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lunes, 23 de septiembre de 2019

Entremeses Culturales V: Albert Camus y la carretera de la muerte

Por: Arisbeth




En Francia, en el kilómetro 88.4 entre Pont-sur-Yonne y París, sufriría su último accidente el excepcional escritor Albert Camus.

Lo curioso del caso es que no solamente estamos hablando de un percance aislado, sino de uno de muchos ocurridos en una carretera de primer mundo, impecablemente construida, ancha, rectilínea y bordeada de árboles a ambos lados; por lo que nadie se explicaba cómo era que precisamente en ese tramo los autos se salían de la calzada para finalmente estrellarse contra un árbol o contra los acotamientos, como sucedió con el autor de El Extranjero.

Con tan escaso peligro aparente, la gente atribuyó a dicha autopista un misterioso maleficio: demonios adversos se recreaban repitiendo una y otra vez aquellas desgracias, porque al parecer buscaban almas para conducirlas hacia el infierno.

Y así parecía hasta que la justificación vino dada por el doctor Marcel Lapipe, de la Academia de Medicina Francesa, formulada así: Todo sujeto que recibe en los ojos diez destellos de luz por segundo, entra en crisis si esta predispuesto a la epilepsia o a alguna enfermedad semejante.

Así las cosas, cuando el sol se oculta tras la hilera de árboles de esta carretera, un automovilista que ruede a 120 kilómetros por hora, dado el juego de luz y sombra entre los troncos y los ojos, recibe, efectivamente, diez destellos de luz por segundo; siendo entonces esta la causa del supuestamente inexplicable (y absurdo) accidente de Camus
—que en efecto, estaba predispuesto a la epilepsia y circulaba a una velocidad semejante— y de muchos otros individuos más que sufrieron percances fatales en ese lugar y que popularmente fueron atribuidos a terribles fuerzas del mal.



lunes, 15 de abril de 2019

Entremeses Culturales IV: Londres 1938, Freud y Dalí: el encuentro.

Por:  Helena Zirót





Un 19 de julio de 1938, en Elsworthy Road, Londres, Salvador Dalí tuvo un encuentro único con Sigmund Freud, quien tres días antes había concluido el último capítulo de su ensayo antropológico-social Moisés y el Monoteísmo

Según nos narra Dalí en sus Memorias (1952/1964), fue el escritor Stefan Zweig quien posibilitó el encuentro con el psicoanalista vienés. Durante el mismo, el pintor se esforzó enormemente por impresionarlo, hablándole con pasión sobre sus propios escritos e invitándolo a leerlos. Por su parte, Freud, sin pronunciar palabra ni inmutarse en lo absoluto por tanta verborrea, lo observó atentamente todo el tiempo que duró la entrevista, escudriñándolo fijamente bajo la férrea mirada de su lupa analítica. Finalmente, mientras transcurría el despido, pronunció una sola frase que quedaría grabada por siempre en la mente del artista catalán: ¡Nunca había conocido a tan perfecto prototipo de español... Vaya fanático!. Y en cuanto a Dalí, la experiencia tuvo como producto un dibujo hecho al carbón que pretendía hacerle llegar a través de Zweig: El retrato de Freud, en el cual su cabeza evoca la forma de un caracol de Borgoña.

Casi dieciocho años después (11 de mayo de 1956, según fecha indicada en su diario íntimo), Dalí se sintió muy ansioso por saber cuál había sido la reacción de Freud y su opinión sobre el dibujo, por lo que vía epistolar insistió mucho a Zweig para que le transmitiera (si es que había existido) algún comentario al respecto. La respuesta nunca llegó. Sin embargo, cuatro meses después, por fin pudo encontrarse con él en Nueva York, y tras ser tercamemente cuestionado sobre el tema apenas dijo un esquivo le gustó mucho. Sin abundar en mayores detalles, desvió la conversación y pasó a otro tema para perplejidad del surrealista, que acaso esperaba otra cosa.

Luego del suicidio de Stephan Zweig en Brasil y leer el final de su obra póstuma El mundo del mañana, el pintor pudo comprender lo que en realidad había ocurrido con el retrato. Esto es que Zweig nunca se atrevió a mostrerlo al inventor del psicoanálisis por temor a sobresaltarlo, ya  que de alguna manera presagiaba su inminente muerte. Y así fue, pues un año después del mítico encuentro (el 23 de septiembre de 1939, para ser más exactos) fallecería en su casa de Londres víctima de un cáncer muy avanzado asistido por su médico de cabecera Max Schur, quien finalmente cumplía una promesa contraída tiempo atrás. Por otra parte, Stefan Zweig y Ernst Jones serían los únicos oradores durante los funerales, lo cual atestiguaría la entrañable amistad entre Freud y el escritor haciendo aún mas entendible el porqué del ocultamiento del dibujo de Dalí.

Parece ser —diría posteriormente el pintor en su diario intimo—, que sin darme cuenta dibujé la muerte terrestre de Freud en ese retrato al carbón que hice un año antes de que muriera.

Como dato curioso, finalmente diremos que, tal vez a manera de tributo involuntario, el pintor catalán realizaría a través de su vida otros dibujos más con la imagen de Sigmund Freud. No obstante, jamás volvió a esbozarle la cabeza con ese aire acaracolado que tuvo la representación primaria.



martes, 15 de enero de 2019

Entremeses Culturales III: El beso y el precipicio

Por: Arisbeth

Realizado entre 1907-08, Der Kuss (El Beso), pintado con óleo y pan de oro, es probablemente la obra más conocida de Gustav Klimt. Lo que en ella vemos parece evidente: una pareja arrodillada que se abraza en un campo repleto de flores.

