Ep´s, grabaciones en directo, rarezas y recopilaciones. David Bowie da mucho de que hablar, pero, suponiendo que exista alguien a quien no le agrade su música, todavía quedan sus películas. 

*****


Matheus Kar (Guatemala, 1994). Fundador y miembro único del Colectivo Bartleby. Entre los reconocimientos destacan el II Certamen Nacional de Narrativa y Poesía "Canto de Golondrinas" 2015, el Premio Luis Cardoza y Aragón (2016), organizado en Antigua Guatemala, el Premio Editorial Universitaria "Manuel José Arce" (2016), el Premio Nacional de Poesía “Luz Méndez de la Vega” y Accésit del Premio Ipso Facto 2017. Su trabajo se dispersa en  antologías, revistas, fanzines y blogs de todo el radio. Ha publicado Asubhã (poesía; Editorial Universitaria, 2016).
                   


viernes, 30 de diciembre de 2016

Música: Seis álbumes que nos dejó (para siempre) el 2016

Por: Matheus Kar

Hablo de álbumes porque hablo de música. Hoy ya no se escuchan álbumes, hoy ya solo se escuchan sencillos o descargas o grandes éxitos. Es difícil que alguien le dedique una o dos horas a un álbum, a una recopilación con un sentido o tema único. Hoy trato de rescatar seis grandes álbumes que el 2016 nos ha dejado. Álbumes completos, unificados, con un tema que enlaza cada una de las canciones que los compone. Álbumes que, espero, le ganen el pulso al olvido.



Blackstark, de David Bowie


    Después de cuatro años de silencio discográfico (eso sí, sin contar los recopilatorios), Bowie lanza el ocho de enero Blackstar. Un álbum ambiguo, incluso sencillo. El hecho de que la portada fuera una estrella negra sobre un fondo blanco impresionó a muchos y decepcionó a bastantes otros. Pero en dos días todo puede cambiar. El diez de enero fallecería David Bowie, a menos de cuarentaiocho horas de que lanzará, sin que lo supiéramos, su última colección de canciones. Ahora todo parecía tener sentido: la estrella negra, las canciones Lazarus y Blackstar con ritmos de jazz. Ahora ya nadie ponía en duda la estética de Bowie. Hizo lo que siempre había hecho, visualizar el futuro, las posibilidades, poner un pie en la sombra, en lo inexplorado. Tal parece que Bowie rompió el silencio solo para adentrarse en uno más profundo. Menos mal tenemos sus álbumes, que ya rebasan los cincuenta. Bowie nos entregó una obra maestra, como el resto de sus piezas. Bowie, genio. Bowie, visionario. No nos alcanzará la vida para comprenderlo; cada vez que lograba ser bueno en algo, rápido lo abandonaba para aventurarse en otra cosa. Creo, después de tantos años de escucharlo, que a Bowie no hay que entenderlo: hay que disfrutarlo.



A Pool Shaped Moon, de Radiohead



    Si hay una banda a la que hay que darle el premio a la mejor música para ambientar ascensores, esa es Radiohead. Y estoy seguro que sería un premio serio y limpio en comparación con los Grammy o los Sony. Y es que muchas cosas buenas y sensatas suceden en estas pequeñas cajas que tienden a elevarse, los ascensores. En un ascensor podes dar tu primer beso, podes conocer al amor de tu vida (si es que lo hay), podes idear un modelo filosófico o rediseñar la tabla periódica de elementos. Dudo que estas cosas puedan darse con otros géneros. A veces no entiendo a los fans que piden más álbumes como el Pablo Honey o  el Ok Computer. Si alguien quiere escuchar otro álbum como esos, en lugar de haberse comprado una copia se hubiera comprado dos. Thom Yorke y compañía vuelven con un repertorio magnifico. Tal parece que la madurez les ha abordado en buen momento. El tempo de las canciones es lento como los años. La voz de Tom Yorke emerge entre la sinfonía de guitarras eléctricas y bajos para hacernos unas cuantas preguntas y después regresar a su oscuridad intermedia; luego nos queda esa melodía sinfónica, pensada para la introspección y la clarividencia. Porque qué es un álbum de Radiohead sino la superficie donde la consciencia se sumerge. Radiohead, de nuevo, nos regala un momento con nosotros mismos, alejados del ruido, del mundo que bien puede vivir sin nosotros por unas horas.



Skeleton tree, de Nick Cave & The Bad Seeds


   Grandes obras de arte han sido resultado del dolor y de la sublimación de este. Ahí tenemos el Blood on the Tracks, de Bob Dylan, y el Honestidad Brutal, de Andrés Calamaro. Cuando hace poco leí que el hijo de Nick Cave había muerto, lo primero que pensé, en mi morbosidad humana, es que de seguro se venía un gran álbum. Pero no fue así, y tampoco me decepciona. Nick hizo del dolor, si es que se le puede rastrear, un arquetipo y lo plasmó en ese bello y obscuro álbum que es Skeleton Tree. Según parece, los artistas más inteligentes se están dedicando, sin siquiera ponerse de acuerdo, a fabricar, como el artesano, álbumes intimistas y cantados al oído, contrario a todo ese ruido que se produce, como en las maquilas, en grandes compañías multinacionales. El ideal de todo artista es arrastrar a su público hasta su consciencia, por muy obscura que esta esté. Nick Cave lo ha logrado y no pide reconocimientos. Es un insulto y una obviedad darle un aplauso por algo que siempre se propuso. Igual, yo lo hago.