Es evidente que Der Kuss representa el ingreso a la época moderna, en donde el concepto del erotismo comienza a germinar en el arte y en la sociedad. También, que Klimt lo realizó inspirándose en los fondos pintados con oro de los cuadros y acabados de la Iglesia de San Vitale en Italia. No obstante, en su simbolismo hay algo que comúnmente pasa desapercibido: mientras que el fondo del cuadro da la sensación de atemporalidad creando a su vez la ilusión que los amantes están flotando en un espacio dorado, por detrás de ellos el campo acaba abruptamente. Hay un desfiladero y la mujer parece aferrarse con los pies a la tierra para evitar caer. Es como si intentara apartarse del abismo mientras la figura masculina sutilmente la empuja hacia él.

Recordemos que el movimiento simbolista manejado por
la corriente art nouveau pretendía introducir mensajes ocultos en cada una de las pinturas, y Der Kuss no es la excepción. Según piensan los psicoanalistas, Jaques Lacan entre ellos, la posición forzada de la pareja simboliza una relación peligrosa que tiende al precipicio. La mujer no puede escapar, pues está atrapada entre el hombre que le toma la cara para besarla y el abismo a su espalda. La cara de él está escondida, mientras que la de ella permanece impasible: no sonríe ni muestra emociones. Cierra los ojos para no ver a su pareja. En este sentido, los amantes representarían la conexión de energías opuestas, en donde el hombre muestra su fuerza y la mujer trata de contrarrestarla con una aparente resignación que se retroalimenta de la Tierra a través de los hilos de flores saliendo de sus pies, contraídos y en tensión. La ropa de cada uno está acorde con este simbolismo: cuadrados y rectángulos para el hombre, círculos para la mujer.

Otras interpretaciones más recientes del lienzo dicen que
Der Kuss representa el momento en el que el dios griego Apolo besa a la ninfa Dafne, que para huir de él y evitar ser violada se transforma en laurel. Esta perspectiva, apoyada más en la literatura, da un sentido a esta obra de Klimt en un contexto iconográfico, no sólo metafórico, de la historia del arte.

Der Kuss es sin duda una de las pinturas más famosas del mundo y por lo mismo seguirá haciendo correr mucha tinta. Mide 1.8 metros de alto por 1.8 metros de largo y se encuentra actualmente en la Galería Belvedere del Palacio de Belvedere en Viena, Austria.


Autor:Gustav Klimt, 1907-8
Técnica: Óleo sobre tela
Estilo: Simbolismo
Tamaño: 180 cm × 180 cm
Localización:    Österreichische Galerie Belvedere


jueves, 1 de noviembre de 2018

Entremeses Culturales II: José Guadalupe Posada

Por: Arisbeth


José Guadalupe Posada (1852-1913) fue un extraordinario grabador, ilustrador y dibujante mexicano que definió el futuro del arte mexicano retratando la vida en el país durante la Revolución con un corrosivo humor ácido. Entre hambrunas, epidemias y luchas por el poder, este artista logró plasmar su particular visión de México. Un México en el que, tristemente, lo cotidiano y la muerte estaban demasiado cerca.

Sus ideas progresistas lo llevaron a sendas cada vez más críticas que incluían bocetos satíricos que elaboraban una crónica de la vida mexicana de la época o ponían de relieve el sufrimiento de su pueblo bajo el yugo de los grandes terratenientes y caciques, que corrompían la vida política. Y por eso José Guadalupe Posada no caía bien a los poderosos, que lo metieron en la cárcel en más de una ocasión para intentar acallar su voz
—o su mano creadora—. Durante su vida hizo más de 20.000 grabados que podrían clasificarse como expresionistas, en tanto que recrean con extraordinaria imaginación, gran sentido humorístico y profunda capacidad crítica las lacras, miserias y prejuicios de la realidad social y política de su época.

Su obra abarca múltiples temas, entre los que cabría destacar las célebres calaveras o imágenes de ultratumba. La más célebre de estas imágenes no es otra que La Catrina, originalmente llamada La Calavera Garbancera. Y es una genial historia, puesto que Garbancera es la palabra con la que se conocía entonces a las personas que teniendo sangre indígena fingían ser europeos para darse aires porque, en aquél entonces, ser europeo era lo más cool que podía haber.


Originalmente, Posada creó este esqueleto adornado con un sombrero con plumas para satirizar las pretensiones de las mujeres de la clase alta mexicana. Como era de suponerse no se hizo famosa instantáneamente, sino hasta que Diego Rivera la bautizó como La Catrina en su obra Sueño de una tarde dominical en la alameda central. A partir de esta representación, la Catrina tomó fuerza como personaje para el Día de Muertos que se celebra en todo el país y a la cual se le hace relación directa con la burla y la sátira, en donde el mexicano se distingue del folclore por su fiesta y juego hacia el personaje que remite a la muerte, pero también al misticismo.

Como un último apunte, hay que decir que Posada basó su idea de retratar la sociedad como esqueletos vivientes tanto en la cultura milenaria mexicana, como en un género artístico del medievo que trajeron los españoles a México: La Danza Macabra. El tema de estas obras era que la muerte era universal y llegaba para todos sin importar la clase social, la edad o la riqueza.



domingo, 12 de agosto de 2018

Entremeses Culturales I: El cubismo

Por: Daphy

El cubismo como género pictórico derivó su nombre de una observación derogatoria que Henri Matisse (1869-1965) hace con referencia a un cuadro de Georges Braque intitulado Mujer con mandolina, inspirado a su vez en una obra de Camille Corot.

Al observarlo, Matisse exclamó que el paisaje parecía como si estuviera formado completamente por pequeños cubos.


Artista: Georges Braque (1882-1963)
Tamaño: 1.3 m x 97 cm
Material: Pintura al aceite
Fecha de creación: 1910