You Want It Darker, de Leonard Cohen



   Más cerca del spoken word que de los escenarios, Leonard Cohen alcanza el canto del pájaro y el sol abrasador de la mañana. Leonard Cohen se alza sobre la música y su figura, ya inminente, es cálida incluso cuando es fría. Su voz añejada es un vino destilado con sabiduría en los oídos de su público. Lo escucho y lo siento. Lo oigo y lo veo.  Leonard no es de los que graba álbumes para ambientarlos en escenarios o en bocinas. No, Leonard se encierra en tu habitación, saca su guitarra y te suelta su mejor repertorio, que no es poco. Lástima que se fue y que ya no hará más canciones, que ya son muchas pero no suficientes. Leonard, profeta y amigo, bohemio de lo ignoto en temas que ya conocemos pero que no nos atrevemos a ver desde otro punto de vista. Cohen revisita la oscuridad, ese tema que tejió y destejió tantas veces y en el que ahora se ha perdido, no sin un mapa, no sin una luz; espero, como esperan muchos, que todo eso que nos muestra en sus canciones también le sirva en el más allá, que tan cercano tenemos en sus letras.



Post Pop Depression, de Iggy Pop



    Para empezar, ¿qué es Iggy Pop? Iggy Pop es lo que David Bowie rescató un día setentero entre la basura de las drogas para después llevárselo a Berlín y grabar dos de los más grandes álbumes que se pudieron producir el siglo pasado (Lust for Life y The Idiot). De ahí Pop hizo, o está haciendo, una carrera magnifica. Post Pop Depression es el resultado de la unión entre el batería de la banda británica Arctic Monkeys, Matt Helders, el bajista y teclista Dean Fertita, el fundador del grupo de rock Queen of the Stone Age, Josh Homme, y esa leyenda que es Iggy Pop. El álbum roza los mejores años de influencia que Bowie pudo tener sobre Pop, desentrañando temas como el sexo y la muerte, con letras llenas de rabia y elegancia. ¿Punk, rock de garaje, música alternativa? Qué importa: es Iggy Pop y nada más. El mensaje es claro: el rock está vivo y no está viejo, está naciendo alto y fuerte entre un montón de florecitas millennials de talento arrugado.



Volumen 11, de Andrés Calamaro



    El Volumen 11 trae 19 cortes. Y digo cortes porque cuando hablamos de Calamaro,  nuestro Salmón, hablamos de heridas. Esta vez Calamaro deja de cantarle a su tristeza y decide cantarle a una tristeza más grande: la nuestra. Más social, más extrovertido (que estoy seguro le resulta un gran esfuerzo), el Salmón regresa con una nueva colección de canciones, reciclando los géneros a los que ya ha dedicado tantos álbumes (blues, tango, soul, rock), rehaciendo los esquemas que ya muchas veces ha deshecho. Si hay algo de Calamaro que me gusta, es que nunca se repite. Bien pudo volver a hacer Alta Suciedad una y mil veces. Honestidad Brutal otras dos mil. Pero no, Calamaro piensa en su público y en la música y les da diversidad. Cualquiera que escuchara el Volumen 11 pensaría que son unas maquetas o un recopilatorio de material inédito que no pasó de la primera toma. Todo lo contrario, Calamaro, al igual que Picasso, va reduciendo la forma y acrecentando el estilo, para, de forma sencilla, entregarnos las semillas del árbol que puede llegar a crecer en nosotros. Recuerden que una obra de arte jamás nos llegará a decir lo que el artista piensa sino lo que realmente la obra dice.



Sobre el autor:


Matheus Kar (Guatemala, 1994), ha sido nombrado mención honorifica en el certamen Mi ciudad en 100 palabras, que organizó la municipalidad de Guatemala en 2014. Colabora en el evento literario Poetry Slam Guatemala. Formó parte del evento multidisciplinario Off Virtual Test.  Ganó el II Certamen Nacional de Narrativa y Poesía "Canto de Golondrinas" 2015. Mención honorifica en el certamen Cantos de Trova (2015). Premio Luis Cardoza y Aragón (2016), organizado en Antigua Guatemala. Premio Editorial Universitaria "Manuel José Arce" (2016). Ha formado parte de las antologías Frente al Silencio (Palo de Hormigo, 2014), Si la sangre fuera Ambrosía (Los Zopilotes, 2016), Cuentos Bien Trulis (Chuleta de Cerdo, 2016). Ha publicado Asubhã (poesía; Editorial Universitaria, 2016).